A qué viejos tiempos regresamos, cuán, cuán arraigados: supuraba la violencia del descubrimiento presentido, y he aquí vuelto en la forma del no-uno, de la Tercera Persona (¡jamás sabida!), el Otro de la triangularidad girardiana, en el fondo padre también de la mimética religiosa de quien descubre el otro Amor. El Gran Amor Bondadoso (y la Gran Compasión) que atraviesan al Tercero (nacimiento, envejecimiento, enfermedad, muerte). ¡Inmensa la conmiseración, la ecuanimidad, desvelado el objeto tras del lustre, el Otro, lo Variado, lo Distinto, desempolvado de los viejos tiempos, a los que se regresa…! A los que no supiera por qué había regresado.
Tras del grito, tras de la sonrisa, tras del aforismo, la cruda realidad del no-uno: el malo es el que es distinto de sí mismo: bienvenida dada, de vuelta, a la maldad. La maldad no se soporta en sí misma. Y como la proliferación parece exigir al otro, la maldad toma el mundo. La maldad/ignorancia del apego extraordinario, y la tristeza del Tercero (uno) que cristaliza en la más pura confusión, en el puro mimetismo de la maldad prístina. He de ti transferida a mí como el fuego de Prometeo, mas el envite queda superado (nacimiento, envejecimiento, enfermedad, muerte) y ante la no paciencia, mas sí el Gran Amor Bondadoso (y la Gran Compasión) me pudro en el sufrimiento de quien nace, envejece, enferma y muere, a saber, la relación misma; la oración aprovecha la llama, tal de tornarla en oportunidad, puedan todos los seres tener la felicidad y las causas de la felicidad, estar libres del sufrimiento y sus causas…
Entonces surge no La Guerra, sino Esta Guerra, ese señor de hoy, el que habla como yo, el que siente como yo, ama como yo, y pienso en las vigas del lugar que te dije: «No llores como una mujer lo que no supiste defender como un hombre». El sufrimiento-cabeza se transfiere como fuego, como deseo, todo es mímesis retroreflejada, el cristal allí, aquí, en ti, en sí… Lo uno no se sostiene. Mis más sinceros ánimos. De verdad. Solo queda rezar por todas las gentes, vosotras.
25/10/2021
El dirigido gremio azulado
XV. AÚN MÁS TERRIBLE POEMA A UNA VÍCTIMA, QUE JAMÁS CONOCÍ NI CONOCERÉ, DE CIERTA MUDABLE ROSA
No.
No puede ser que tú también,
otrora gustando los frutos del vergel,
ideal enemigo de mis sombras,
eterno repetidor del ¿otra vez?,
caigas fulminado
en el pozo de esta discordia.
No.
No puede ser que tú también,
fantasma telúrico de la flor,
afortunada corriente:
vividor paradisíaco
de los perfumes del ardor;
dotado tú,
de las alas de la pretensión,
hayas caído rendido
ante el rosado trono
de esta consumación.
No.
Me niego a aceptar que tú,
amigo encadenado,
como el Sol,
por un deseo,
bebas de las mismas miserias
de las que lo hago yo.
No.
Me niego a aceptar que tú,
como un triste ángel caído,
te arrastres conmigo en las mazmorras
en vez del metálico golpe,
y a cambio de la celestial admisión.
No.
Me niego a llorar junto a ti,
extraño,
hasta que conozcas también
mi futuro dolor,
que llegará tras la Luna perdida:
el apocalipsis de la eterna inacción...
. . .
(¡!)
. . .
(¿En qué sentido trascienda al escritor su escrito importa, cual importara al Buda la cosecha de sus semillas? De Irán a Armenia hay ese trecho que me lleva a esas palabras que te asocio, flores, mariposas, como me gustara entonces, donde el pan y el juego. Pero, ¿Luna? ¿Qué hay? ¿Hay el Karma del enterrado, en qué creer el aburrido, meditemos, no queramos fluyen las aguas fluya fluya no puede fluir lo Otro?).
(En nuestra vida son pocas las personas que realmente llegamos a conocer siquiera un poco. Solo a las personas que elegimos en las cuatro etapas, el azar del apego, la selección mimética del sufrimiento: parece que queremos sufrir subyugándonos a la psicología del congénere, liguémonos a ella, ¡parece tan correcto el comenzar a vomitar aquí en la Avenida el flujo de la mente del paréntesis a saber la tuya no es sino tuya la mía un espejo de tu pasión!).



