Me angustia pensar que jamás pueda hacer uso en vigilia de esa herramienta que, durante el sueño, tan útil es para disipar las brumas que lo caracterizan, poniéndole fin, allá cuando este no da más de sí. Es aquel sueño del que, por lo que sea, en un momento dado decidimos salir; faltos de capacidad mental suficiente para reconducirlo según los designios de nuestra vida consciente, pero dotados de la suficiente como para comprender que tal escape existe, y que es solo cuestión de abofetearse mentalmente a uno mismo un instante para evocarlo: en un cerrar y abrir de ojos, allá está uno de nuevo, deyecto a la vigilia, sin haberlo tampoco pretendido con fuerza. Resulta el mundo una sorpresa, algo con lo que no contábamos. Ciertamente, en momentos así no piensa uno que la muerte pueda ser cosa distinta del silencio más absoluto; y tampoco debe importarle demasiado.
De día, intento apelar al mismo poder. Recuerdo exactamente cómo hacerlo. Se trata solo de presionar un poco ambas sienes, quizás algo también los ojos; todo cambia. Sin embargo, ahora no funciona. Siempre parece que lo va a hacer, que uno va a despertar de un eterno letargo. Además, que va a hacerlo en un espacio muy distinto: pudiera ser que de inmensa comodidad, casi entre plumas, en el paraíso, rodeado de personas extraordinariamente cariñosas (nunca uno mismo solo); quizás en un infierno, una guerra, o algo así. Pero, sin duda, un lugar distinto. Un lugar percibido como más real que el sueño tan extraordinariamente arbitrario de uno mismo. Imagino también que en ese mundo podré hacer lo mismo si me siento disconforme; y, así, saltar de un mundo a otro, como por otro lado nos ha inducido a creer en su posibilidad todo dispositivo digital contemporáneo. De algunas de sus funciones, como el «volver atrás», parece extrañísimo no poder lograr su emulación en todo lo demás…
Como digo, siempre parece que va a funcionar, pues no es muy distinto el soñar del vivir diario de una persona; comparten dispersión, gratuidad y somnolencia. No pareciera existir tal cisma. Nunca. Y, sin embargo, existe: inexplicablemente existe, y uno, en haciéndolo, se da cuenta de que el intento es fútil y ridículo. Yo no lo llamaría un intento de suicidio, a la manera como la llamada a este poder en el sueño no se siente una opción desesperada, a excepción de en casos muy puntuales; no es un deseo de cesar el espectáculo, sino simplemente pasar a uno nuevo. De nuevo, hacer zapping, o un continuous scroll; la opción natural. Al no funcionar, quizás haya, de hecho, la forma de hacer el continuous scroll… ¡está cerca, muy cerca! De ahí, la mañana solo puede ir a peor. Y el día, atado a su ridiculez.
Estos pareceres se exacerban cuando, además, es permisible a uno el lujo de investigar sobre temas diversos, tan diversos como los que al hombre han podido concernir en algún estadio de su historia; se adapta, al menos, así, uno al deseo de metamorfosearse en todo tipo de roles. Vivir cuantas vidas le sean posible. En cierto sentido me es así. No tanto como quisiera, sin duda, pero sí lo suficiente como para no sentir tan de frente esa «arbitrariedad». De nuevo: uno escuda la arbitrariedad de lo existente con el cambio y el chequeo de todas las posibilidades. De esa suerte parece emerger una especie de «necesidad» del caos estrictamente contingente de la casuística vital: el todo, mezclado, la multi-perspectiva, que deja de significar nada en absoluto, toma el control de la inclinación metafísica de uno mismo. En frío, sigue resultando absurdo, pero desde dentro se contempla como una amplitud de miras que, precisamente, acalla el vacío de tal absurdo. Ya que no funciona cambiar, usamos como proxy un dispositivo, ya tecnológico, ya intelectual. No son muy diferentes.
En estas he encontrádome ¡no sé yo desde cuándo! Dudo que pueda escapar. Y, sin embargo, todo trabajo, toda forma de supervivencia, toda disposición que pueda resultar de utilidad al grupo, exige tal escape. Escape del escape, precisamente. Vivir de lleno en la ficción arbitraria. Ciertamente, es creativa la forma de abordar el problema del ser humano; busca cualquier cosa para no matarse. Lo entiendo. Lo valoro. No sé si yo podría. Pero lo cierto es que la presión es extrema, se va tornando en tal con el paso de los años. Y entonces, yo solo puedo pensar en la presión, sí, mas sobre la sien… ¡No se malentienda! Es solo el zapping de la TV.




