Estadística

La mente, otrora surfeando siempre las olas de lo absurdo, summum suyo, ya la física, ya la biología, desciende ahora, y este ahora significa meses, hasta el valle de lo que, en esencia, parece suponer el espectáculo: la sabiduría del resignado. 450. Siempre es música, extraña esencia de aquello que une al ladrillo y al hombre; es la carne, que lo une a uno con su finitud, o el ladrillo; y es el bailar al son de los números, ladrillos ellos en sí mismos. Así tornados, los de entonces cristales africanos que remataran la vista del que se ciñera a la superficie, hoy vienen a invitar a la hendidura extrema, donde, en mi caso, veo que música, carne y números legan al camino dorado: ora, donde haya volatilidad, labora, donde haya rentabilidad. 3650.

6700. Orar no frente a astro alguno, ya no se es dueño de los trabajos y los días, pero frente al enjambre pajizo de repeticiones y series numéricas; cuanto la súplica de la no llamada al margen, imperio espectacular, menudez, empero, con inexistente talante dramático ante la sinfonía de aquellos sitios. 772. El valle, que yo siento tan cercano, contrasta con la altura de los ladrillos derrumbados ante la mirada de allá arriba, en el sitio, orar frente a las ojivas. Estadística de uno; otro espejo, otro cristalcito africano, no la Luna, no la superficie, sino el esclavo, precisamente, del que tornando al otro en número, sucumbió a su cifra él mismo.



Una cosa es el espectáculo. Otra cosa es la ciencia. En algo convergen: el número. El número es lo espectacular. El número es el espectáculo. 270. El espectáculo que uno se ofrece a sí mismo, cuando el brillo del espejo, del mar, el mismo cielo del sitio, la misma Luna que en África, lo ciega a uno, para refugiarse en el ladrillo, ya no hay ventana; el espectáculo que queda, del juego, del onanismo numérico, que no juzga… Las matemáticas, la masturbación, los videojuegos, el trading y el éxito tienen en común el mismo afán de penetrar en lo pseudo-performático desde adentro: lejos del espectador, se torna en performer. Performance simulada, no se le acerca, pero gana en opciones. Situacionismo estadístico-capitalista.

El control no es genuino; al performer se le va de las manos. El personal-fascismo es la estetización del personal-absurdo: la estética acaba con la ética. Aflora la tentación de la milicia, de la pornografía, del expolio al desgraciado, por mor del espectáculo, que se olvida de su condición e inunda el orar del otro. 50000. Gaza-iPhone, YouDies.


Sigan simulando. 0.

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