Si hubiera tal cosa como el lagrangiano del estado mental, dijéramos que equivale a la conservación de la función energía H si y solo si proviene de una fuente invariante, a saber, si es autosuficiente e independiente del tiempo. Dentro del marco no inercial rotatorio de Samsara, la función H resulta de utilidad como diagnóstico relativo: existe la constante que nos relaciona con nuestro pasado, y de ella desprendemos el dato presente, pero en una deducción cíclica en la que ciertamente falta parte de la información. No tenemos todo el control. Pero tenemos cierto control. Donde antes había la necesidad de reconocimiento, de destaque (la academia es la gran ficción eterna), de especialidad, de superdotación, se heredan el aspecto de posesión (dinero, títulos, personas) en el contexto incierto de la juventud anti-AGI. En el avance tecnológico (agitación del sistema para mantener la velocidad angular) se contempla sin embargo una ley de conservación fatal: en diez y hace diez años, la silla, la mesa, la escritura.
La escleronomía de las condiciones, empero, o «fase cueva» –llámesele apagón, llámesele renuncia a lo pornográfico de lo mediado (y no mediado, sea la función implícita despejada)–, se torna en condición indispensable para el control pleno del sistema: el sistema hermoso, el sistema sin roces, el sistema puro: Anapanasati, la madre de las conservaciones. Hete aquí que preservamos el experimento mental ideal del sistema pluscuamperfecto, lugar de trabajo que, precisamente, permite la generalización a Jacobi.
Pensemos en la escleronomía sin la condición de constancia del lagrangiano respecto del tiempo. En ese caso, tenemos Anapanasati, pero Anapanasati no se retroalimenta: la mente misma es el problema. El juego entre cualidad intrínseca y ligaduras es análoga al juego entre el Yo y Ellos, Ellos (yo mismo, no hubo ética), montaña móvil z=vsen(t). No esperes la dilatación. Pedimos demasiado poco: pedimos un buen gesto, una buena palabra, una buena mirada, un no ignorar, en lugar de pedir que de verdad confíes en que la persona de delante es como el Buda, i.e., en el mundo entero el lagrangiano es autosuficiente, i.e., escleronomía. La física es menos contingente que el humano. La consideración esclerótica del otro ser humano es cuestión de perspectiva. Así pues:
- No hablar mal de otras personas. Siempre actuar como si estuvieran delante. Ser descriptivo (verbos, sustantivos), no judicial.
- No usar palabras malsonantes ni gritar.
- Tratar a la otra persona como al Buda.
- Bis das si cito das.
- No decir nada que se sepa falso (incluye exagerar, presumir, utilizar un estilo alambicado y barroco para confundir).
- Ser económico con el verbo.



