Era de entre los muros cuatro, blancos, cómo no; formulábase él la pregunta donde ella en su colchón, papeles desgajados de dos. Por el instante de una inyección surgiera por sí la rayita tan fina, puerta, oscura, cómo no.
¿Hay pomo?, vuelve él. Desgajados dos, ¿desgajada ella?, papelito a la sazón blanco, dato 2023.
¿Hay…? Pesa. La puerta pesa. Y viene a tropezar: el crisol de la mente, líneas paralelas, todas sobre la pobre; direcciones una, dícese del espacio proyectivo, dato 2023.
¿Desg…? ¿O en qué lugar? No sábelo de la muerte; no sábelo del artificio pálido, ¡cómo va a saberlo desg…! La bata, a la sazón papelito, ¿algo desg…? Formulábase la misma: ella, suave en apariencia, áspera al tacto, rayita tornada en espacio. Sonríe. Algo llega de la luz de la sotana.
¿Dónde están?
Sonríe.
Hay de seductor en el que vive en las antípodas; algo. Pruebe el viaje. Vea cuanto hay. Regrese. Puede regresar. Tome el tren. Solo es ponerse su cavernita de luciérnaga, o rutina.
Ella no regresa. Jugo de cereza bajo el labio. Portal ¿dónde están? formúlase Portal capitalista. Conoce del muro blanco la foto verdusca, la asepsia del musgo, ruido digital; piano digital no es distinto al jugo, papelito manchado, no verdusco, siempre labio. Define el camino pianissimo.
Son… pero no ríe, niñita, niñito; pero niñita, tu padre no volverá. Un médico se lo ha recetado. Tu escudo: el padre muere, para que puedas vivir. Sirve al pensador, al que, tentado por su autocontrol, habla de «la minoría». Nadie es responsable mientras duerme. Solo mata. El médico se lo ha recetado. Matar.
A diferencia de la guerra, te encuentras aquí, entre mis brazos. Algo hay. El absolutamente otro. La venta de la religión en masa. Y unos hijos de puta. Unos increíbles hijos de la gran puta.
Sonríe. Otra. No puedo. Los gritos son insoportables. El mundo no entiende del arte: el arte es la mayor justificación del sufrimiento; limpio.
Para este alivio te han preparado. Para esto Dios forjó el mundo. Gíralo. Déjala. Vuelve. Repose en las blanquísimas cimas, en las cumbres gemelas de la Luna. Afuera. Donde la piedra del portal. Se apaga. Plástico. Tumba. Hace un año. Hace dos años. En octubre. El muerto. La viva. Ya nadie te recordará. No hay vida. O quizás solo así pudiera haberla… Benz.
La droga siempre fue y será la mejor metáfora del tiempo. El retrato óptimo de nuestra mayor enfermedad: nuestra disolución, nosotros mismos. El tránsito de la fábrica a la morgue, mera alucinación, mero sueño. Y acompáñeme. Acompáñese al teatro de su espectro. Tome la sotana.
El brillo del camino, siempre a la vuelta de la esquina de lo tan áspero, de atavismos que sin embargo hacen del hombre su figura arqueada, hermoso despertar de sí mismo, lugares de un Nuevo Mundo. La flor del Loto. Berlín.
. . .
. . .




