Introducción
Hay días que uno tiene talante de diatriba. Y aunque flaco favor me hace a mí el hecho de meterme además con mucha gente, meter a muchas personas en ese rango de la diatriba, vamos allá, porque lo que está ocurriendo con ciertos intelectuales de la arena pública con respecto a la inteligencia artificial, me gustaría decir que no tiene nombre, pero muy a mi pesar, tiene uno muy claro. Pereza.
Mientras fuera individual, no hay cosa a la que tenga más derecho un intelectual que a la pereza. Y es fantástico que el ser humano tenga derecho a la pereza, es maravilloso. Pero ya digo, cuando se trata de algo estrictamente individual, porque en el momento en el cual tu pereza se inocula en el discurso, de tal forma que ese discurso, que es el motor del obrar de muchas otras personas, ha sido movido ese motor por la pereza tuya de no haber querido esforzarte en hacer un discurso que tenga sentido y del cual no estás evaluando sus consecuencias, entonces esa pereza se convierte en negligencia. La negligencia de causar muchos males afuera, simplemente por la pereza intelectual de haberse querido dedicar a una cosa y no a otra, y justificar, por medio de la buena sofística, que en eso el intelectual es experto, esa decisión que en realidad solamente se amparaba en su derecho a la pereza.
Luego justificaré por qué estoy tan tremendista con respecto a este tema, para el cual no lo tenga claro, que no es naturalmente obvio. De manera que antes, sin embargo, vamos a pararnos en este aspecto de pereza, a ver a qué me refiero exactamente con ello, y ya después sacamos de ahí las consecuencias que llevan a esa negligencia, que desde mi punto de vista, es de lo peor que está ocurriendo ahora mismo.
Y no es algo de extrañar, como naturalmente, la crítica al intelectual es la crítica por antonomasia, prácticamente, porque los que más saben criticar son los intelectuales y critican a otros intelectuales. Entonces, esto naturalmente no es algo nuevo, pero dado que se enfoca en una cuestión que me parece de extrema actualidad, vamos a incidir en ello, por si acaso algún día, si muchas personas ponen su granito de arena, esta situación cambie.
Los arquetipos
Vamos a ver, ¿a qué me refiero con esto de la pereza de los intelectuales? Además, en sentido extraordinariamente genérico quiero emplear esa palabra. Fundamentalmente es algo que naturalmente uno tiene que hacer dado su tiempo limitado, que es escoger a qué dedica su tiempo y a qué no dedica su tiempo.
Por ejemplo, en el terreno de tus intereses: si eres economista, pues naturalmente no vas a poder dedicarle tiempo extremo a filosofar acerca de filosofía de la mente relacionada con inteligencia artificial. No es eso lo que le estoy pidiendo al economista. Al economista lo que le estoy pidiendo es que tenga en cuenta los efectos de la inteligencia artificial de forma insesgada en su campo de estudio concreto. Tampoco le estoy pidiendo al filósofo que sepa de las consecuencias a nivel económico, aunque podría intuirlo, pero no tiene por qué hacer un estudio económico de los impactos de la inteligencia artificial en el mercado laboral. Es completamente absurdo que lo haga un filósofo. Lo que le estoy pidiendo al filósofo es que la misma herramienta crítica que emplea para destruir y demoler ciertas intuiciones a priori que uno tiene, ciertas ingenuidades prefilosóficas, presocráticas, la aplique también a este terreno.
Y ahí voy a ser especialmente crítico con aquellos que desechan el tema, como quien desecha, pues yo qué sé. Clásico podría ser excluir la cultura popular, o al revés, excluir la cultura de lo supuesto, el mito de la cultura, la exclusión básicamente por no querer comprender el fenómeno que está ocurriendo y más bien querer que el mundo se amolde a tu mapa del mundo. Eso en concreto ocurre mucho con la inteligencia artificial. Es un segundo pilar.
Luego, otro tipo de intelectual, pues podría ser el intelectual, si es que intelectual encaja ahí de forma curiosa, pero bueno. Me estoy refiriendo al podcaster tecnológico, al Silicon Valleiyero, y en general las personas que están, como los propios de Silicon Valley dicen, AGI pilled, que ya se han tomado la pildorita de la inteligencia artificial general y que básicamente no piensan en otra cosa, fundamentalmente, y se pasan al otro extremo. Entonces, lo que desprecian es estudiar todo lo demás y no integran cosas fundamentales como la lentitud del ser humano a la hora de hacer transiciones de todo tipo, dentro de una empresa, a nivel familiar, a nivel institucional y demás. Muchas cosas que también se pueden decir con respecto a estos.
Y luego, pues tenemos a todos los que podemos encuadrar, como si eso fuera encuadrable así, pero de forma muy banal se hace desde el lado de los siliconvaleistas, pues metes a los humanistas en un pack, como si fuera algo uniforme. Y los humanistas, es cierto que por regla general tienen una serie de sesgos absolutamente ridículos acerca de, por ejemplo, la creatividad, acerca de lo que consiste la genialidad, acerca de lo que consiste el pensamiento humano, y tiene una serie de sesgos. De nuevo, nadie le está pidiendo, yo desde luego no quiero decir con esto que tiene que ser un experto en redes neuronales, hacerse un máster en Matemáticas Aplicadas y después… No, obviamente no, su tarea no es esa. Pero entonces, por ejemplo, que no hable respecto al asunto si lo que va a decir son paparuchadas absolutas, que de nuevo desatinan de tal manera que pueden llevar a un equívoco tan flagrante a muchas personas que los consideran sus maestros, al nivel de que después estas personas pierdan, se disuelva su sentido, el sentido que estructuraba su vida en base a criterios antropocéntricos, que es como si tras la revolución copernicana siguiéramos colocando el centro del universo en la Tierra y siguiéramos creyendo de forma completamente naíf que ahí está la Tierra. De todo lo que hay en el universo, que es absolutamente, es el principal baño de humildad que puede existir para alguien que habite en esta Tierra, de todo ese universo, nosotros estamos colocados justo en el centro. Y en base a eso, pues claro, tiene mucho sentido formas de pensar miopes, de las que se me podrá decir que es impráctico rechazarlas, pero yo digo que es impráctico aceptarlas, porque muchas veces son el germen de muchas guerras, por ejemplo, conflictos violentos de toda índole, esa miopía.
Pero bueno, el caso es que, como digo, ya he mencionado a una serie de colectivos, entre comillas. De nuevo, no son homogéneos, me da igual. Aquí estoy pensando en personas concretas, como las que aparecen en la miniatura del vídeo, pero tampoco va a ser una diatriba muy específica hacia ellos, porque simplemente son representantes específicos de cada una de estas clases generales, y parece que hay poca capacidad de salida de esas clases. Lo cual es bastante característico del intelectual, a pesar de que en principio debiera ser todo lo contrario. Es profundamente elemental.
Los filósofos
Que una persona que tenga algún tipo de convicción política no va a aceptar el pack, una convicción política que esté sustentada en algún hecho empírico y en algún hecho racional, no va a poder aceptar ningún pack ideológico preestablecido de un partido que únicamente tiene como objetivo llegar al poder. Pues de la misma manera, creo que pocos intelectuales… si son intelectuales estos, pues ya no sé qué se considera intelectual, si entonces podemos considerar a Pedro Sánchez intelectual. Pero digo, si excluyes eso, ¿por qué no estás excluyendo, por ejemplo, el hecho de rechazar a la ludita manera la inteligencia artificial, de facto, automáticamente, como campo, como algo en lo que no quiero meterme, si no es simplemente por el colectivo al cual perteneces? Y si alguien disiente de tal perspectiva dentro de tu colectivo: «Dios mío, Dios mío, estás empoderando la herramienta que va a matarnos, estás empoderando la herramienta que nos va a quitar el trabajo». Pero simultáneamente no piensan eso, porque si no, evidentemente, si pensaran que de verdad les va a quitar el trabajo, están aceptando que estos sistemas de inteligencia artificial pueden asumir roles intelectuales, creativos y críticos al mismo nivel que ellos. Pero, en todo caso, a lo que se están refiriendo es a los que no son como ellos. Muy justicieros ellos, que piensan en el trabajo de los demás.
Como si no fuera elemental que por la oposición de cuatro filósofos que se aíslan activamente del mundano ruido, de toda esa esfera pútrida del capitalismo tecnológico. Digo, como si esos cuatro monos pudieran frenar lo que viene y lo que, por tanto, va a comerse y destruir el empleo de las personas, en lugar de, por ejemplo, pensar en qué se puede hacer para que esas personas tengan un mejor futuro, habida cuenta de que eso no puede cambiarse. No, preferimos criticar a aquel que le dedica algún tiempo a informarse sobre estos temas como un frívolo al servicio del capital, el capital estadounidense, que es lo peor que puede haber, por cierto.
De nuevo, la manera en que un filósofo rancio a lo Adorno —que estos mismos filósofos pueden criticar a su vez por su elitismo— se ría del jazz, como ya hemos comentado varias veces en este canal, o se pueden reír del reguetón. ¿Por qué no? No entra en sus esquemas la posibilidad de dedicarle tiempo a algo tan otro, tan externo, tan la alteridad brutal que para un Adorno era la banalidad de la cultura de masas. Digo, es tan inconcebible, cuando estás en una de esas esferas, pensar en meterte poco a poco a entender al otro, que es más fácil directamente rechazarlo.
Entonces, en este primer grupo, que sería el de los filósofos, básicamente el móvil de la pereza es que no apetece. Es decir, en primer lugar, para qué me voy a informar de cómo funcionan estos sistemas si ya sé de antemano que seguramente no me voy a enterar de un carajo, porque para eso hace falta cierto nivel de matemáticas, quizás de bachillerato. Da pereza meterse ahí.
Y a menudo hay personas nada técnicas, que no tienen ningún tipo de formación técnica, que tienen un manejo suficiente de los conceptos de la inteligencia artificial para no decir chorradas absolutas, como por ejemplo lo que dice Jesús G. Maestro, de que la inteligencia artificial no puede ser creativa literariamente en la medida en que los programadores que han programado esa inteligencia artificial no son creativos literariamente. Como si acaso estos sistemas de inteligencia artificial no estuvieran entrenados exactamente en el corpus directo. No es que esté programado a la manera de un sistema experto con una serie de directrices, nada que ver. Está entrenado sobre el corpus que precisamente él defiende como literatura, como por ejemplo El Quijote. Naturalmente, también está entrenado en un corpus de basura de Internet, pero también está entrenado en el corpus que él considera literariamente aceptable. De manera que, por supuesto, no tiene nada que ver con eso. Y si en su mente hay algo así, es por pura ignorancia de lo que realmente son estos sistemas. Pero entonces no se puede razonar con respecto a ellos, simplemente se puede soltar una ocurrencia en el momento.
Pero, como digo, el coste de oportunidad para estos personajes es tan grande, porque es tan fácil, estando tú ya en tu propia zona de confort, leer, pues yo qué sé, ahora a todo este autor, y a todo este otro autor, y parece muy diferente, y realmente el método que emplea siempre es el mismo. Piensa que es el correcto, piensa que es el válido, pero en buena medida es porque ya no se aventura, perdió tal facultad en su juventud, quizás, para aventurarse a caminos nuevos, que es algo que desde mi punto de vista es absolutamente crucial dentro de la filosofía.
Y algo que se asevera a menudo es que la filosofía es un saber de segundo grado, que tiene que anclarse a la realidad científica de materiales que pertenecen a esos campos categoriales de las ciencias, como dirían los gustavobuenistas. Es sorprendente ese choque con la realidad: prefieren anteponer la teoría filosófica al campo conceptual que tienen delante para así poder rechazarlo, y como así no tienen que meterse en ese campo conceptual, pueden desecharlo. Y esto que unos filósofos le pueden criticar a otros —tú lo haces con esos, tú lo haces con los otros— pues ellos mismos pueden hacerlo con otra cosa.
Y lo que parece transversal, o al menos me da la sensación, porque todavía no he visto a alguien que seriamente se tome esto, me parece transversal que lo hacen con la inteligencia artificial. Y me parece muy fuerte, porque la inteligencia artificial toca de lleno, además de manera nuclear, aun cuando los sistemas actuales no sean una maravilla. Pero, de nuevo, Alan Turing no necesitó ver un ordenador, no necesitó ver un Mac Pro corriendo un modelo en local, para poder imaginarse abstractamente cómo tendría que ser una teoría de la computación. Pues de nuevo, esto es lo que puede hacer un filósofo: no necesita justamente el chatbot que tiene delante en 2026 o 2029 o lo que sea, sino que debe abstraerse de eso.
Digo, es sorprendente que, tocando esa inteligencia artificial potencial de la mente, que seguramente en cierto sentido todos los relativamente jóvenes aún vamos a vivir, una realidad que va a quebrantar por completo la ética, va a quebrantar por completo la política, la estética, sin duda, en fin, todos los temas que son de interés a la filosofía y al ser humano… Y eso por el lado, ya digo, estrictamente filosófico, estrictamente teórico, que no me parece el más interesante, honestamente. Más interesante me parecen aspectos muy prácticos, como puede ser la economía. Y aquí vamos al
Los economistas
Segundo colectivo, que podrían ser, pues los economistas. Y aquí, pues desgraciadamente, lo que se observa, más que un rechazo directo, porque en general conciben que va a ser algo importante para su disciplina y que, por tanto, si lo desechan, no van a poder hacer oídos sordos, no van a poder decir: eso es el mundo anal ruido, sino que ellos están en el mundo anal ruido. Entonces, más o menos, unos van a poder decir una cosa, otros van a poder decir otra, pero más o menos van a tener que aceptar que eso se va a tener que integrar de alguna forma en sus teorías internas acerca de lo que la economía debe ser.
De manera que los economistas, sean de índole socialista, sean de índole muy promercado, van a tender a integrar estas cosas en su propia teoría sin que haya un cuestionamiento en ningún momento de la propia teoría, de la validez de esa propia teoría. Aun cuando, claramente, lo que va a hacer esto es precisamente, valga la redundancia, meter, inocular en cada uno de esos sistemas, virus que los van a desintegrar desde adentro.
Igual que ahora mismo, en 2026, no tendría ningún sentido un debate político de los de la antigua Atenas o de las guerras civiles dentro de Castilla en el siglo XIV, lo que sea. Es completamente absurdo, no tiene sentido defender un modelo, feudal veremos a ver lo que viene, quizás vayamos a eso. Pero mi tesis es que va a llegar un momento en el cual, por supuesto, ni el liberalismo ni el socialismo van a tener la más mínima cabida en un sistema que ha roto y que va a romper, pero ha roto ya internamente, si lo pensamos, las consecuencias que de ello puede provenir. Postulados base que construyeron estas ideologías hace trescientos o doscientos años, respectivamente.
Y como esos axiomas no son los mismos, precisamente lo que debería hacer el socialista es ver qué puede recuperar del socialismo para el mundo que viene y lo que debería hacer el promercado debería ser recuperar los elementos promercado que sí se pueden salvar en el nuevo mundo. Pero no intentar coger el nuevo mundo y decir: «No, el nuevo mundo, precisamente debido a mi tecnología, va a ser más promercado que nunca. Esto es una oportunidad para que sean mayor promercado que nunca».
Y os voy a decir exactamente por qué esto es así. Y es porque, por ejemplo, en un mundo sin empleo —y a esto no sé si dedicarle un cierto vídeo aparte de los infinitos que prometo—, por ejemplo, un liberal que no va a concebir una intervención estatal al grado de una renta básica universal, que por supuesto conlleva problemas extremos, y tampoco la visión del socialista en ese caso está justificada, ni del socialdemócrata, porque si el socialdemócrata se cree que la inteligencia artificial ha llegado para hacer deepfakes de desnudos, pues bueno, no quiere ver lo que hay.
Pero centrémonos en el caso que conozco más, porque la renta básica universal me parece que tiene problemas por todos lados muy fuertes, muy elementales, aunque quizás acabemos yendo ahí. Entonces, no voy a meterme en eso. Pero lo que sin duda sí veo completamente claro es en un espectro de la ideología, que sería la de los liberales, la defensa de que en un caso en el que el empleo queda masivamente destruido por la inteligencia artificial, la solución es que los ciudadanos se conviertan en empresarios. De nuevo, ahora mismo no me voy a parar en esto, pero claramente hay un grave problema ahí, que solamente parece que el que está dentro no ve.
Y aunque toda esta cuestión pudiera llegar a parecer incluso menor, este es un debate entre unos y otros, pero realmente lo que va a ocurrir no tiene nada que ver con lo que… En absoluto, en absoluto. Porque sin la ideología, por así decirlo, las personas todavía, a pesar de que han pasado varios años y en general ya hay un sentimiento más adverso que positivo, lo cual está, yo creo, bastante justificado con respecto a la inteligencia artificial, todavía hay una cierta tábula rasa dentro de la mente de las personas, a la manera como en muchas ocasiones ha ocurrido a lo largo de la historia.
Y cuando viene algo nuevo, lo normal es esa mente que todavía es una página en blanco. Entonces, lo primero que suele llegar a una página en blanco es lo poco o lo único que se lee. Entonces, si al principio colocamos ideas ridículas, banales, que no se han pensado de forma detallada, y eso es lo que queda en la librería, en la parte de arriba de la librería de la persona a la hora de pensar en inteligencia artificial, y su identificación inmediata es eso, las consecuencias a nivel social pueden ser muchas.
Por ejemplo, no prepararte por evadirlo, por pensar que eso es una tontería, eso no tiene ningún impacto, los seres humanos siempre van a tener que estar al cargo de todo, prácticamente en cualquier punto de la cadena, cosa que tampoco está clara. Ahora mismo parece obvio, pero tal cosa no está tampoco tan clara. O del lado opuesto, un catastrofismo de: bueno, pues aquí ya hay poco que hacer. Sí, puedes seguir viviendo tu vida igual, pero aquí va a haber una singularidad que va a explotar y todo va a ser destruido.
Y entonces, si en la mente tienes la mitad de la población que piensa de una determinada forma, eso es una chorrada, eso no sirve para nada, eso es lo de los desnudos, ¿no? Eso es lo de Elon Musk, que hacen desnudos, que, bueno, es grave, ¿eh? No quiero minimizar también las consecuencias que a nivel psicológico puede tener eso en ciertas personas, pero evidentemente no es lo más grave, no es lo más grave. O el otro que piensa que el mundo va a colapsar, ¿no?
Entonces, parece que no hay el término medio en el cual, bueno, pues, hay un cierto ritmo en el cual esto podría hacer que la tasa de asimilación de la sociedad de tal ritmo de crecimiento tecnológico no fuera asumible.
Los historiadores
Eso pudiera ser diferente a lo que ha ocurrido con revoluciones anteriores, con cualquier otra revolución. Y ya tenemos el caso de revoluciones anteriores que han dado lugar a colapsos de sistemas enteros, con millones y millones de muertos, como lo fueron el siglo XIX y el siglo XX. Que básicamente, si no hubiera habido jamás una revolución industrial, pues no habría ocurrido. No sabemos lo que tendríamos, pero eso no habría ocurrido. De manera que el impacto de revoluciones rápidas, aunque puede llegar tarde, acaba llegando.
Y si decimos que la historia sirve, en cierto sentido, por muy naïf que sea, para no repetirla y para aprender, porque si no, poco maestra de la vida es la historia, pues si eso es así, entonces, ¿qué estamos haciendo al no importar muchas mecánicas conductuales del ser humano de circunstancias extremas y de revolución a nuestro momento presente?
De nuevo, yo no soy historiador, yo no soy el que tiene que estar encargado de este tipo de cuestiones, pero me parece bastante elemental que hay un campo importante de trabajo ahí. Y no puedo decir casi nihilistamente: bueno, esto siempre ha ocurrido, esto siempre va a ocurrir, da igual, no tiene nada que ver. La gente se mató en el siglo XIX, la gente se mató en el siglo XX, igual que se mataba exactamente igual en el siglo XVI, o se mataba exactamente igual en el siglo V antes de Cristo. Y eso es así, por supuesto, pero eso no quita que aun así hay cosas que se puedan aprender, porque la gente que pasó canutas, sufrimiento brutal, caídas de la esperanza de vida en colectivos enteros debido a desigualdades generadas por una revolución tecnológica y la deriva colonial, por ejemplo, que es muy clara, debe tenerse en cuenta e importarla a nuestro presente por lo que pudiera ocurrir.
Pero nada, el historiador, por ejemplo, que sería otro colectivo, prefiere no tener esto en cuenta, sino dedicarse de nuevo a su pasado. Fantástico, es lo que tiene que hacer. Pero después, cuando lo trae al presente, lo trae de forma ridícula y habla de cosas completamente inoportunas que no tienen ninguna influencia. Importa lo que ocurrió en cierto momento de la Segunda República Española o sobre tal aspecto de las guerras de religión o lo que sea, al presente, pero lo hace, pues para hablar de Feijóo, para hablar de Pedro Sánchez, para hablar de… Que está muy bien fiscalizar al poder, pero evidentemente en eso no está, en eso no se juega la partida, si mientras tanto estás despreciando todo un campo, diciendo que eso no es relevante, que eso es para generar imágenes y poco más. Y me parece bastante indignante por las consecuencias.
Y aquí podríamos entrar en el cuarto —antes dije solo cuatro, ahora estoy diciendo cinco porque he metido a los historiadores— como
Los tecnófilos
El cuarto campo es el de los tecnófilos, de los siliconvaliences, cómo decirlo, que naturalmente podemos decir que se encuentran en un extremo opuesto de pérdida de contacto de la realidad en otro sentido, y cuyas consecuencias, por cierto, también son eventualmente dramáticas.
De nuevo, nosotros, en general, no podemos controlar cómo los influjos de capital se están destinando a ciertas compañías, y básicamente el hecho de que puede tener sentido o puede no tener sentido que Anthropic valga más que toda la bolsa española, o que Nvidia valga más que toda la bolsa europea, o que el GDP de Nvidia, que no la capitalización, sino el GDP de Nvidia, o el PIB de Nvidia, sea superior al del cincuenta u ochenta por ciento de países del mundo, o algo así. Naturalmente, son estos los que están informados, los que están hasta cierto punto AGI pilled, los que son responsables de ese destino absurdo. Absurdo no por lo injustificado, sino absurdo por lo absolutamente descomunal, que no cabe en ninguna mente humana hasta hace cinco años o hasta hace tres, de destinar recursos, sustraer recursos del resto de la economía para eso.
Porque, de nuevo, yo ahí no creo, no veo exactamente cómo uno puede saber ahora mismo lo que va a ser burbuja, lo que no va a ser burbuja. Creo que existe una incertidumbre ahora mismo extrema con respecto a eso, y va a depender del desarrollo técnico, del cual tenemos poco conocimiento, y pudiera ser tan válida una hipótesis como su opuesta. Pero lo que está claro es que en un clima así, en el cual puedes tomar decisiones financieras, laborales o de cualquier cosa completamente condicionado por ese ecosistema concreto, que da por hecho muchas cosas que pudieran ocurrir en setenta años y no en cinco, el daño eventual que pueden hacer a muchas personas en relación a las expectativas de aquello que pueden hacer o no pueden hacer, también es muy grande.
Naturalmente, aquí yo a un CEO no le puedo pedir nada. Un CEO, naturalmente —quiero decir, Dario Amodei es un experto en conseguir captar financiación, a pesar de su, en parte, incapacidad para ser capaz de una gran elocuencia—. Simultáneamente lo es y es profundamente convincente, y tiene que serlo, es su oficio, es su tarea. Y si lo embadurna de ciertos temas morales, en los que yo creo que él sí cree realmente, pues mejor, pero lo natural es que uno desconfíe de base de este tipo de personajes que tienen tanto en juego.
Pero lo que estoy diciendo es que todos los demás pareciera que tienen más en juego aún, porque incluso personajes como este, como Dario Amodei, parecen más honestos que esos filósofos, que ese economista. Parece más dispuesto a cambiar en ciertos aspectos la forma de pensar que tenía y en otros no, siendo un CEO, con toda la carga que tiene detrás y con todo lo que tiene que proyectar al mundo y con todo lo que está en juego. Incluso decir ya que esta persona pudiera ser más competente en la forma de tratar este tema que las personas que no tienen incentivos detrás para estar contagiados por esa necesidad de proyectar catastrofismo o entusiasmo extremos, me parece sintomático del grave error en el cual está incurriendo el resto de la sociedad, que está delegando a personajes que no debieran ser los líderes de pensamiento acerca de esto, como lo son los CEOs.
A ver qué cojones pinta que sean los CEOs de una empresa los que decidan cuál tiene que ser el futuro de la humanidad. Pues es un grave error, un grave error por parte de toda la sociedad, y en particular de aquellos que más influyen en esa sociedad, que son las personas que están colocadas con su columna semanal en los medios de comunicación, aunque eso no lo vea nadie, en la televisión, o como yo estoy haciendo aquí, naturalmente, los referentes en la red, intelectuales, que son de muchos tipos, y yo aquí puedo abarcar a los que conozco, y los que los conozcan, sea a uno u otro, pues sabrá a lo
Los “humanistas”
En quinto lugar, tenemos a los que he catalogado, desde mi punto de vista mal, pero así los voy a catalogar, de humanistas, donde puedes encuadrar prácticamente todos los filósofos en ese pack, los verdaderos filósofos, porque también hay filósofos de pacotilla vendidos al mercado de forma patética. Y por supuesto también puedes incluir a muchos artistas, a cineastas, a literatos, a críticos y demás.
Y en este caso, más que como la de antes, la crítica de no querer pensar filosóficamente acerca de temas que no dominan y, por tanto, se ciñen a los suyos, aquí es más sobre una colocación de la experiencia humana, del pensamiento humano y, crucialmente, de la creatividad y la genialidad humana, en un estadio que, aunque naturalmente no es expresable, y si fuera expresable pues sería una persona bastante genial esa persona, se da por hecho que no puede ser alcanzada por algo como un algoritmo.
Y sí, es un algoritmo, por supuesto, pero como dije antes, acotando críticamente a don Jesús G. Maestro acerca de cómo él piensa que estos sistemas están construidos, de que un programador le dice a la inteligencia artificial: «Oye, pues tienes que escribir así porque esto es lo que yo considero un buen poema». Y no que lo hayas puesto a literalmente leerse todos los poemas de Lope de Vega. Y si eso fuera, para que sea generalizable la red utilizas muchos más textos que solamente los de Lope de Vega, naturalmente. Pero aun así están ahí los de Lope de Vega y, por tanto, aunque nuestros sistemas son profundamente estúpidos y si le pides que haga un poema a lo Lope de Vega le va a quedar un churro, aunque sea, en cierto sentido, se supone indistinguible, y para mucha parte de la población creo que de facto es indistinguible.
Pero aun así, creo que pocas personas, ahora mismo, que tengan la más mínima honestidad y la más mínima sensibilidad artística, pueden considerar que la música generada con inteligencia artificial se asemeja acaso, a pesar de que una cosa es para escuchar algo de Spotify. Bueno, estoy pensando claramente en la música clásica, en la cual la inteligencia artificial hace un desastre, es impresionante lo desastrosa que es. Pero también con un poema, o también, por supuesto, ya no le pidamos una novela. No creo que nadie, de nuevo, sensato y honesto, pueda pensar que ahora mismo estos sistemas están cerca de conseguir algo genial. Por supuesto que no, en absoluto. Y en imágenes es exactamente tres cuartos de lo mismo, o peor incluso, creo que está al nivel de lo de la música.
Mi problema no es con la crítica a la creatividad que estos sistemas tienen hoy. Mi crítica es al axioma de que estos sistemas jamás podrán generalizar la inteligencia de una forma análoga a la del ser humano. Análoga o paralela, digamos disjunta, pero en órdenes de magnitud de inteligencia, si algo así pudiera ser cuantificable, que fuera comparable o incluso superior en muchos sentidos, a pesar de que fuera una inteligencia diferente.
Es decir, quiero expresar que no hay ningún motivo, y es un puro axioma humanístico, pensar que una inteligencia artificial jamás va a poder alcanzar el grado de creatividad y genialidad de un ser humano, y del criticismo y de toda la serie de cosas que consideramos esenciales en la literatura, la ironía o cierto cinismo, o cierto cariño también por el resto de seres humanos. Y repito, van a decir: «Esto es un simulacro de creatividad, eso es un simulacro de genialidad». Pero repito, no es más que un simple axioma, puesto que la forma en que funciona el cerebro del ser humano, en concreto a ellos, les es completamente desconocida. No tienen ni idea de cómo funciona el ser humano.
Y sin embargo, asumen axiomáticamente que no hay forma de, por medios de silicio, en lugar de por carbono, por medios diferentes y con mucha más energía y con redes matemáticas, encapsular una forma de inteligencia que sin duda va a ser diferente que la nuestra, pero que pudiera ser capaz de semejantes obras. Más interesante aún, que aunque no fuera capaz, o incluso siendo capaz de obras que nosotros consideramos geniales, también trascendiera nuestra propia noción actual de lo que es creatividad, de lo que es genialidad, de lo que es, por ejemplo, buen gusto científico, que en el mundo de la ciencia sería quizás el análogo a ciertos aspectos creativos y de buen gusto a la hora de hacer una obra literaria, o buen gusto en un sentido muy genérico. No me refiero a buen gusto a la manera de un personaje de Proust, no. Pero digo, podría ser que estos sistemas alcancen algo que está en un ámbito completamente ajeno a lo que nosotros podemos concebir. Muy interesante en ese orden.
Esto es obvio para la gente que está AGI pilled, porque creen que es posible y, sin duda, axiomáticamente, tiene mucho más sentido definir la posibilidad de una superinteligencia, de que eventualmente, en un millón de años, se consiga una superinteligencia artificial —otra cosa es que sean cinco—, que decir que no. Es decir, los axiomas se escogen, no se pueden deducir tampoco probabilísticamente, pero tienen que basarse en una serie de reglas. Y ahí, si por ejemplo empleáramos una analogía del tipo: «la Tierra es el centro del universo y siempre lo será», que es un axioma potente en base a tu creencia egocéntrica. Claro, desde una perspectiva probabilística del espacio de posibilidades de cómo pudiera ser el universo, a no ser que haya una construcción teleológica de ese universo, lo más desechable es la hipótesis de que la Tierra está en el centro del universo, y no lo otro.
Y estas personas, que pueden ser muy científicas o cientificistas, a pesar de ser humanistas en ciertos terrenos, y observar a Dios de forma atea, que es una cosa muy literaria también, y este tipo de cosas, pues a pesar de ese supuesto desengaño de no tener pensamientos mágicos, inoculan ese pensamiento mágico en la superioridad del ser humano con respecto al resto de posibilidades de entidades en el universo, inclusive las que nosotros mismos creemos.
Propuesta delirante: por una antropología inversa
Me gustaría una pequeña analogía con la antropología, algo que se me ha ocurrido hoy respecto de lo que he escrito, un texto. Imaginemos que somos una tribu del Amazonas que no ha tenido contacto nunca con nadie que no haya sido la propia tribu, y llega un antropólogo, vamos a resumir la historia. El antropólogo se queda ahí viviendo unos cuantos meses. Y es un ser extraño, pero que a la vez parece amable y parece amistoso, se integra en los ritos que hacen, observa, es muy de mirar, pero en general parece estar de buena fe, y después acaba yéndose. Y la gente tiene opciones a la hora de quedarse pensando en ese antropólogo.
Una es adorarle, una especie de dios extraño que viene de fuera, que es lo que ha ocurrido, quizás con el antropólogo, pero con las tropas estadounidenses en ciertas islas del Pacífico en la Segunda Guerra Mundial. El culto —no me acuerdo del nombre—, el culto al rey de Inglaterra y cosas así absolutamente fuertes. Otra opción es ni fu ni fa: yo qué sé, este tío era curioso, este tío estuvo aquí, y nos olvidamos. Y otra opción, por supuesto, habría sido matarlo al principio como a un misionero: ¿esto qué es que viene aquí? Vamos a matarlo, nos lo vamos a comer. Y otra opción podría ser: vamos a intentar entenderlo. Es decir, qué difícil la comunicación con este ser, pero si eventualmente conseguimos comunicarnos relativamente bien, pues vamos a intentar entender su forma, porque parece una persona un poco oscura, porque nos mira, está ahí anotando sus cosas, parece muy receptivo a nuestras costumbres, pero ¿qué sabemos de él? Pues sabemos relativamente poco, pero vamos a intentar entender a esa persona.
Sería como si la tribu estudiara, a su manera, de antropólogos, al sujeto que ha venido de fuera, como un extraterrestre. Entonces, igual que el antropólogo puede estudiar a la tribu como científico, pudiera hacer la tribu algo análogo, o al menos algunos individuos, algo análogo a un antropólogo, y estudiar su comportamiento de manera antropológica, porque ellos no pueden hacer eso con su propio campo o su propia tribu, porque están en la perspectiva emic y sería sociología dentro de su propio campo. En cambio, el antropólogo, a pesar de que dentro de lo que hay puede ser sociología en su país de origen, nunca va a poder hacer una antropología completa de su país de origen. Eso lo puede hacer una persona radicalmente ajena a ese campo.
Pues lo que digo es que la inteligencia artificial, como forma radicalmente diferente de inteligencia, de forma de comprender el mundo, su percepción acerca de nosotros, viene como un antropólogo aquí a estudiar a toda la humanidad. Y nosotros como humanidad podemos rechazarlo, podemos matarlo, podemos quemarlo en la hoguera, podemos comérnoslo, podemos endiosarlo, podemos decir «superinteligencia, esto es Dios», religiones, como el culto al cargo, eso es, el culto al cargo. O podemos pasar de esto: esto ni fu ni fa, esto es lo de las imágenes, esto es Nanobanana, y el que se quiera dedicar a eso, pues él sabrá. No sé por qué pongo la voz de andaluz. Solo me sale la voz de andaluz cuando quiero ridiculizar a alguien. Bueno, en fin.
Y la otra opción sería entenderlo, la interpretabilidad. Pero no solo la interpretabilidad de la inteligencia artificial, como hace Anthropic para cosas de seguridad, que es fantástico, yo creo que hay que hacerlo, me parece estupendo. No creo que eso solo sea marketing, honestamente. Pero bueno, cada uno que diga lo que quiera, eso es el capital. Sino, además de esa interpretabilidad aplicada, nosotros vamos a entenderla a ella, entender cómo ella nos entiende a nosotros, puesto que su concepción de lo que nosotros consideramos encomiable desde el punto de vista, por ejemplo, de la genialidad, de la creatividad literaria, del gusto artístico, de la subversión artística, de la ruptura con cánones y dogmas y oscurantismos, y también con las luces y con todo, ¿qué opina?
Pero no qué opina en el sentido de preguntarle a ChatGPT, no, sino en términos de, de nuevo, interpretabilidad seria, haciendo como hacen estos de Anthropic, analizando las activaciones dentro de la red neuronal y demás, para entender dentro de lo posible si hay algo que pueda comprender, algo externo a nosotros, que aunque sea un simulacro de nuestras propias formas de concebir el mundo y de actuar por cómo está construida la red neuronal, sin embargo —naturalmente, en esto está de acuerdo todo el mundo— es una forma de inteligencia muy diferente. Pues, de nuevo, todo ese campo puede ser muy interesante para comprender nuestros propios campos humanos, más humanos, lo que nos parece más humano de todo, como pueda ser la sensibilidad artística, musical, cinematográfica o lo que sea.
Queriendo decir que cerrarse en banda a estos campos también es una pérdida del propio campo en sí, igual que una persona que queriendo dedicarse a la astronomía en el siglo XVI no hubiera aceptado la revolución copernicana, pues allá ella, pero se está perdiendo precisamente la riqueza. Y si por un dogma absurdo… En fin, pues esa es la crítica a esa parte humanística. Pero, como ya dije al principio, lo que me parece más grave de todo esto no son estas cuestiones, que son de enriquecimiento de lo que ya tenemos, sino todo lo nuevo que aparece.
Y sobre todo, más que eso, cómo podemos estar dañando lo que parece simplemente una discusión de tribus callejeras. «¡Ah, esos que van vestidos así y esos que escuchan esa música son mierda! Nosotros somos, nosotros somos los reales, nosotros somos los auténticos, nosotros merecemos la pena, nosotros…» Eso puede derivar en terrorismo anarquista versus terrorismo fascista, eso puede derivar en mierda absoluta. No solamente es, por ejemplo, un elitismo musical de los punkis versus lo que sea, sino que puede derivar en violencia, en conflicto, cuando de por medio hay una ruptura de las condiciones que hacen que normalmente sea estable la sociedad.
Y en esto, repito, los intelectuales juegan, particularmente los intelectuales que hoy en día están por todos lados en la arena pública, a pesar de que se diga que no es así. ¿Qué cojones no es así? Obviamente es así. Los pódcast están llenos de personas expertas en muchas cosas, que son los que modelan. La gente que va a escuchar a Jordi Wild y que va a escuchar a un experto en energía nuclear, luego a un experto en psicología y luego a un tío que ha estado en la cárcel treinta años, está escuchando experiencias profundas de cada uno de sus ámbitos de la vida. Y es un influjo masivo que la sociedad recibe de las formas de pensar de este tipo de individuos y que realmente modelan, particularmente cuando somos jóvenes, y en mi caso ha modulado de forma extrema, naturalmente, mi forma de pensar.
Es delicado lo que uno emite. De tal manera que si deliberadamente se escoge no saber sobre eso, porque implica un coste de oportunidad muy alto, porque no me interesa, porque es ruido mediático, porque son los espadachines del capital, porque lo que sea, ¡vale! Pero no hables de eso. Si hablas de eso, que sea con un conocimiento de causa y con un conocimiento de la materia que al menos supere en un mínimo la superficie.
Aquí, como sabéis, yo siempre me pongo estupendo como adalid de la interdisciplinariedad. Y aunque naturalmente no puedo ser interdisciplinario de todo y no tengo ni puta idea, creo que el problema grave es que a una persona que esté acostumbrada a hablar sobre historia medieval china se le pregunte por esto y no tenga ningún tipo de reparo en emitir un juicio cuyas consecuencias no son simplemente ese elitismo, ya digo, del jazz, sino que tienen como consecuencia que de aquí a veinte o treinta años podamos ver una revolución muy violenta en un país debido a las malas políticas que con respecto a la inteligencia artificial se han tomado, tanto por parte de la población, que no ha estado debidamente informada de los peligros y ventajas de qué cosas pueden y no pueden hacer, pero sobre todo del no buen hacer, de la no buena información de las élites intelectuales y políticas y económicas y empresariales y científicas de un país, y eso es mucho decir, acerca de cómo enfrentar esto.
Entonces, ahí hace falta un especial cuidado si uno quiere seguir emitiendo aseveraciones acerca de cómo debería ser el sistema económico de un país, acerca de cómo debería ser la educación de un país, como puede hacer un filósofo, acerca de lo que debería ser, lo que deberíamos pensar acerca de nuestro congénere humano en torno a creatividad, genialidad, literatura. «No, no te dediques a eso, dedícate a lo otro, porque eso es lo que te hace un ser humano completo y lo otro es un kitsch y lo desprecio.» O «esos no están AGI-pilled y por eso no invierten tanto como yo. Todos tenéis que invertir tanto como yo en esto», y luego esta empresa se va a la mierda y pierdes millones de euros apalancado. En fin, mucho cuidado con respecto a este tema.
Y bueno, a pesar de la crítica a las homilías de cada uno de estos santos curas, pues yo tengo mi propia homilía de mi santo cura de su puta madre, y eso es lo que os he soltado, y el que haya aguantado hasta aquí, pues yo le agradezco su gran atención. Si has aguantado esto, vas a poder superar esto de la inteligencia artificial, sin duda.
Bueno, nos vemos, anda.
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