Por qué y cómo soltar la intensidad y la tragedia

Introducción

El vídeo de hoy puede entenderse como un cierto contrapunto a uno que hice hace ya algunos meses, al que di en llamar “Lo impersonal frente a lo íntimo, el triunfo de lo aburrido”, donde de forma muy resumida abogaba, desde una perspectiva muy artística, existencial, etcétera, por una intervención dentro de los convencionalismos sociales y de las costumbres que vertebra la sociedad, de elementos sensibles, existenciales, poéticos, muy afines a esa forma de pensar, quizás tan propia de cierta juventud.

No es que haya renegado completamente de esa visión, pero también hay que darle un poco de caña a los que, quizás incluyéndome o sin duda incluyéndome, se pasan al otro extremo y se convierten en el intensito, en el trágico, lo cual a menudo puede ir asociado a el sufrido.

Vamos a coger de la crítica a este tipo, que está en el extremo contrario de lo que comentaba en ese vídeo, los elementos que nos puedan lograr acercarnos a ese término medio, que no significa una mezcla entre lo uno y lo otro, porque eso puede ser, dice, Guatemala, Guatepeor, sino, como diría el Buda, salirse del espectro, pero de nuevo, siendo capaz de reconciliar aspectos que a priori parece que no son muy reconciliables.

Así que hoy nos vamos a dedicar a eso y vamos a empezar exactamente como lo hacemos en ese vídeo, a partir de el cine.

La idea de hacer este vídeo ha sido bastante espontánea. La verdad que últimamente me estoy inclinando mucho por un formato espontáneo, no guionizado, como ustedes habrán podido notar.

«Un poeta» y el mito bohemio

Se me ocurrió viendo el otro día una película llamada Un poeta, de Simón Mesa Soto, una película colombiana reciente, 2025. Una película que me gustó bastante, yo la aconsejo, es muy divertida, es muy equilibrada, trata muchos temas de forma, yo creo que con mucha inteligencia y mucha sensibilidad. Y hace un tratamiento muy interesante, muy caricaturesco, buñuelanesco prácticamente, pero a la vez con toda la sensibilidad, empatía por el propio personaje, independientemente de sus absolutos defectos y de su alcoholismo y de su todo.

Parece que sigue una estela muy concreta de la literatura hispanohablante, de, por un lado, distorsionar, ya digo, de forma grotesca, pero a la vez inocular esa sensibilidad, esa empatía por el personaje. Y el personaje digamos que sería precisamente el antihéroe de el extremo del artista parisino romántico idealizado que vive una vida tormentosa, pero que crea una obra. En este caso el hombre, pues, sí, tiene sus poemas, pero es un fracaso, es un fracaso absoluto en todos los sentidos.

Y viendo la película, que es muy divertida y me lo habría parecido a cualquier edad también cuando yo era un intenso trágico, no en ese sentido espero, pero obligatoriamente a cualquier persona que de alguna forma anteponga, llegue a anteponer el arte y la poesía por encima de la compatibilidad con la realidad y la supervivencia económica, física y de no destruir las relaciones a tu alrededor, pues evidentemente se tiene que ver apelado a pesar de que sea una figura llevada al extremo y grotesca, etcétera.

No es este específicamente el tipo del que vamos a hablar y no vamos a ahondar más en la película, que ya digo, se la aconsejo también por otros motivos, pero sí es lo que se me ha figurado una visión muy clarividente acerca de lo que en su extremo, esta idea de que la plenitud de la vida se alcanza no en cierta sencillez asociada también al trabajo y a la logística y a cuestiones técnicas, sino a la sensibilidad por la luz de los colores, etcétera.

Digo, cómo esa supuesta plenitud vital también es potencialmente una gran estafa y una gran tontería, una gran inmadurez y una gran estupidez. Pero evidentemente no se puede llevar al extremo algo para criticarlo, porque cuando uno está dentro… Si algo tiene de característico el estadio

La trampa del equilibrio trágico

De la persona trágica, de la persona intensa, es que es un equilibrio estable. Entonces, hay muchas cosas que convergen a pensar que ese es el estadio en el que tienes que estar, incluso a pesar de que dediques tu tiempo a otras cosas que estén fuera y siempre te quieras volver ahí una y otra vez, como pueda ser el trabajo.

Un equilibrio estable en el sentido de que es una autoconfirmación perpetua, que en el caso de este hombre, como le va todo tan mal, pues no tiene esa autoconfirmación. O la tiene en parte, pero muy mediada por la visión que el director tiene de evidentemente algo así.

Pero en la vida real este tipo de personalidad es muy autosugestiva y tiende a pensar que aunque las cosas le sucedan mal, eso en sí mismo sigue siendo un catalizador para vivir una experiencia completa, una experiencia plena, y que casi, casi que el sufrimiento sería una especie de catarsis perpetua, y que en sí misma la experiencia de catarsis a partir del sufrimiento casi, casi que deliberadamente buscado, sería la forma más elevada de existencia posible. Frente a la banalidad, a la holgazanería de quien no quiere ver de frente lo que es la realidad, y frente a quien no quiere ponerse un espejo y ver la dureza de lo difícil que es encontrarse a uno mismo y de la identidad o de lo que sea.

Entonces, si quisiéramos romper esa especie de espejismo, necesitamos inocular algunos virus ahí dentro que a uno le hagan darse cuenta de que quizás quedarse en ese equilibrio no debiera ser tan bueno, y así hacerlo un equilibrio inestable, por así decirlo.

Entonces, el primero es darse cuenta de que la intensidad llama a la intensidad, igual que el dinero llama al dinero y, en general, las formas de apego a las que

La espiral de intensidad

El egocentrismo tiende a generar retroalimentaciones positivas perpetuas. Entonces, uno necesita cierta intensidad para sentirse que está vivo, intensidad en todos los sentidos. Intensidad emocional interna en torno a las cosas que te ocurren, pero también intensidad en tus intereses y en tu relación con las otras personas. Qué te interesa más cuando una persona… puedes despreciar interacciones cortas, banales, entre comillas, pequeñas, etcétera, porque en su lugar prefieres las grandes cuestiones. Una persona que está depresiva, ayudarla, o una persona que está pasando por el mejor momento de su vida realmente de forma muy exitosa, pues también interesante por eso, ¿no? Pero siempre con movida de los extremos.

En el caso, por ejemplo, de personas que puedan estar muy mal, pues puede generar mucha empatía y mucha apertura hacia situaciones extremas como pueden ser la guerra, etcétera, o el hambre. Entonces, puede ir esta necesidad de intensidad acompañada de una empatía genuina hacia otras personas, pero también puede convertirse en un umbral mínimo de necesidad de que la otra persona esté sufriendo o disfrutando, o de uno mismo estar sufriendo o disfrutando, tal que lo que está por debajo de ese umbral no lo notamos, no es suficiente, etcétera. Y además, el umbral se va retroalimentando y va creciendo y creciendo con el tiempo, ¿no?

Entonces, básicamente este principio de cada vez más, sube más el umbral, sube más el umbral, y además no tiene por qué ser continuo, puede tener fases de caída, de subida, pero en general tiende a subir cada vez más. Música cada vez más intensa, sensaciones cada vez más intensas. Asimismo, rumiaciones cada vez más potentes y más artísticas, supuestamente, hasta que llega a un punto de saturación.

Y saturación no necesariamente porque, en el caso de si es una persona trágica o que tiende a la tristeza, a la melancolía, etcétera, entre en una depresión, ni tampoco por el hecho de que se convierta en completamente incompatible con la realidad. Digo, porque en primer lugar, con todo lo de la depresión, uno a sí mismo se puede convencer de que está realmente viviendo una vida muy plena, debido a ese sufrimiento interno, realmente, por cómo vive las cosas. Entonces, se siente vivo, no se siente depresivo. Y tampoco porque esa persona llegue a considerarse incompatible con la realidad, porque esa persona realmente considera que incompatible con la realidad es quien no tiene la preocupación, la observación adecuada a ese nivel, como ella misma lo tiene. Entonces, los demás son los que se están perdiendo la realidad, y usted o yo es el que está viviendo la realidad más potente porque tiene toda esa espiral.

Entonces, cuando digo que llega a un límite, no me refiero a ninguna de estas dos, sino a que básicamente llega un momento que la mente se funde.

El colapso mental

Es como un fusible que ya se funde por un colapso mental. Realmente hay un nivel de saturación al cual la mente no puede llegar. Y cuando llega, pues eso, explota y nada ya es posible. Entonces, por necesidad, es como que el ser humano en ese momento busca un hueco de volver a cierta tranquilidad, a cierta paz, por la vía que sea. Ese colapso puede ser más o menos prolongado, pero yo creo que en general se siente como tal.

Entonces, el primer principio de por qué esta forma de supuestamente pensar que se vive de forma plena la vida no es muy práctica, es en el sentido de que puede derivar en este tipo de ciclos de intensidad creciente hasta un colapso. Colapso, ya digo, en el sentido que he dicho, y después otra bajada, y luego, venga, volvemos a subir el ciclo de la intensidad. Y si no, es como que se siente que la vida no está siendo muy plena.

Y aquí entramos en el segundo aspecto de por qué esto no es muy interesante. Y es que

La falsa sutileza

La sutilidad de la realidad, una verdadera sensibilidad que no solamente exprima valor de lo más potente del universo, del «Sturm und Drang», sino que también se encuentra en los pequeños detalles, en la sencillez, que es en última instancia de lo que va la película. No solamente porque la vida a menudo no puede utilizar recursos tan brutales y tan escasos como lo pueda ser una sinfonía brutal o lo que sea, una naturaleza sublime, porque tienes que trabajar, tienes que dedicarte a cuidar de tus relaciones humanas y tienes que dedicarte a cuidar tu salud o a lo que sea, cosas logísticas.

Pues básicamente la plenitud de la vida realmente también viene de extraer valor de esos elementos simples, de lo que normalmente nos es indiferente. Y eso requiere un grado de sensibilidad muy alto, que es inversamente proporcional a la intensidad que requerimos para que nuestro umbral de percepción lo fije como valioso.

Entonces, en la medida en que vas escalando por esa pirámide, por esa escala de intensidad, tu sensibilidad, tu umbral de aceptación de esto es valioso, va bajando, y eso hace que muchos otros fenómenos pierdan su riqueza connatural, o al menos la sabiduría puede estar en saber extraérsela, porque si no, pues cada uno que sepa cómo vive. Pero por supuesto que hay que intentar extraer de todo alguna riqueza.

Y no solo es porque eso nos permita extraer más valor de actividades o de situaciones en la vida, etcétera, sino que, en cierto sentido, el tercer punto sería este, por así decirlo: es lo que nos permite vivir de forma plena otras cosas, como poder tener un umbral de sensibilidad para entender a los demás, empatizar con los demás, no requerir grandes cosas, grandes tragedias, grandes poesías para que nos importe la otra persona, o también para conocernos a nosotros mismos.

Esa sutilidad nos permite estar en contacto con nosotros mismos sin necesidad de continuamente demostrarnos lo intenso y trágico que podemos ser, sino que descubrimos otras facetas de nosotros con las que quizás una persona acostumbrada a esto no se siente tan conforme.

De esto, pues ya si queréis podemos hablar en otro momento.

Raíces del drama: Miedo y defensa

Lo concibo en una línea quizás más budista, o en la teoría homeostática, que también tiene su peso dentro de la psicología, como un método de compensación. Un método de compensación de no querer, en el caso budista, por ejemplo, aceptar que el yo es una gran ilusión. Entonces, para demostrar que no lo es, que no es una gran ilusión, necesitas irte al extremo. Cada persona tiene su forma de lograrlo. Necesitas irte al extremo, demostrar que no es así por medio de experiencias brutales, experiencias muy intensas, extáticas y demás.

También desde el punto de vista psicoanalítico, pero más bien es ya literario y mitológico, porque si no se sabe hablar en estos términos, pues es como si no sabes los mitos griegos. No sé cómo la gente se ríe del psicoanálisis y no se ríen de La Odisea. Que sería una sublimación del instinto de muerte. Entonces, el instinto de muerte, la pulsión por la destrucción y autodestrucción, canalizado a través del arte y canalizado a través de lo que llamamos funciones superiores del ser humano, socialmente valiosas, normalmente asociadas a la inteligencia y a sensibilidad artística, etcétera.

Como cuarto punto de crítica a todo esto sería que induce un privilegio de unos elementos por sobre otros. En lugar de ser ecuánime ante la sensación que genera algo a nuestro paladar emocional, privilegiamos aquello que lo activa. Entonces, eso no nos permite… Es ligeramente diferente de lo que hemos dicho antes del umbral de sensibilidad, porque el hecho de tener un umbral de sensibilidad que no sea cero, que sería lo óptimo en el sentido de que cualquier cosa fuera valiosa en sí misma y pudiera extraerse un valor de ahí, digo, todo lo que no esté ahí dentro automáticamente pasa al lado de lo indiferente o de incluso de lo rechazable, de lo que es indeseable, igual que decíamos en ese vídeo.

Entonces, se genera una falsa parcialidad, una distorsión, un filtro, que a su vez genera más sufrimiento todavía porque te distancia del resto de personas y te distancia del mundo. Y de nuevo, viéndolo desde la perspectiva budista, pues cualquier forma de parcialidad es una forma de

Solipsismo e incapacidad de amar

Cristalización del sujeto, del yo, en el mundo y, por tanto, dado que el objetivo en última instancia sería aminorar lo máximo posible el yo, estarías yendo en todo el sentido contrario. Estarías remando en la dirección más equivocada, la de más sufrimiento, que es la de establecer falsas fronteras, la de establecer falsas divisiones, establecer parcialmente enfrentamientos, básicamente, entre formas de pensar, entre elementos de la realidad, entre personas, por supuesto, etcétera.

Y como quinto punto, todo esto ya dije que no necesariamente te convertía en una persona completamente incapaz, ni muchísimo menos, como en el caso del poeta de la película. Pero sí que a pesar de que una persona que esté en este espectro, que habitualmente puede ser una persona de gran apertura y gran neuroticismo, pero de gran apertura y también de cierta sensibilidad por el resto de personas, puede estar inclinada a querer actuar, sabedor de la pasividad en la que consiste dejar una emisora puesta a ver lo que ocurre afuera en el mundo, que es, en cierto sentido, la mentalidad poética, que es la de refinar cierta forma de ver el mundo en detrimento de la acción.

Pero incluso aunque quisiera actuar —que también puede ser muy frecuente— te ves bastante impedido para hacerlo, porque se ha generado todo ese filtro de distorsión, de parcialidad, que no te permite conectar con pequeñas necesidades que para la persona que tienes delante puede ser más importante que la que tú consideras una gran necesidad.

Eso se puede materializar en muchas formas: no saber amar y a la vez estar escribiendo unos grandes poemas, o no tan grandes como le pueda ocurrir a otras personas. O si en cambio tienes una inclinación empática con las personas que he dicho antes que están en una situación muy extrema de guerra, hambre, etcétera, ahí no puedes ir solamente con una mentalidad heroica, de salvador. No, no funciona así.

Una cierta confianza, pero obviamente la mayor parte del tiempo vas a estar en cuestiones que te pueden decepcionar profundamente. Entonces requiere, de nuevo, un umbral de sensibilidad muy diferente, y la practicidad de las cosas de la vida cotidiana se basa en su estructura, se basa en su rutinariedad, en su monotonía, en poder repetir algo durante miles de veces, miles y miles y miles de veces, incluido el ayudar.

Entonces, esto por definición va en contra de la necesidad de una intensidad perpetua, que solamente es posible de forma con picos. No puedes convertir eso, excepto si cambias tu modus operandi, que ya no es intensidad, tragedia, etcétera, sino otro modus operandi —cada uno que ya sepa cuál puede ser— un modus operandi que viva en una meseta satisfactoria y no necesite estos picos.

Entonces, todo esto han sido los motivos por los que yo a lo largo de mi vida he ido dándome cuenta de que una forma así de pensar y de vivir no lleva a demasiado buen puerto. No es sistemático, son los que se me han ocurrido, sinceramente, que he apuntado aquí.

Remedios prácticos

Y ahora vamos a ir a los remedios, si es que he convencido a personas que antes no lo estuvieran, pues vamos a ver qué remedios podrían existir. Ya digo, de nuevo, desde una perspectiva personal, los que a mí me han sido útiles y me han aminorado esa carga. El primero de todos es el humor con respecto a uno mismo, la minimización del yo, la suspensión del dramatismo y del melodrama por un sentido del ridículo un poco más bajo, y permitirte hacer eso, el ridículo.

Este, por ejemplo, es el caso de la propia película de Simón Mesa Soto, que él mismo habla en una entrevista que he escuchado, que por cierto está en mi página web publicada en el apartado de notas e inteligencia artificial, donde a pesar del nombre también subo

1. Autoterapia y autorridículo

Entrevistas que me han resultado interesantes. Bueno, pues ahí el que quiera puede encontrarlo buscando la entrevista. Él comenta cómo también sus películas, lo cual es bastante lógico, son una forma de terapia respecto de sus propias neurosis, sus propias cargas. Evidente, lo que pasa es que él lo hace de forma consciente y deliberada. Y en este caso la ridiculización del poeta es una forma de él mismo ridiculizar esa faceta que existe en él.

Y yo mismo me siento identificado con esto, porque, aunque yo no tengo una película que mostrar que acabe ganando un premio en Cannes, pues tengo unos vídeos bastante ridículos que los voy a dejar ahí, excepto hasta que ocurra algo cataclísmico que me tenga que forzar a borrarlo. Un vídeo que se llama Terapia, el poeta es un fingidor, donde básicamente realizo una de estas autoterapias que yo llamo… A mí personalmente me funciona mucho la escritura, la escritura automática, donde uno mismo, después, cuando lo ve, dice: «Este es un total delirio, este es un cachondeo absoluto», y se descojona de sí.

Y esa descarga, aunque no es una condición suficiente, yo creo que es bastante necesaria de vez en cuando para poder realmente tomarte en serio esta bajada, esta desescalada de intensidad.

2. Dieta musical ligera

Otras… Bueno, esto lo llamo yo dietas ligeras, como dietas blandas de estas de hospital, en varios sentidos. Una podría ser la dieta musical, la dieta blanda musical, porque la música al fin y al cabo es un galvanizador extremo de la forma en que nos vemos en nuestra vida, como una película. Y supongo que normalmente las personas que están en esta sintonía muchas veces galvanizan su experiencia vital por medio de la música, una música potente, dramática, etcétera. No siempre tiene que ser así, pero quizás mucho más de lo habitual.

En mi caso, por ejemplo, yo siempre he tenido un gusto por la música grave, que la escuches desde afuera y parece música de funeral, no porque esté depresivo, sino porque a mí me gusta ese tipo de música porque me hace sentir que la vida tiene peso frente a las olas del mar, etcétera. Bueno, pues eso puede ser muy buena idea, comenzar a aceptar melodías más banales y sencillas que a las que uno puede estar acostumbrado.

Yo estoy hablando en mi caso de la música clásica, que es casi más lo que escucho. Pero bueno, en todo caso, en la música de todas las épocas y de todos los géneros tienes para escoger su versión dramática y su versión más ligera. Pues evidentemente no es lo mismo escuchar todo el día Tristán e Isolda de Wagner que escuchar un conciertito de clarinete de Mozart.

Bueno, pues eso sería. Y en el caso mío personal, por ejemplo, con la música clásica, he pasado de un interés exacerbado por el posromanticismo y por cierto serialismo del siglo XX a Bach. Que Bach tiene obras muy dramáticas y monumentales, pero también tiene obras muy de escuchar de fondo y ya está. Bueno, pues, para el que le guste la música clásica, siempre puede escuchar Bach.

Y por supuesto, no solamente musical, sino una dieta intelectual que, esto ya depende también en función del caso, pero por ejemplo, sería el reverso de lo que en el vídeo anterior consideré de lo impersonal frente a lo íntimo, pues sería darle más peso a lo impersonal que a lo íntimo. Entonces, por ejemplo,

3. Dieta intelectual ligera: lo impersonal

Estudiar cosas con un carácter más objetivo, con un carácter que apele menos a la subjetividad, a la identidad de uno mismo, a elementos existenciales, emocionales, amorosos, dramáticos, de la muerte o de lo que sea. Entonces, evidentemente, si usted está especializado, si usted es poeta, si usted es filósofo, si usted es artista, si usted es filólogo —incluso también en ciertas porciones de la filología—, puede ser más complicado. Cineasta o fotógrafo o lo que sea, puede ser más complicado. Pero en su caso también puede ser aconsejable, si lo cree conveniente, estudiar algo de matemáticas, algo de física, o lo más terrible que puede hacer: estudiar algo de ingeniería. Es algo muy objetivo, muy técnico, que le haga disociarse por completo de todas sus necesidades de tipo emocional, existencial. No por distracción, sino por darse cuenta de que también es una parte enormemente válida de la realidad.

Precisamente lo contrario de lo que hacía Tarkovski en el comienzo del vídeo que ya he comentado varias veces. Ahí aparece un poeta —precisamente en la película es Stalker, la más famosa, yo creo, de Tarkovski—. Tienes el poeta y tienes el físico, y es muy divertida la relación entre ellos, pero en ese vídeo me convenía poner la visión del poeta riéndose de los triángulos A, B, A prima, B prima, C prima en ruso, frente a las grandes cuestiones que a uno le podrían llegar a interesar, que en su caso son bastante banales, por cierto, como extraterrestres.

Pero bueno, precisamente la idea sería: si usted necesita una dieta blanda intelectual —que no es intelectualmente sencilla, es rigurosa, igual que la dieta de un hospital es rigurosa, pero es blanda en el sentido de que no te hace mucho daño—, pues eso, estudiar los triángulos, por ejemplo, se puede empezar por ahí. Y si no, si usted ya tiene más nivel, pues puede estudiar, por ejemplo, cómo ChatGPT desmintió la conjetura de Euler dos en el año 2026, que también ahí hay para rato.

Y en esto de la dieta intelectual, pues también entrarían las lecturas que uno tenga, o el tipo de cine, o lo que sea. Entonces, aquí básicamente el principio que a mí me es útil es irme a la menor identificación posible, lo más pasado

4. Lecturas clásicas lejanas

Posible, porque siempre existe una barrera muy grande y se convierte, se objetiva en algo diferencialmente distinto a nosotros y, por tanto, adquiere esa noción de menos íntimo, al menos en mi caso, irse atrás en el tiempo en la literatura.

Entonces, en lugar de leer un texto de un contemporáneo de usted, pues quizás sea mejor leer a alguien del siglo XIX, y mejor que alguien del siglo XIX, alguien mejor del siglo XVII. Y bastante mejor que del siglo XVII, leer a Homero o algún trágico griego, incluso a pesar de que sea trágico, o mejor a Aristófanes. Algo así. Cuanto más se va uno atrás en el tiempo, menos reactividad emocional existe y menos necesidad de grandes intensidades necesita.

Y por eso una tragedia griega es mucho más trágica cuando uno ve una película de Angelopoulos. Y ahí tienes a la Orestíada contenida de alguna forma en la historia de Grecia del siglo XX, pues es normal que quizás te apele más a ti, viendo todo cómo configuran los paisajes, cómo configura la sociedad, la historia, etcétera; es más fácil que eso te genere mucha apelación como espectador que si te lees La Orestíada. Pues es más difícil esa identificación.

Puede ser, en ese sentido, más conveniente en esa dieta, en esa dieta blanda intelectual.

5. Consciencia corporal

Consciencia física. Entonces, conectar más con el cuerpo, en lugar de la idea de que el cuerpo me sobra en cierto sentido, o el cuerpo es un mal inevitable, como yo decía. Bueno, sí, eso fue como comencé a interesarme por la filosofía, curiosamente, hablando con unos amigos.

Pues precisamente todo lo contrario, reivindicarlo como principio supremo. Y cuando uno tiene duda de su propia existencia y de qué coño está haciendo aquí, ah, consciencia física, que es toda una habilidad, realmente ser capaz de ser consciente de todas las partes del cuerpo, tener contacto con la naturaleza por el aspecto físico que tiene, no solamente por el aspecto más poético de fijarse en cómo la luz entre las ramas, etcétera, sino también cómo es la pisada tuya sobre la hierba, o cómo es la brisa del aire, algún aspecto táctil que te ancla y te libera de la consciencia, del tipo de consciencia mental.

Los budistas tienen seis tipos de consciencia: una es la mental, otras son las cinco de los cinco sentidos. Y de todas, la táctil es la más burda, y precisamente una persona que necesita grandes dosis de intensidad, que no puede alcanzar la sutileza de las otras consciencias, la consciencia que más le puede anclar la atención, en ese caso frente a la rumiación mental, es la consciencia corporal.

Entonces, bueno, es una propuesta, una propuesta también a desarrollar. En concreto, si están ustedes interesados, la meditación es una forma, la meditación de atención plena, Shamatha, calma y lucidez, que es básicamente centrarse —tiene varios estadios— pero básicamente centrarse en la sensación física, que es la respiración en la nariz o la respiración en el cuerpo, pues tiene una fase previa, que es aprender precisamente a desarrollar una gran sensibilidad por el aspecto corporal y físico.

Y el principio más sencillo es fijarse en cómo pesa el cuerpo. Y después vas escalando de cómo pesa el cuerpo a cómo la columna vertebral configura tu postura, después a la sensación de toda la piel del cuerpo, la ropa, la temperatura del cuerpo, etcétera. Y finalmente, ya lo más sutil, que vendría a ser la respiración. Y la respiración lo bueno es que te acompaña siempre, igual que el resto de tu cuerpo, entonces te permite anclarte y no entrar en esas espirales.

Entonces, todo eso es muy interesante. Yo no soy nadie para hablar más de meditación, pero de los aspectos más burdos sí, quizás. Entonces, bueno, también es interesante considerar estos primeros estadios de la meditación, que son los que a uno le pueden permitir más.

6. Logística y tareas cotidianas

Encaminarse a abandonar ese grado de dependencia de gran intensidad mental. Y análogamente con esto de pasar de un umbral muy burdo, como el cuerpo lo es, el peso, a la respiración, etcétera, es el paso de lo burdo a lo más sutil en las propias actividades diarias, como dije antes.

Entonces, básicamente, no necesitar leer un gran poema o hacer una actividad que, no sé, amar con una locura extrema o odiar con un poder extremo, o lo que sea que uno haga, sino conformarse con, y dedicar más tiempo y más atención a, como ya dije, tareas logísticas, desarrollar cierto gusto por realizar esas tareas que supuestamente engrisecen la existencia y que, sin embargo, son la condición sine qua non para que luego puedan haber esos picos de intensidad en otros momentos. Hasta el punto de poder después prescindir incluso de esos picos de intensidad y vivir en estado base siempre.

Entonces, de nuevo, anclarte a tareas cotidianas, más allá del trabajo. Extender el trabajo a prácticamente toda tu vida hace que se destierre, en la mayoría de los casos, esa sensibilidad. Tampoco es que sea eso lo que quiere lograrse, pero, de nuevo, hay que buscar el camino del medio entre estos puntos, cada persona tiene el suyo.

Y para que no se hagan aburridas mientras uno no está haciendo necesariamente otras cosas, como escuchar música o escuchar un audiolibro o lo que sea, pues la bajada de umbral de interés también viene del lado de, en el cine, por ejemplo, de tomas largas, como ya ha dicho Angelopoulos. Al que no lo conozca, pues Tarkovski, que es más famoso, o cualquier cineasta independiente europeo, prácticamente. Incluso entiendo que en cine, cierto cine hollywoodiense también.

Uno puede desarrollar, viendo cine, un interés especial por situaciones que de otra forma no ve, que cotidianamente no ve como tan interesantes y que adquieren una nueva luz tras la lente del fotógrafo, enmarcado con el montaje en toda la película.

Entonces, someterte de forma continua al cine a uno le permite que cualquier tarea fundamental, elemental del día a día, como sea desplazarte de un lado a otro con un transporte, en un coche, en lo que sea, limpiar unos retretes… Hay una película de Wim Wenders que va de esto. No es de un japonés que está todo el día limpiando retretes y ya está, eso es de lo que va. O fregando, o cocinando, pues con el cine se adquiere una forma de mirar que hace que eso en sí mismo sea una actividad bastante reconfortante, sin que necesite tener nada más detrás. Con que esa actividad en sí misma se desarrolle.

7. Descentralizar el yo: Altruismo

Ya es suficiente. Entonces es como una ayuda, un plus —digo, lo del cine— para conseguir que estas tareas logísticas a uno le resulten llevaderas y plenas.

Otro punto más sería como el carácter de la persona intensa y trágica es más solipsista, es más hacia adentro, es más para mirarse el ombligo que otra cosa; es centrarse en las otras personas, particularmente las personas que no compartan ese aire intenso y trágico, y participar en la medida de lo posible de actividades que no consideras tan acordes a tu interés, y muy particularmente los intereses de esas personas y sus necesidades, sin necesidad de tú poner el criterio de qué hace que esa necesidad realmente sea importante o no sea importante, sino escuchando más a la otra persona.

De esto vamos a continuar dentro de poco la serie del altruismo, vamos a hablar bastante, y tampoco puedo decir aquí nada mucho más interesante. Es algo que cada uno tiene que saber cómo hacerlo.

Otro aspecto más que también rema en la dirección de desinflar la

8. Encuadramiento del tipo psicológico

La necesidad de uno mismo de proyectarse la imagen de lo profundo y filosófico, existencial y demás y poético que es, es identificarse como tipo psicológico. Queriendo decir que en el momento en cual tu identidad se convierte en una casilla dentro de un diagrama completo de personalidades, se te quita un poco la creencia de que eres tan especial. Entonces, las personas que estamos o que hemos estado muy en general, muy en particular en este ámbito de lo trágico, tendemos a sentirnos especiales, sentirnos dotadas de una excepcional sensibilidad, etcétera.

Entonces, ahí ayuda mucho encuadrarse dentro del panorama y darse cuenta de que cada persona, por su condición, tiene sus ventajas y desventajas, pero que uno es, de entre dieciséis posibilidades, una. No es uno versus los demás, no. Es que tú eres uno de los dieciséis tipos que científicamente te puedan decir si coges los Big Five y hablas de si eres neurótico o menos neurótico, abierto o poco abierto, lo que sea. O si no te gusta de forma tan supuestamente científica, que bueno, yo no sé por qué eso es más científico, no sé, me da sus motivos. No sé por qué eso es más científico que el eneatipo.

Bueno, pues yo, por ejemplo, tirando del hilo pseudocientífico del eneatipo de Claudio Naranjo, pues para el que no sepa, es otra clasificación de la personalidad, pues a mí me ayudó enormemente encuadrarme dentro de una de las nueve que sería cuatro, encuadrarme ahí y darme cuenta de que yo es que estos patrones son exactamente los que digo: «Mira y mira, esta persona, esta persona, esta persona, famosos a lo largo de la historia también lo tuvieron». Y más bien fue una limitación esta personalidad que lo que les dio el poder para generar esas obras o lo que fuera. Muchas veces cuando uno se da cuenta de que está en ese tipo, se da cuenta más de las limitaciones porque se da cuenta de lo que los otros tienen que él no tiene, y viceversa.

Entonces, bueno, también veo útil no sentirse tan especial, sino darse cuenta de que muy a menudo nuestros cerebros están bastante bien sincronizados. Y esto, por ejemplo, suele ser básicamente en el análisis de los Big Five, personas abiertas y con alto neuroticismo. Y en las dos cosas ayudan todos los puntos que hemos comentado hasta ahora. Y finalmente, el que puede ser más interesante, junto con este último,

9. Revalorización de la felicidad

Que va muy ligado a valorar realmente la felicidad como algo a querer perseguir, algo con lo que uno quiere compartir su vida, que quiere tener una vida feliz, satisfecha, pacífica o lo que sea. Porque, como hemos dicho dentro del apartado anterior de este tipo de personalidad, este tipo de personalidad muy habitualmente puede desarrollar un cierto desprecio por la satisfacción y la felicidad que ve en los demás, por considerar superior una forma supuestamente más elevada de concebir la existencia, que no pierda matices en torno al sufrimiento, o en torno a lo existencial, o en torno a lo sublime, o en torno a lo que sea.

Entonces, de nuevo, en la película, el poeta es una persona que está continuamente fatal, está terrible, y sin embargo está obsesionado con la poesía, que es lo que hace que no dé un palo al agua, porque de alguna forma le da igual la felicidad. Lo que le importa es, aunque va transitando después en esa idea, la película. Pero desprecia, en cierto sentido, la felicidad por considerarla algo secundario.

Y sin embargo, digo lo de valorar la felicidad también por la utilidad que tiene en relación a precisamente lo que hemos dicho antes de reducir filtros, reducir parcialidad, reducir distorsión. Cuando uno está más satisfecho, cuando uno está más feliz, no tiene necesidad de compensar con tantas cosas y, por tanto, puede ver con una mirada más amplia, más clarividente, una apertura sin neuroticismo, una sensibilidad que te permita conectar con todos por igual, sin necesidad de estar mediado por un torrente emocional identitario, egocéntrico, como lo es el de rechazar, en cierto sentido, la felicidad para ser una persona muy profunda y trágica.

Entonces esto también, a mí me fue de mucha utilidad en el caso del budismo, que le da una preponderancia muy grande a la felicidad. Al principio me chirriaba. Decía: «Bueno, ¿y por qué? ¿Por qué esto es así?». Me sonaba a autoayuda. Las personas así pueden despreciar mucho la autoayuda, precisamente. Pero precisamente de ahí se puede sacar algo. Es decir, darse cuenta de que eso te puede convertir —no necesariamente, pero te puede convertir— el hecho de ser una persona satisfecha y feliz y que se autoayuda con cosas bonitas y rosas, que el budismo no tiene nada de eso.

Pero bueno, incluso en el caso de la autoayuda, te puede permitir vivir una vida en la cual no generes más sufrimiento de la cuenta a tu alrededor, que eso no tiene nada de resonante con la realidad. Eso lo que es es putear a tu entorno, que no sirve de nada.

Cierre

Así que hasta aquí este vídeo tan enfocado en este tipo de personalidad. Quizás se haya sentido como una homilía extraña. Es un tipo psicológico que conozco bien porque he vivido en él a lo largo de muchos años y no creo que únicamente por la juventud, porque no he conocido a tantas personas que sean como yo a lo largo de todos esos años.

Pero como tiene una condición que creo que es de equilibrio estable, como dije al principio, a veces es difícil salir de ese paradigma y darse cuenta de que puede haber mucho valor fuera. Así que, aunque sea a las pocas personas a las que esto les puede haber resultado de utilidad, espero que así lo haya sido.

Y nada, ha sido todo por hoy. Nos vemos en el próximo vídeo.

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