Del fetichismo del libro a una nueva dialéctica

Introducción

Hoy vamos a hablar sobre la lectura y, cómo no, última vez fui poco original, vamos a utilizar como excusa Platón, pero trayéndolo a nuestro presente, evidentemente, para ver si podríamos por fin quitarnos de la lectura de los libros sus venenos, esos venenos ya diagnosticados por Platón, gracias a la inteligencia artificial, que quizás nos permita recuperar las supuestas bondades de la dialéctica, que es donde surgen las verdaderas cualidades del pensamiento.

Aunque lo malo es que esto de dialéctica ya se ha convertido en un término que utilizan círculos muy endogámicos, justamente lo contrario de lo que querríamos. Como vais a ver, me voy a referir a algo diferente en este vídeo, algo en lo que entra de lleno una cualidad emergente de la inteligencia artificial realmente interesante.

La escritura/lectura: el remedio-veneno

Decía Unamuno que cuanto menos se lee, más daño hace lo que se lee. El que solamente ha leído Mein Kampf, o el que solamente ha leído el libro rojo de Mao, o lo que sea: si solamente has leído un libro, lo más probable es que te impacte de una forma que, dado que no tienes más universo, tu único universo intelectual es ese, te quedas con lo primero que ves, te crees que es la panacea. Como decía Maslow, el que solo tiene un martillo solamente ve clavos. Intenta utilizar su herramienta para todo, a veces con conclusiones realmente catastróficas.

Esta frase de Unamuno, que por cierto tiene ya toda una tradición detrás desde Santo Tomás, también, por supuesto, se aplica al que lee siempre muchos libros que en realidad son uno mismo: el que únicamente se informa dentro del contexto de una ideología, o el que siempre lee una novela que es del mismo tipo, porque solamente lee un tipo de libro de autoayuda. Evidentemente, serían los casos paradigmáticos de esto.

Pero esta frase de Unamuno es muy trivial. Lo que realmente es interesante es decir que cuanto más se lee, más daño hace lo que uno lee, porque esto también es cierto. Es muy habitual. De hecho, es la consecuencia natural de una lectura muy abultada, que habitualmente ese conocimiento acumulado —si es que está acumulado, en el caso de un erudito— pues que haya un grado crítico de rendimientos decrecientes a partir del cual el próximo libro que lees no sirve absolutamente para nada, no aumenta nada. Tienes mucho más de lo que hablar, pero realmente no te transforma como persona.

Obviamente, aquí la crítica fácil es decir que en qué queremos transformarnos. Eso no es algo fácil, y por eso hay que leer mucho, pero realmente no es cierto.

En un determinado punto, la cantidad de lecturas que añades son por puro entretenimiento, y el elitismo de considerar que si lees cien libros al año en lugar de cinco es la pura demostración del daño que te están haciendo esos libros. Todo se convierte en un enciclopedismo no transformativo, una acumulación por la acumulación. Pasa a ser ruido, no hay filtrado.

Y, por supuesto, a base de lecturas es complicado realmente decir, excepto en unos pocos campos concretos, que uno pueda alcanzar un saber verdaderamente profundo.

El caso es que, por supuesto, se podría profundizar mucho más en esta crítica concreta a la lectura, pero hoy vamos a hacerlo desde un marco diferente: un marco que, como digo, nos ofrece como excusa Platón. Aquí tengo que meter citas continuamente, porque no hay manera en Occidente de comunicarse a un cierto nivel si no es aplicando citas. Aquí vamos a utilizar el juego para subvertirlo, por supuesto. Igual que Platón, que detestando la escritura y la lectura, que es su conjugado natural, sin embargo nos ha legado una obra realmente brutal, obviamente.

Lo más célebre que dijo Platón acerca de la escritura —por tanto, de la lectura, que por cierto se practicaba de una manera muy diferente en tiempos de Platón: todavía tenía un carácter más oral, porque te leían el libro en cuestión— era—

Esto de la lectura en silencio privada es un invento tardoantiguo que se documenta, creo que por primera vez, en las Confesiones de San Agustín, que está muy asociado a los inicios del cristianismo, lo cual es fundamental para entender la diferencia entre cómo nosotros y cómo los clásicos realmente entendían tanto sus obras como la lectura en general.

Pero no vamos a perdernos. El caso es que en estas dos obras de Platón, en el Fedro y en la Carta séptima, Platón tenía una serie de críticas diversas. La menos interesante y quizás más famosa, que es la que se narra en el mito de Zeus, es la de la pérdida de memoria cuando delegas en un soporte externo, en el alfabeto y las obras que surgen a partir de él, el libro. De nuevo, son a la vez cierto remedio para la memoria, pero a la vez se convierten en un cierto veneno: este juego entre el veneno y el remedio del pharmakon es muy famoso.

Entonces, básicamente, Platón comprende la escritura como una forma de pérdida de esa memoria y, por tanto, si asociamos la memoria como algo necesario para poder traerte en todo momento lo que necesitas para tus razonamientos, para tu argumentación, para tu filosofía, pues evidentemente esa pérdida es importante.

Esto se puede ver en muchos frentes. Evidentemente, ya había habido una pérdida importante de esa capacidad para tiempos de Platón. Por ejemplo, él se ríe mucho de los rapsodas. Cogen las obras de Homero, las memorizan, pero realmente todo lo que fuera pensamiento quedaba en la propia obra, y estos rapsodas solo funcionaban como una correa de retransmisión de lo que en otro momento había pensado otro señor, por ejemplo, Homero. Y Platón, por ejemplo, no quería que pasara lo mismo con sus obras, supuestamente. Cosa que naturalmente acabó pasando.

Pero si estos rapsodas ya daban pena desde la perspectiva de Platón, al menos tenían una cierta memoria religiosa, desde nuestro punto de vista actual. Desde que tenemos la imprenta, la capacidad de memoria que tenían estos rapsodas —o después los juglares, que sí que tenían más creatividad— se ha perdido por completo. Lo que los juglares medievales podían memorizar era una absoluta locura. Desde la imprenta esto cambia por completo, y también desde Internet.

Con respecto a esto no voy a hacer más énfasis, porque en primer lugar ya he dicho que no me parece tan interesante, no es por aquí por donde vamos a ir, y en segundo lugar porque el primer escrito que publiqué jamás en la red se llama precisamente Platón, Internet y la memoria, o algo así.

Es un texto que tampoco es muy bueno, pero como tengo que autopublicitar mi página web porque nadie entra nunca, pues ahí está, quien quiera pues lo puede leer. Es un escrito malo, evidentemente. Lo escribí cuando tenía quince años, así que no se puede esperar mucho.

El caso es que la segunda crítica, la que nos interesa hoy, es la que en el Fedro se deposita de que la escritura está muerta, no puede responder a tus preguntas, puedes hacer con el texto lo que te dé la gana, cualquier interpretación aberrante. El texto, en función de en las manos en las que caiga, va a suscitar unas interpretaciones u otras, pudiendo caer completamente en saco roto. Y en general se torna, como es inerte y por naturaleza no puede haber una refutación, un ajuste en función de las críticas que tú crees que son válidas efectuarles al texto o lo que tú crees que es un acierto en el texto, que en realidad no era la intención inicial.

Todo esto a Platón le resulta muy importante y es el motivo que argumenta que jamás va a poder poseer la escritura y, por lo tanto, ni la lectura, y por tanto es necesaria la oralidad, la dialéctica, el debate, el toma y daca socrático, que él intenta imitar, pero naturalmente no lo consigue, porque sigue siendo un libro. Este toma y daca en el cual surge realmente el pensamiento, porque ves que le puedes razonar y que no.

Obviamente, esto es una visión muy mitificada. Es la visión que le gusta a Platón decir, pero lo malo de la oralidad lo podemos ver por todos lados. Él mismo, el propio Sócrates criticando a los sofistas, es el mejor ejemplo. Pero ya sabemos que Platón es un cachondo, no sabemos lo que piensa realmente, no sabemos si es irónico, si no es irónico, porque él es el mismo ejemplo de que es interpretable para un sentido o para el otro. A él mismo le gusta esa ambigüedad, o al menos así lo interpretamos ahora mismo, porque claro, siempre es mejor ver un autor de manera no naíf, siempre ironizando, que verlo simplemente por su primera apariencia.

Entonces, con Platón evidentemente es quizás el caso paradigmático de sujeto al cual se le han hecho todo tipo de perrerías, porque en buena medida él parece incitar a eso. Si no, no haría esas putadas como hace en el Protágoras, de que la visión que Sócrates tiene al principio y la que Protágoras tiene al final es la que Sócrates tenía al principio. Te das cuenta de que no hay límite entre el sofista y el no sofista y en la propia escritura también.

Es lo que queremos pensar, que aunque en el Fedro hay una cierta visión de la escritura que es esta, que es de la que vamos a tirar de…

Saber esotérico y experiencia

Ese hilo, después, para hablar acerca de esto del escrito muerto y confrontarlo con lo que puede hacer una inteligencia artificial hoy en día. Se supone que queremos pensar que lo que escribió en su carta séptima, que es una carta, no es un diálogo, no estaba configurado igual que esos diálogos, lo que escribe en esa carta séptima, de que jamás nadie en su sano juicio podría escribir sus enseñanzas reales o su sabiduría más profunda y seria en algo escrito, sino que tiene que ser estrictamente oral, porque en cierto sentido se necesita una experiencia directa que parece solo ser transferible, en cierto sentido, en esa oralidad, en esa relación del maestro y discípulo, que en la antigua Grecia es omnipresente, que también es fundamental en otras tradiciones, en la India es muy claro.

Básicamente, valorar por encima el saber esotérico, el de dentro de la academia, y considerar que lo que nos queda, sus diálogos, son una especie de folletines, propedéutica, que se esparcían fuera de la academia para atraer a aquellos que fueran capaces de soportar estas aporías, estas contradicciones, o simplemente diálogos en los cuales no se llega a una conclusión, sino que simplemente han rizado el rizo para volverte loco.

Que, por supuesto, esta visión de él, los diálogos como esa propedéutica, que es una visión que tienen ciertos académicos, es completamente opuesta a la visión que tienen otros académicos, porque con Platón se puede hacer lo que sea. En un mismo escrito cabe todo. Y para que no quepa todo hace falta la oralidad y la dialéctica, supuestamente.

Igual, de nuevo, como digo, en las tradiciones indias es muy clásico, hay una gran sospecha en la tradición budista hacia las escrituras. Luego realmente no es así, pero bueno, en principio hay una sospecha a las escrituras desde el propio Buda, pero toda la tradición, por ejemplo, en el budismo tibetano, evidentemente la relación con el maestro es la única fuente real de la que puedes obtener algo de valor, más la experiencia directa, que es algo que el propio Platón también valora. No es que también valore, es que es lo único de lo que puedes obtener una sabiduría, y no de un libro.

Esta experiencia directa no tenemos ni idea de lo que era para Platón porque no lo escribió. De otras tradiciones, como la de los budistas, que eran más prácticos, a pesar de que obviamente hay enseñanzas que no se pueden compartir supuestamente, como el Vajrayana, dentro del budismo tibetano, pero del Buda, por ejemplo, aunque sus enseñanzas sean orales, él no habría tenido ningún inconveniente en que fueran escritas, sabiendo y haciendo énfasis en que la verdad es inefable y que hace falta la experiencia directa, en el caso del Buda, de la meditación, para llegar a una verdad que tenga el más mínimo sentido, porque si te quedas con las palabras, eso es proliferación conceptual, eso sirve de muy poco.

Y evidentemente, el fetichismo que tenemos con los libros en Occidente rema en la dirección opuesta. Pareciera que un libro te puede llevar a algún tipo de experiencia de la sabiduría. Y, sin embargo, por ejemplo, para el budismo, esto no es así. Esto es algo que a mí me impactó de lleno hace algunos años y transfiguró por completo mi visión de la lectura. Pero, de nuevo, el propio padre de la tradición occidental también pensaba así.

Y en la tradición cristiana, naturalmente, tenemos ejemplos también. Jamás podrán llegar a una experiencia mística miles de tratados sobre escolástica, como bien también dijo santo Tomás de Aquino, que, en una amarga ironía para él, dejó de escribir de repente su suma teológica porque tuvo una experiencia mística y dijo que todo lo que había escrito era paja. Todos sus libros, todas sus obras eran paja.

Pero el caso es que, hasta aquí, seguimos en una torre de marfil, en la torre de marfil del que, en sus enseñanzas esotéricas, dice que las escrituras que puede venderle a los demás, enseñar a los demás, en realidad son meras migajas para que se introduzcan. Esa visión, que sigue siendo elitista, de la experiencia directa, supuestamente no es en la que vamos a profundizar hoy, porque creo que hay un aspecto mucho más práctico, y a mí me interesan este tipo de aspectos también: nuestro modo de relacionarnos con los escritos, con las escrituras.

Me gusta esto de las escrituras, porque convertimos textos de Cicerón o de Aristóteles o de Ana, de la editorial Anagrama, en verdaderas escrituras sagradas, en lugar de ser un poco más realistas con ellos. Pero el caso es que todos los seres humanos, pertenezcamos al grupo de los que han leído o hemos leído un solo libro —pertenecer nos hace mucho daño—, o pertenezcamos o no pertenezcamos al grupo de los que leen muchos libros, todos nos encontramos con un problema. También los que no han leído ni un solo libro en su vida y que han sido analfabetos. Es un problema general del ser humano. Me refiero al problema de las burbujas de información, al hecho…

Libros y burbujas de información

El cerebro humano parece muy eficaz en ser capaz de identificar como ruido todo lo que no pertenece a nuestra esfera de influencia inmediata, queriendo decir esfera de influencia inmediata, algo genérico. Por ejemplo, una persona que se informe continuamente acerca de los mercados financieros globales puede decir que no es algo que, de forma inmediata, le afecte a lo que le va a ocurrir hoy por la tarde, pero sin embargo lo ha convertido, y su cerebro lo interpreta como tal, en su esfera inmediata, a pesar de que afecta a todo el mundo.

Un astrofísico está estudiando todo el universo, pero sin embargo está en esa burbuja concreta de no tener en cuenta otros fenómenos completamente diferentes, como por ejemplo los mercados financieros a nivel global. Y el que es un campesino, un agricultor, tiene un conocimiento muy especializado de lo que le da de comer y de lo que le interesa en su vida privada, y no lo demás.

Esto es un fenómeno no-normal, natural, burbujesco, pero que excede mucho la obligación natural que tenemos de, al estar acotados en un tiempo y un lugar determinados, en unas circunstancias concretas, excede mucho, digo, el grado de burbujismo en el cual nos implantamos, a lo que podría ser si, aun compartiendo esas mismas circunstancias, nos encontráramos abiertos al diálogo.

Entendido diálogo, no algo naíf, honestamente, como un Jürgen Habermas o estos republicanos —refiriéndome al republicanismo político, no al de que no haya un rey—, de: «No, la democracia tiene que ser una asamblea en la que todos discutimos». Eso me parece un gran delirio. Me refiero a diálogo como salida de estas burbujas.

Y diréis: «Bueno, y ahora mismo te acabas de ir a esto y no tiene mucho que ver con lo que hemos estado hablando en todo momento acerca de la lectura». Pero lo que quiero afirmar es que el libro funciona como una manera de autoconfirmación extrema. Es una galvanización, funciona como un catalizador de estas tendencias que nos hacen absorbernos en una forma concreta de interpretar el mundo.

Y uno visita una librería concreta donde solamente se venden libros de izquierda, o una librería concreta donde solo se venden libros de una secta concreta del budismo —llamo secta a los nuevos kadampas—, o liberales, lo que sea, nos da igual. El caso es que lo que se considera culto, lo que se considera intelectual, lo que se considera sabio, lo que se considera algo de valor en ese contexto concreto, viene dado única y exclusivamente por las lecturas comunes que en ese círculo se comparten.

Otro ejemplo claro sería el erudito, el erudito extremo, que necesitado de todo tipo de citas acerca de un rey coreano, o de pronunciar exactamente como debe ser tal frase en náhuatl, o lo que sea, cualquier estupidez, de esa manera consigue esa validación en su círculo concreto.

Todos hacemos esto. Esto es una crítica, obviamente un anime también, pero aun así hay que hacerla, porque hay que insistir en los mismos conceptos una y otra vez. He criticado a la industria cultural, pero también a la antiindustria cultural, porque la antiindustria cultural cae en los mismos errores.

Había dicho que esto iba a ser práctico y efectivamente es práctico, porque esto nos hace un gran daño a nivel político. Por ejemplo, tomemos el ejemplo del liberalismo, que también es un clásico ya de este canal. Siempre tomo el liberalismo no porque lo crea más inconveniente que el socialismo, que por supuesto que no, sino porque lo conozco más. Y es una burbuja en la cual he estado inmerso y, por lo tanto, como lo conozco algo más, me siento más cómodo, aunque es extrapolable a miles de ámbitos.

Pues bien, supongamos en ese círculo. Ahí uno va a tener sus lecturas, su Ludwig von Mises, que utiliza un método supuestamente dialéctico, por supuesto, contra los socialistas. También puedes escuchar vídeos y conferencias antisocialistas. Incluso puede haber ciertas críticas internas, pero aun así lo vas a hacer siempre, naturalmente, desde la lógica de los textos del muerto que estás leyendo.

El esfuerzo mental, el hecho de leerlo, es uno que a menudo te va a incapacitar en el mismo momento —a menudo, no siempre, por supuesto— de encontrar los problemas a lo que te está presentando esa persona, porque el libro siempre es una forma de, a pesar de que sea la misma persona con la cual tú, después hablando, sientas que no es muy inteligente, en el libro siempre una persona parece muy superior intelectivamente a lo que en realidad puede ser.

Tiene ese aura. Tenemos ese fetiche hacia el libro que nos hace, si estamos en un determinado círculo, autoconfirmarnos enormemente en que la tesis de ese libro es válida, o, en base a nuestro propio prejuicio, encontrarle la traba inmediatamente y desecharlo, como haríamos, en ese caso, con Marx o un pensador socialista o comunista marxista en general.

De manera que se forman estas burbujas ridículas en las que suele haber una retroalimentación que, de nuevo, solamente galvanizan esos sesgos y los convierten en aún más rígidos. De manera que el libro, entonces, como inerte que es, se convierte en un reflejo inmediato de ti mismo.

Y hay ese juego de que, aunque el que está pensando es el otro —porque tú simplemente estás pasivamente recibiendo la información, a diferencia de un diálogo, donde tú naturalmente tienes que participar—, a pesar de que tú eres pasivo, en realidad estás proyectando sobre esa materia inerte de escritura tus propios prejuicios, que pueden ser muy acertados.

No significa que no tengas que desechar un texto objetivamente malo, o aceptar un texto objetivamente bueno, pero realmente genera unas dinámicas de endogamia que son las opuestas a las que, desde la perspectiva de un Platón —o, sin duda, al menos desde mi perspectiva—, son las que configuran un pensamiento genuino, que siempre requiere de una constante confrontación.

Constante. No es leer un argumento y luego otro en un libro. Esos argumentos pueden ser para cosas que no son las que tú creías; esos argumentos pueden ser objetivamente tontos, o incluso, aunque esos argumentos sean objetivamente tontos, el hecho de que tú —yo, en este caso— esté llamando esos argumentos tontos es porque, en cierto sentido, los has sacado de su contexto.

Aquí pongo un ejemplo.

Mi ejemplo con La República de Platón

De esta confirmación del sesgo previo que se proyecta sobre un texto inerte y que encima guarda toda la ironía de lo que venimos hablando hoy, de Platón y del diálogo y de la dialéctica. Una vez yo, hace un mes aproximadamente, salido de unos días de aplicación intensa a la meditación budista, vamos a decir, y muy afectado por esa manera de percibir la realidad. Como recordáis, os he dicho que para el budista una fuente escrita, excepto si es budista, aunque el Buda dijera lo contrario, al final no es así, suele pertenecer a un ámbito de la proliferación conceptual, algo que no es útil y que es ruido.

Por salir un poco de esa cámara de eco en la cual me encontraba, decidí tomar la República de Platón, que lleva años sin leer a Platón. La República nunca la terminé. Es de los diálogos principales el único que no leí, seguramente por ser el más largo, simplemente. Y las leyes tampoco las intenté.

Pues me puse con él y rápidamente, al leerlo, me di cuenta, o desde mi perspectiva en ese momento, me parecieron estúpidos los razonamientos de todo el libro primero, tanto por un lado como por el otro. La argumentación me parecía enormemente chistosa. Podía ser interesante desde un punto de vista estético, pero lo estético, en un momento en el cual estás tan influido por el budismo, se queda corto, quieres algo más, algo más de chicha. Y todo parecía un seudorazonamiento.

Trasímaco parecía un gran muñeco de paja. Trasímaco, para el que no sepa, pues venía a ser como un Nietzsche inoculado por el propio Platón en su República, en el primer libro, que funciona muy bien, como yo creo, como muñeco de paja, porque realmente, a pesar de que podría ser un personaje que podría explotarse para llegar a conclusiones muy interesantes, pues se hace ese muñeco de paja. Eso percibí yo, al menos al momento.

El caso es que yo ya iba con ese sesgo a la hora de abrir la República de Platón, de que es un texto inerte que no me va a poder responder a las objeciones. Y entonces, debido a eso, pues me siento más legitimado aún a hacerle objeciones mentalmente y salir triunfante, salir victorioso. ¿Cómo puede decir esto Platón? Yo soy mucho más inteligente, claro. De nuevo, el propio Platón no puede responderme, como es evidente, de manera que yo puedo hacer con su texto lo que quiera. Por ejemplo, considerar que Platón es un retrasado mental y que toda la filosofía occidental está construida en base a puro barro. Una conclusión propia de una persona de doce años, aunque tenga su punto de verdad.

El caso es que entonces, dándome cuenta, digo: «Bueno, vamos a ver. Dado que el propio Platón estaría en desacuerdo con esto que estás haciendo con mi texto, y por eso lo escribí de tal forma que se vea que realmente no puede ser una conclusión seria a la que yo llegue, o al menos eso se interpreta, porque si de verdad es seria La República, entonces yo ya no sé qué es serio y qué no es serio», pensé en la inteligencia artificial, en preguntarle a la inteligencia artificial por qué La República, por qué el primer libro y segundo libro, que son los que leí en ese momento y ya no pude más, porque dije: «Estoy perdiendo el tiempo», por qué son tan venerados y ahora mismo a mí, que vengo con este sesgo y esta arrogancia, me parecen tan malos.

Y en ese momento la inteligencia artificial empieza a hablar conmigo acerca del tema, Gemini 3.1 Pro, concretamente. Rápidamente, en una conversación de veinte o treinta minutos, me convence. Ciertas cosas son completamente falsas y son razonamientos estúpidos por su parte, pero, sobre todo cuando intenta defender literalmente el argumento de Platón, no funciona. Pero cuando, en cambio, de lo que se trata es de transmitirme por qué es tan importante ese argumento en el contexto de Platón concreto y me justifica, me contextualiza la situación de Platón y también en relación a la historia de la filosofía.

Claro, leyendo ahí en ese momento a Trasímaco, das por hecho que su visión es infantil y que es insostenible. Pero bueno, es cierto que no podemos separar lo que vendrá mucho después con Maquiavelo y demás de esa visión, o del propio Nietzsche, naturalmente.

El caso es que, como digo, lo que no está consiguiendo Platón en ese momento por sí mismo, porque sus letras están muertas, no pueden defenderse de mis críticas contemporáneas concretas a él. Lo mismo me daría si fuera un autor contemporáneo, porque de todas formas no puede responderme en el momento de la lectura. Gemini 3.1 Pro, a pesar de sus inconsistencias internas y de sus razonamientos torpes, sí lo consigue. Sí lo consigue mejor que Platón, que es el filósofo, mejor filósofo de la historia de la humanidad, supuestamente.

De manera que con la inteligencia artificial acabas hablando sobre La República y sacando más en provecho que lo que sacarías si estuvieras leyendo la propia República. Porque sea que partas del sesgo del que yo partía en ese momento, de que La República era una basura, como si partes de la contrariedad de que La República es una maravilla, cosa que por supuesto también convivía dentro de mi propia mente, hagas lo que hagas, va a ser diferente a debatir con una entidad inteligente que te permita ver la propia inconsistencia de tu argumento al mismo nivel al que ves la inconsistencia del argumento del otro. En ese proceso dialéctico en el cual tú propones una tesis, que a menudo va a ser en contra del texto que tienes delante o a favor, si estás en esa cámara de eco, de retroalimentación. Preguntarle a

La antítesis: la inteligencia artificial

La inteligencia artificial es la antítesis directa de tu visión, a menudo va a funcionar mucho mejor que simplemente leer un texto socialista si eres liberal o un texto liberal si eres socialista, porque puede atacar exactamente los puntos en los que tú crees que eres fuerte. Y en esto tendremos que admitir que, como pocas veces hay verdades absolutas en algo que no sea ciencia, a menudo va a haber una forma de matizar al menos nuestra postura, sea la que sea. De manera que la inteligencia artificial siempre va a tener una herramienta para conseguirlo.

Y además, la inteligencia artificial cumple que, ya lo han hecho en varios estudios, los comenté en su momento, en general ha demostrado ser más convincente para un ser humano acerca de la visión opuesta que otro ser humano. Es decir, si estás debatiendo con una inteligencia artificial sobre que te convenza de un tema en el cual tienes una opinión diferente de la inteligencia artificial, es más probable que te convenza la inteligencia artificial de esa visión opuesta a la tuya que otra persona. Esto lo dijo ese estudio hace un par de años o un año y medio, y eso que era con ChatGPT-4, que era realmente patético en relación a Gemini 3.1 Pro y en relación a los modelos del futuro cuando tú me estés escuchando, Gemini 3.1 Pro será una bazofia.

Y no solamente son mejores convenciendo, sino que además no tienes el obstáculo que tienes, porque claro, puedes decir: «Bueno, no tienes por qué debatir con la inteligencia artificial, puedes debatirlo con otra persona, que no tiene que ser el autor del libro, pero que puede ser una persona que conoces a la que le interesen los temas». Pero, en primer lugar, no es fácil, ni posible, ni viable encontrar personas con las que puedas debatir de temas, todos los temas que a ti te interesan exactamente. Y en segundo lugar, aunque puedas hacerlo, vive en esa cámara de eco en la que tú también vives. Mientras que una inteligencia artificial no tiene ese problema de la experiencia concreta, no es ella y su circunstancia, sino que puede amoldarse al círculo que tú quieras. A esto vamos a ir en un momento.

Pero también hay que decir que además las personas suelen ser reticentes a explorar ciertos temas peliagudos, en los cuales no quieren meterse. En primer lugar, porque no solemos tener tanto conocimiento, tantos datos con los cuales apelar a cualquier cosa que nos venga. Y en segundo lugar, porque evidentemente explorar un tema que pueda ser delicado, político por ejemplo, o geopolítico, no es del gusto de todos, y además las personas estamos muy inclinadas a la tranquilidad: «Déjame, no vamos a hablar de eso». Pero la inteligencia artificial siempre va a estar ahí para que le des la turra y te dé la turra a ti también.

De manera que se crea una nueva forma de generar una oralidad dialéctica, ese toma y daca socrático, de una manera en que, honestamente, nunca antes en la historia de la humanidad, por mucho que fueras un filósofo en la antigua Atenas, con todos los otros sofistas y filósofos con los que podías debatir, seguías anclado a unas circunstancias muy concretas. Y la inteligencia artificial, si bien tiene todo el contexto de los seres humanos, no puede salirse de esas circunstancias concretas, no puede utilizar circunstancias del año 2400 ahora mismo. Aun así, puede jugar entre esas burbujas, cosa que nosotros no podemos hacer, de manera muchísimo más eficiente.

En definitiva, lo que estoy proponiendo es que antes de leer libros, o más que leer libros, o mientras lees un libro, le pidas a una inteligencia artificial que, acerca de lo que estás reflexionando al leer ese libro, o antes de leer ese libro, o tras leer ese libro, o ya ni siquiera te haga falta leer el libro, le preguntes y le digas: convénceme de aquello opuesto a lo cual yo creo ahora mismo. Y si ves que no da con ningún tipo de argumento que te convenza, puede ser que estés realmente en una posición muy sólida.

Evidentemente, esto en la ciencia ocurre, pero incluso en la ciencia se puede hacer, puedes hacerle el reto de pensar. Por ejemplo, yo siendo estudiante de Física, puedo estar muy convencido de saber demostrar por qué la Tierra gira en torno al Sol y no viceversa, pero a poco que me dé un argumento geocéntrico terraplanista mínimamente interesante, me lo va a desmontar, por mucho que sea falso. Puedo hacer que juegue ese juego sofístico incluso con verdades, y ningún ser humano puede conocer todos los factores por los cuales nosotros creemos científicamente en algo y no en otra cosa. Es muy interesante. Pero claro, puedes utilizar la ciencia de forma puntual, pero tienes que poner un límite.

En cambio, en campos en los cuales aseverar algo sí que tiene unas consecuencias brutales y nadie puede afirmar que esa aseveración tiene realmente consistencia, a diferencia del caso de la ciencia, es muy importante. Puede cambiar de forma radical cómo opinas, cómo ves el mundo desde un punto de vista político o incluso, honestamente, de la religión. A mí me ha pasado con el budismo. Es importante desmitificar para saber todo el panorama, no solamente tragarte lo que viene de una burbuja concreta.

El caso es, como digo, la inteligencia artificial es muy buena en esto. Quizás demasiado buena, y a veces eso se ve, por ejemplo, con Gemini, que realmente se mete en el papel mucho, que a veces es completamente excesivo. Si le dices que te lleve la contraria, te va a llevar la contraria de las formas más absurdas. Se mete en el papel totalmente. Creo que precisamente porque Gemini no está muy bien optimizado, no está muy bien fine tuneado, como se diría, para la conversación, honestamente. Tiene muchos conocimientos, está optimizado para ciertas cosas, pero para otras no.

Pero en concreto esto, a pesar de que se puede ver como algo negativo, se puede ver como algo positivo, en el sentido de que el hecho de que se meta tanto en el papel, si le dices: actúa como un liberal, actúa como un socialista, actúa como un budista, por poner estos ejemplos que estoy explotando en el vídeo, lo va a hacer muy, muy bien.

El estudio sobre “emociones” de Anthropic

El motivo no es muy de extrañar. Sabemos cómo funcionan estos modelos. En el preentrenamiento, literalmente, les preparamos para que respondan dentro de un texto, autocompleten como lo haría un ser humano, que sean predecibles a la manera en que somos predecibles los seres humanos. Entonces, es normal que de una manera textual se comporten como seres humanos. Pero aunque esto es cierto, no deja de sorprendernos.

Por ejemplo, estudios como el de Anthropic explican bien este comportamiento, este estudio que publicaron en marzo de 2026 sobre las emociones en sistemas de inteligencia artificial. Muy interesante, honestamente, a mí me gusta mucho lo que aporta siempre Anthropic. Ya sé que ahora está de moda, todo el mundo habla de Anthropic, y ya parece que como está de moda tú no puedes hablar de Anthropic. Pero es que está muy bien, honestamente.

En este estudio, básicamente exploran cómo cambia realmente la forma de actuar la inteligencia artificial en base a un contexto u otro. En nuestro caso, va a ser básicamente que si le pides que piense como un liberal para refutarte a ti como socialista, va a activar en sus pesos un montón de cosas que le van a hacer realmente actuar como si fuera liberal. Se va a convertir en liberal. Prácticamente todo lo que hace va a converger en ese espacio vectorial en el cual se guardan los tokens hacia todo lo que en el preentrenamiento ha visto que tiene asociado eso que es predecible en la forma de pensar, en la forma de razonar de un liberal.

Ya digo que ellos lo hacen con el caso de las emociones. Entonces, por ejemplo, si tú sobreponderas el peso asociado a calma, tranquilidad, paciencia, y le pones a trabajar en reparar un código que está roto, es curioso, porque no solamente es que le has dicho que sea más paciente y te hable con más tranquilidad, sino que literalmente cuando se pone a resolver el código va a tender a no buscar soluciones fulleras. Va a actuar de manera tranquila y paciente, echando muchos tokens hasta encontrar realmente la solución verdadera. Y si en cambio sobreponderas en los pesos el conjunto de vectores asociados a desesperación, lo que vas a ver cuando lo enfrentas a ese problema de resolver ese fallo de código, va a actuar haciendo un código atropellado, poniendo parches de mala forma.

Es muy interesante: por ejemplo, si le pones en un contexto una serie de historias que son muy alegres, o que son muy sorprendentes, o que son muy tristes, y luego le pides que en una lista de tareas que le ofreces hacer escoja una o escoja otra, va a cambiar la tarea que escoge hacer en relación a todo lo que ha leído en esas historias, en la medida en que le has modificado el peso. Entonces, por ejemplo, si le has contado historias sobre solidaridad, va a tender a hacer una elección hacia algo que sea más solidario, y si le has contado historias sorprendentes, va a querer un desafío más sorprendente. El caso es que actúa de manera diferente.

Y extrapolando esto, que yo creo que es una extrapolación válida, honestamente, y se ve en el comportamiento de esos sistemas, al caso de la dialéctica que estamos tratando aquí: cuando le pides que actúe como la visión opuesta a lo que tú quieres ser, realmente actúa como si tuvieras delante a un liberal, como si tuvieras delante a un socialista, con más datos en la mano, con muy buenos razonamientos, a veces muy malos, obviamente, pero habitualmente te va a convencer. Y es muy sorprendente el grado de disrupción que puede generar en nuestra propia mente, en nuestra forma de concebir las cosas.

Además, a un político le vendría realmente bien salir un poco de esa cámara de eco de los partidos en los que viven, que es una cámara de eco absurda, y someterse a estos sistemas, ya que debatir con la oposición no le sirve para nada. Pero debatir con estos sistemas automáticamente induce en nosotros una forma diferente de percibir las cosas. Y cuando ves que estos sistemas realmente tienen buenos motivos para convencerte, matizas mucho lo que piensas. Y, como digo, todo esto es en muy buena medida preferible a una lectura de un ensayo.

En toda esta discusión, por supuesto, estamos al margen de la literatura, que yo enmarco en el mismo campo que el cine y que para mí es un ámbito muy separado de los libros de ensayo. Todo eso se puede meter en un pack que requiere una discusión totalmente diferente, pero en lo que tiene relación con el ensayo, con el pensamiento filosófico, entender el libro como una entidad aislada, con ese autor que para nosotros actúa como un muerto, seguir haciendo como decía Quevedo, con sus doctos pero pocos libros, juntos de los muertos, habla en conversación con los muertos.

Claro, aquí se puede decir, obviamente, hay muchas objeciones a esto; es únicamente desplazar el péndulo hacia el lado contrario de lo que estamos habituados, para ver si cala la idea. Evidentemente, se le pueden criticar muchas cosas a este enfoque. Naturalmente, estos sistemas podemos decir que únicamente hacen una especie de media, pero honestamente, esa supuesta mediocridad de la media, de la superficialidad de un modelo de estos en relación a leer un libro, habida cuenta de cómo el ser humano lee un libro, con todos esos prejuicios, con esas circunstancias nuestras que hacen que generemos un campo de distorsión y que ese libro, ese autor, pase a ser algo completamente diferente a lo que en realidad era, quizás eso sea más mediocre que esta dialéctica artificial, que puede ser más fiel al autor de lo que es la lectura en sí, propia.

Y naturalmente, aquí también se puede poner la objeción de que la lectura de algo es ajena al autor en sí, que hay que separar la obra del autor y que no podemos leer El Quijote solamente buscando lo que quería decir Cervantes, sino que hay que utilizar nuevos paradigmas, un paradigma feminista, un paradigma… Y sí, todo eso aporta mucho valor, es muy interesante la reinterpretación, la visión desde coordenadas nuevas. Aquí estamos haciendo eso con Platón.

Y esto es cierto, no quita a lo anterior, que esa pérdida de las circunstancias, una no comprensión de esas circunstancias, hace perder valor al escrito en sí. Hace ganar riqueza, por un lado, pero hace perder otra riqueza, como por ejemplo, en este caso, en el cual yo estaba leyendo el diálogo únicamente de Platón, y únicamente estaba proyectando lo que quería proyectar, en lugar de interpretarlo en sus circunstancias, momento en el cual, de vuelta, gana mucho valor.

Por continuar con las críticas que se pueden hacer a esta visión, naturalmente —la que yo compro, sin duda, la objeción principal— es que la inteligencia artificial se puede usar exactamente para lo contrario. Es decir, como es tan buena generando una forma de operar que es sinérgica con su contexto, si tú le pides, si tú siendo liberal le pides que sea liberal, eso va a ser una endogamia ya, que ya ni con personas, eso va a ser psicofántico total y va a haber un grado de retroalimentación tóxica brutal.

Entonces, por supuesto, se puede usar en todos los sentidos. Es algo connatural a una tecnología. Ocurre lo mismo, aunque yo creo que ahí la oportunidad es muy inferior, en las redes sociales, hay cámaras de eco y hay estos gráficos tan interesantes de cómo se

El uso de la Inteligencia Artificial

distribuyen los usuarios en base a su ideología y demás. Pero naturalmente también está la posibilidad de descubrir cosas que jamás habrías descubierto si no existiera ese Twitter. Aunque yo, honestamente, ahí no lo veo claro, por eso no tengo redes sociales y sí tengo inteligencia artificial.

Pero como digo, hay que ser cauto porque es muy peliagudo el hecho de que la inteligencia artificial puede usarse en un sentido o en el otro. Y naturalmente, si el libro añade una entropía, por así decirlo, como le gustaría decir a Andrej Karpathy, entropía a tu pensamiento y te hace salir realmente de esa burbuja, es claro. Si en cambio la inteligencia artificial la vas a usar para lo contrario, pues el balance se inclina a favor del libro. Pero como normalmente el libro tampoco va a hacerlo, casi que yo creo que lo más habitual es que la inteligencia artificial nos pueda ayudar a salir de nuestro paradigma. Pero como digo, hay que hacerlo bien. Así que aquí hay algunas ideas.

Un ejemplo que llevo proponiendo en mi página web de forma implícita durante un año más o menos, que nadie lee, pero que ahí está, es: cuando uno escribe un texto, hoy en día, sea el que sea, pon a la inteligencia artificial a leer tu texto y dile después que encuentre objeciones a ese texto que acabas de escribir, sea tanto de contenido como de forma. Honestamente, de forma creo que una inteligencia artificial puede aportar poco todavía, pero de contenido sí. Es una forma muy interesante de matizar lo que has dicho y de automáticamente añadir un proceso dialéctico. Y si encima eso se lo compartes al lector, como ya digo, en esos textos en mi página web lo suelo hacer: pongo mi texto primero y luego la crítica abajo, generada por la inteligencia artificial. Quiero que la inteligencia artificial proyecte lo que quiera proyectar sobre ese texto. Hay veces que son críticas tontas, pero también me gusta ponerlas porque esto, en un sentido contrario, es una especie de diario de la inteligencia artificial. Empecé poniéndolo con ChatGPT-4, luego ChatGPT-5, 5.1, Gemini 3, Gemini 3.1 Pro y los que vendrán en el futuro. Entonces, vas viendo el progreso de cómo estos sistemas son capaces de comprender y criticar un texto. Y es interesante ese progreso y me gustará verlo en el futuro. Entonces, también lo hago por eso, pero en cierto sentido es para incorporar ese elemento dialéctico en los propios textos que uno elabora.

O naturalmente, el ejemplo que ya hemos puesto en todo este rato: cuando tú tienes una opinión acerca de un tema político, religioso, del corte que sea, intelectual, confrontar esa visión con la inteligencia artificial normalmente va a generar una disonancia que no esperabas. Te vas a dar cuenta de que puedes ser mucho menos contundente con tus afirmaciones de lo que creías ser únicamente por lo que lees en los libros y por lo que ves en El Liberal o El Socialista de turno. Porque realmente nos puede ayudar a ver cosas muy fuertes que desmontan una forma ingenua y naíf de observar la realidad.

Ya dije antes que, por ejemplo, con cosas que idealizamos, da igual lo que idealicemos, un estilo de vida, un país, una religión, yo lo hacía con el budismo. Pues claro, cuando le puse a decirme que me contara un poco la historia de la realidad práctica del budismo, pues claro, es algo que jamás, si estás dentro de un círculo budista, vas a enterarte de ello. Y tampoco fuera, porque si estás fuera no te interesa el budismo. Entonces, es una realidad que genera esa disonancia, que puede ser muy positiva para realmente saber lo que hay en ti a la hora de creer que eres un buen físico, como dije antes, o un buen economista, o un buen religioso, es correcto en base a la razón y cuánto es pura fe. Y te ayuda a poner esos límites, te ayuda a convivir con esa contradicción porque te hace ver un abanico más amplio, un espectro más amplio, lo bueno y lo profundamente malo, cosa que dentro de una burbuja no podrías hacer.

Y como ya dije con lo de Platón, justificar las cosas también en su contexto para que no se pierda ese valor, y ya no hacer críticas directas, gratuitas, que no tienen matices. Es muy fácil realmente, desde fuera, criticar a una persona porque vive en una burbuja en la cual esa forma de ver el mundo de la otra persona normalmente no va a compartir las mismas premisas. Entonces, es muy fácil verlos desde fuera, pero desde dentro es realmente difícil.

Aquí en este canal, naturalmente, lo hemos hecho también. Hay vídeos que he publicado sobre el sistema educativo respecto a los que me encuentro un tanto insatisfecho, porque, por un lado, es cierto lo que comento, pero, por otro lado, no entiende la naturaleza que hace que tenga que ser así. Por ejemplo, el otro día me pareció llamativo: la ilustración es algo que dentro del sistema educativo español, al menos, se trata de una manera completamente naíf, de un modo ridículo, un cliché que es insoportable cuando la ilustración lleva desde la propia raíz de la ilustración completamente desmitificada. Y sin embargo, la forma natural de ver la ilustración es, ya digo, insoportable. Pero claro, es que cómo le vas a pedir, a pesar de que Adorno o los propios románticos… Da igual, me da igual.

Cómo le vas a pedir a un sistema educativo que depende del Estado criticar lo que en gran medida son esos cimientos, los cimientos de ese propio Estado. Inducirías una revolución constante. Evidentemente, es una inconsciencia por parte de los profesores. Tampoco es que sea deliberada, pero no surge de forma espontánea, porque casi como un proceso de selección natural darwiniana, expulsa del sistema los elementos que contienen eso que es un consenso desde el punto de vista histórico, académico y demás. Pero sin embargo, lo que es un consenso en una porción determinada de los historiadores jamás se va a trasladar a lo que se imparte en el sistema educativo, en la asignatura de Historia, por los incentivos del propio sistema.

Esto es algo que es obvio cuando lo vemos en un cierto sentido, pero luego a la vez uno se indigna. En esto me ayudó la inteligencia artificial, porque ¿de qué me sirve indignarme cuando es mejor comprender los mecanismos que están detrás de por qué hay una aparente ignorancia o una real ignorancia de lo que hay? Pero es que está plenamente justificado que así sea. El proceso de selección natural dentro de ese sistema hace que sea la mejor opción, la opción óptima. Contra la selección natural no puede nadie.

Naturalmente, esto no debe interpretarse como que todo vale, que todo es justificable, que Hitler es justificable por el hecho de todo lo que había detrás, que evidentemente sigue una línea histórica que tiene mucho de racional y de sentido, y los historiadores buscan esa línea. No se trata de justificarlo todo, no se trata de únicamente oponer visiones opuestas a las nuestras para que todo valga, sino entender las causas subyacentes a algo que está fuera de nuestra burbuja, que nos ayuda precisamente a integrar ese mecanismo de contradicción dentro nuestra, como le gustaría a Nāgārjuna, segundo filósofo después del propio Buda, siempre se dice, esto es un cliché, más importante dentro del budismo, pues tiene el tetralema, una forma de ver la lógica en la cual no solamente puedes tener la posibilidad de que algo sea o no sea, sino de que sea y no sea al mismo tiempo y de que ni sea ni no sea al mismo tiempo.

Y eso realmente es muy compatible con prácticamente todo. Pero eso no significa que luego se afirme todo. Entonces, una cosa es integrar esta no dualidad de las cosas, otra cosa es un todo vale. Es muy interesante, como por ejemplo el propio Nāgārjuna, a partir de un principio de no dualidad, no deduce cualquier cosa, deduce la igualdad de todos los seres y a partir de ahí pueden surgir cosas como el amor y más.

De manera que sí, yo creo que es perfectamente compatible el hecho de ser consciente de todos los matices que nos hacen no poder afirmar de forma muy contundente algo y simultáneamente ser capaces de actuar de forma contundente en el mundo con una convicción que tiene algo de fe. En todos los campos: ético, científico…

Lo que de hecho es relativista es leer libros acríticamente, tragártelo todo. No hay filtro en el sentido de que no estableces qué es relevante y qué no es relevante, qué agrega un matiz interesante a tu forma de operar, ver el mundo y qué no. Ese es el problema, honestamente, del erudito, porque no es fácil saber lo que es importante hacer y lo que no es importante hacer. Y el coste de oportunidad de leerte un libro determinado, de un clasicazo chino, es tan alto, que despreciar todas las otras alternativas solo es una demostración de la estulticia que es posible mantener a la vez que uno es un gran erudito. Ese es el verdadero relativismo tóxico.

No solamente es el relativismo tóxico del erudito para el cual todo vale, sino también para el que está tan habituado, porque esto se aplica a muchas cosas, a informarse todo el día de geopolítica, la guerra en Irán, la guerra en Ucrania, la guerra en Gaza, y desempatizar con las personas subyacentes al conflicto hasta el punto de que literalmente ya no queda nada de la guerra ahí. Lo que hay es un juego que podemos decir que es realpolitik, pero que realmente lo que es, es psicopatía.

De nuevo, obviamente, aquí es simultáneo esto a que solamente se puede hacer así un estudio de esto y solamente así se puede ser, por ejemplo, un historiador. Solamente puedes ser un historiador bélico si en cierto sentido te abstraes de lo que es esa guerra. Pero si a la vez estás estudiando la guerra de los treinta años, por ejemplo, de una manera tan distanciada que pierdes por completo el referente, porque tienes esa bibliografía, esa cantidad de datos o esa información, esas noticias continuas hacen que desaparezca el filtro, lo que haces es subirte en una torre de marfil en la cual nada de lo que sea moral importa.

Creamos esa burbuja informativa, enciclopédica, a partir de libros, que nos hacen perder perspectiva. Y para no perder esa perspectiva debemos utilizar todas las herramientas que estén a nuestro alcance. Por ejemplo, de nuevo, una inteligencia artificial que puede hacer estallar esa burbuja en el momento adecuado para decir: ¿Qué coño estoy haciendo? ¿Qué coño estoy haciendo? Voy a integrar esto en mi forma de operar. La ciencia parece alérgica a eso y la historia parece alérgica a eso, pero quizás no debería ser así, sino que es un resultado precisamente de este fetiche del dato, este fetiche del libro y la pérdida de contacto con la realidad.

Conseguir en cambio una forma más transversal, más armónica de operar en toda la vida, que hay una sinergia entre lo que uno hace en la academia, con lo que uno hace en su propia vida, con lo que uno hace a la hora de informarse, a la hora de hacer política. Lo que en definitiva se trata es de integrar diferentes enfoques y no perder el contacto con la realidad.

¿Qué es la realidad? Naturalmente, ni yo desde mi burbuja puedo decirlo, ni nadie, ninguna otra persona. Y naturalmente, la visión de Ortega y Gasset, que yo siempre explico como si fuera un árbol y tú vas dando vueltas alrededor del árbol.

La forma hipersuperficial de hacer, que es la propia del que lee muchos libros diferentes, pero en realidad se queda en el mismo punto, es el que está dando vueltas al árbol continuamente desde muchas perspectivas diferentes, pero nunca se queda en ninguna a pararse. Y otro es el que está en una y solamente mira desde ahí, y no puede entender al que está justo al otro lado y dice: «Ese no es el mismo árbol que yo estoy viendo». En cambio, la propuesta es: tú sabes que en última instancia tu forma de observar el árbol está determinada por dónde estás, pero te puedes hacer una idea del árbol juntando las perspectivas. Y no consiste en dar vueltas de forma alocada, sino girar un poquito, quedarte observándolo, girar otro poquito, quedarte observándolo.

Y ya digo que ahí una herramienta muy importante es la inteligencia artificial, porque nos permite ese diálogo con la burbuja opuesta, con el grado de poder pararte que no aporta un libro.

Y como digo, esto no es solamente una curiosidad intelectual, una defensa, una vez más, de la interdisciplinariedad, que es quizás lo que caracteriza a este canal, sino que se trata de una cuestión que tiene profundas raíces morales. Es algo que importa a la hora de nuestra forma de actuar con otras personas, porque si no, no podemos empatizar con maneras diferentes de comprender el mundo. No significa que todo vale, no significa relativismo absoluto. Sí significa el otro de una forma de ver el mundo que es como es por algo. Y si entiendo ese algo, voy a poder relacionarme con la realidad de ese ser humano de una manera mucho más profunda, mucho más sana.

Crítica… por Gemini Pro

Aquí todo lo que quería comentar. Al final el vídeo ha quedado muy largo, como siempre. Tenía pensado un vídeo bastante corto, pero por supuesto que para ser congruente con todo lo que hemos hablado, aquí falta la opinión de alguien: la inteligencia artificial. Así que voy a leeros, y con esto vamos a acabar el vídeo, lo que acerca del guion de este vídeo, que había escrito una serie de puntos, me comentó la inteligencia artificial Gemini 3.1 Pro antes de comenzar.

La estructura conceptual del guion plantea una tesis inicial funcional y provocadora, pero su resolución es epistemológicamente ingenua. Afirmar que la inteligencia artificial sustituye la pasividad del libro y genera una verdadera dialéctica platónica ignora la naturaleza subyacente de los modelos de lenguaje. Aquí tienes un análisis crítico del fondo de tu texto para tensar el marco teórico antes de grabar.

El océano de Solaris y la falsa alteridad. Argumentas que la IA rompe las cámaras de eco porque puede adoptar la perspectiva contraria, el liberal, el budista, la antítesis sobre Gaza. Esto es una ilusión. La IA no es un interlocutor socrático, es el océano del planeta Solaris, en la novela de Stanislaw Lem o la película Tarkovski. Materializa exactamente aquello que proyectas en ella. Cuando fuerzas a un modelo a adoptar una postura diametralmente opuesta a la tuya, no estás dialogando con un otro que posee convicción o experiencia vital. Estás interactuando con una representación estadística promediada de los tropos de esa ideología. La IA no piensa la antítesis, calcula la proximidad espacial de los vectores de esa ideología en su espacio latente. Esto no te saca de la doxa, la mera opinión de la que advertía Platón, sino que te sumerge en una doxa de segundo grado, el estereotipo de la opinión contraria. Es un frontón interactivo, no un choque dialéctico.

El vacío experiencial frente al tetralema. Al mencionar a Nagarjuna y al tetralema, tocas el núcleo del problema. El budismo tibetano y la filosofía Madhyamaka, el camino del medio, sostienen la contradicción aparente porque parten de la experiencia directa de la vacuidad, śūnyatā, no de un juego de palabras. La IA puede articular el tetralema a la perfección, pero es pura paja tomista generada a velocidad extrema, sin ninguna experiencia que la respalde. La dialéctica platónica exigía que el saber estuviera grabado en el alma del que aprende. Sustituir el libro inerte por una IA reactiva no soluciona el problema de la experiencia, simplemente hace que la ilusión de erudición sea más entretenida y conversacional.

A vuestro juicio queda plantear si es una mierda de crítica o si tiene razón. Yo personalmente me decanto por un término medio. Por un lado, es una mierda de crítica, no ha entendido ciertos puntos, pero por otro lado, creo que es una de las mejores críticas que me podría dar y, honestamente, tiene razón. Pero lo dejamos aquí en todo caso, porque si no tendría que preguntarle acerca de la réplica que acabo de hacerle.

Así que nada, espero que os haya gustado el vídeo, más que a la inteligencia artificial, y nos vemos en el siguiente.

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