El extrañamiento al despertar: entre Proust y Pessoa

Introducción

Hola, ¿qué tal? En este vídeo vamos a volver a hablar de una experiencia humana que yo creo que es interesante psicológicamente hablando y que tampoco parece muy bien enmarcable en un esquema teórico o científico. La semana pasada también hablamos de uno, quizás más profundo, que era el de la nostalgia del presente. Hoy vamos a hablar de uno quizás no tan profundo, no tan impactante, pero quizás también más explicable por la biología, y que también tiene unas connotaciones de reflexión en el momento acerca de la existencia, que es al final lo que nos interesa aquí, muy interesantes.

Es básicamente en el paso del sueño a la vigilia, particularmente en un sueño. Los sueños son un tema interesantísimo, yo creo que de esto sí que vamos a hablar más. Tengo por ahí pendiente una película de la que quiero hablar relacionado con los sueños. De los sueños vamos a hablar más aquí, pero hoy nos vamos a centrar en aquellas veces que estamos durmiendo sin que en el último momento estemos en una fase en la que tengamos experiencias oníricas. Muchas veces no las recordamos. Pero también hay fases en las que no hay sueños vividos, no hay experiencias oníricas.

Pues cuando uno despierta de eso, básicamente en un puro negro en el cual no te acuerdas de absolutamente ningún sueño ni nada, y pasas de eso a la vigilia… hay veces, y me parece muy curioso, que me ha sucedido más a menudo si es un sueño corto, estilo una siesta, que en una noche larga de ocho horas: es básicamente la sensación de, una vez despertado, una vez en la vigilia, sentir que ves el mundo por primera vez. Bien, y es tan simple como esto.

Un abismo de extrañeza y percepción pura

Es tan simple como despertar a algo tan familiar como es tu habitación y, sin embargo, durante algunos segundos, simplemente dejarte asombrar, dejarte imbuir por la extrañeza de lo real, que una vez en el autopiloto de la rutina, una vez en el autopiloto del yo —yo hago esto, yo me identifico con esto, no sé qué, no sé cuánto—, en el momento que coges un móvil o lo que sea, pero cualquier cosa, se disuelve.

Esa sensación de extrañeza acerca de lo real. Pero no solo es ya extrañeza, sino que es una sensación de: esto no… de sentir no tener ningún tipo de memoria. Es muy instantáneo, muy momentáneo. En el momento comienza a florecer ya todo esto. Y todo de forma muy inconsciente.

Pero ahí hay un salto, de unos pocos segundos, ya digo, a un abismo de la pura percepción en la cual hay una hipersensibilidad extrema que únicamente nos permite discernir lo que hay alrededor. Y te quedas solo y exclusivamente con lo que estás discerniendo, sin ningún tipo de connotación humana de lenguaje ni nada. Es la percepción pura, por así.

Proust: el dormitorio donde despertamos

Me parece muy interesante porque, como ya dije también en el vídeo anterior, ahora mismo estoy con algo que tiene mucho que ver con la nostalgia, el libro de Marcel Proust, En busca del tiempo perdido, pues En busca del tiempo perdido también tiene un enlace con este vídeo, y es que al principio del todo comienza con la sensación de no saber, una vez —en el momento en que abres los ojos, al estar dormido y pasar a la vigilia— dónde estás, en cuál de los dormitorios estás, de todos los que has estado en tu vida. Y dice, pues sí, si me tuviera que poner a pensar en todos los que he estado.

Y entonces él va describiendo muy lentamente, muy lentamente, como a él le gusta —que evidentemente la percepción en ese caso es mucho más rápida, pero él, digamos, hace cristalizar esa percepción, ya digo, percepción pura, en el sentido de que parece que hay poca interpretación en ese momento de lo que tiene alrededor— y vas como dibujando esas distintas partes, muy lentamente, hasta darte cuenta de dónde estás. Esa sensación de «no sé si estoy en este dormitorio, a lo mejor estoy en otro», seguramente sí que la habéis tenido. Pero quizás no tanto la experiencia de por lo que

Jamais vu: palabras y vigilia

He podido investigar que recibe el nombre por analogía con el déjà vu, la sensación de que ya has visto algo, de que ya has conocido algo. Pues el jamais vu, el jamás visto, de una cosa que sí has visto, pero que tienes la sensación de que nunca has visto, o de mucha extrañeza con respecto a eso que te debería resultar completamente familiar.

Eso es encuadrable psicológicamente como, si te ocurre mucho, pues seguramente hay una psicopatología detrás, evidentemente. Pero hay veces en las que simplemente a lo mejor te puede ocurrir, qué sé yo, con una palabra, no sé si os ha sucedido.

Me parece muy interesante. Cuando uno repite muchas veces una palabra, por ejemplo, palabra, palabra, palabra, palabra, palabra, palabra, palabra. Haced el ejercicio mental de parar el vídeo y decir palabra muchas veces, muchas más que las que yo lo he dicho, y empezaréis a ver la palabra palabra de forma muy extraña, muuuy extraña. De hecho, os empezaréis casi a preguntaros si se dice así, si palabra se dice palabra, si se escribe así, y si eso significa algo.

Y es que no hay palabra más conocida que la palabra palabra, pero sin embargo, uno puede, simplemente por la ruptura con la rutina —que en este caso es curiosamente desproveer del contexto habitual en el que ponemos palabra, ese conjunto de fonemas—, en un sentido, desprovees de esa condición y simplemente lo haces de forma monótona, palabra, palabra, palabra. Digamos, lo desprovees del contexto habitual en el que está, lo desprovees de su rutina. Y adquiere un sentido completamente diferente, de extrañeza, de absurdo, de arbitrariedad, de cojones.

¿Por qué le he asociado esa connotación y denotación a ese conjunto de sonidos? Porque en ese momento, cuando lo dices, ni siquiera sabes cómo se corresponde con signos escritos.

Eso sería un caso de jamais vu un poco banal, creo que lo he tergiversado un poco, pero es por la idea, porque si no quizás no sea muy experimentable por la mayoría de gente. Yo creo que solamente lo he experimentado en ese paso del sueño a la vigilia. Pero como digo, es

Pessoa: piloto automático y roles del personaje

En un cierto sentido análogo, porque uno está desprovisto de la rutina todavía del día, cosa que no necesariamente tendría por qué ser. Y de hecho, la mayoría de mañanas pues no es así. Uno ya va, como eso, en piloto automático: sabe yo soy tal, yo soy cual. Pero hay mañanas en las que uno no se levanta así. Hay mañanas en las que uno, en el momento, hace como también le gustaba a Pessoa: primero contemplas lo que tienes alrededor y luego decides quién vas a ser casi.

Decides el personaje que va a ser al final el personaje. No vas a poder vivir millones y millones de personajes, como le gustaba a Pessoa con sus distintos personajes de los distintos libros. Pero vas a vivir al final un personaje, pero es como que deliberadamente escoges tal personaje, pero a posteriori de haber percibido la familiaridad de tu entorno previamente.

Y es de ese momento en el que decides: «Este es, es verdad, este era el papel que yo tenía en el mundo. Es verdad». En ese momento ya te metes en la rutina de lo real y en ese momento la extrañeza del mundo desaparece, al igual que desaparece la extrañeza de la arbitrariedad, pues eso, de la palabra, de los fonemas de la palabra palabra.

Pues antes de que ocurra esa identificación con el propio rol, con el propio papel teatral que uno ejercita en el mundo, siente que todo va a ser una especie de personaje de teatro. Antes de que eso suceda, ahí ya digo, ese camino oscuro, pero a la vez hipermegasensible, que permite vivir esa experiencia de, ya digo, jamais vu, que, y a esto es

¿Una experiencia objetiva?

A lo que voy: caracteriza a la realidad en un sentido mucho menos distorsionado por el egocentrismo, que al fin y al cabo es también un poco de lo que hablamos en el vídeo anterior, que iba sobre la nostalgia del presente. Uno perdía la identificación consigo mismo para proyectar plenamente su experiencia en la objetividad de lo que tiene alrededor. Y en la objetividad de lo que tiene alrededor se queda todo, es decir, en la impermanencia, en la belleza de esa impermanencia y en la impermanencia de la belleza. Podríamos hacer todos los juegos de palabras que queramos, pero todo está en un nivel exterior a los propios problemas de uno, a los propios traumas, a los propios… Todo eso. Es una experiencia en ese sentido que dije de, también de nuevo, percepción pura.

Pues aquí lo mismo. Uno es el contacto que tiene con su consciencia previo a la adición de capas a que llega la identificación con el personaje, con el ego, con la subjetividad, que en última instancia, de nuevo, es, por ejemplo, lo que tanto desea hacer la tradición espiritual del budismo en su caso, y también, pues en el caso de tradiciones, el misticismo dentro del cristianismo, pues también, al fin y al cabo, emprende esa disolución del yo por la mayor conexión con Dios, aunque ese no es el campo que yo más conozca, un poco más el del budismo, como ya he dicho varias veces. Pero en última instancia, ya digo que es como una relación, y volvemos al concepto de intimidad íntima, con la percepción en sí, sin la mediación del sujeto.

Y por eso digo que me parece tan interesante que simplemente esa bisagra entre la vida inconsciente, ya digo, no del sueño, sino de las noches en las que uno, o el momento de la noche en la que uno no tiene experiencias oníricas, y la toma, el encenderse de la televisión. Se enciende todo, y en el momento de encenderse todo dice: «¿Qué coño es esto? ¿Por qué se ha encendido?». Y realmente nada te resulta familiar. Uno siente haber nacido por primera vez, y el nacimiento por primera vez es ante todo un asombro por lo absurdo. Un asombro, esa es la palabra, sí, asombro por lo absurdo.

Y además, debido a ese carácter de nulidad del yo, de la subjetividad, casi se siente como si lo que hubiera despertado es la película en sí. Es decir, acaba de nacer el mundo en sí. Finalmente, es la forma del universo de conocerse a sí mismo, prácticamente. Y ahí uno parece, su sentimiento es, pues, de que se ha encendido el universo por vez primera. Conecta muy bien, evidentemente, con la perspectiva más idealista del ser humano, de que todo es proyectado, todos los fenómenos son proyectados por nuestra mente sobre esa base de los nóumenos kantianos. Pero bueno, eso ya es otra historia.

Esto es un poco todo lo que tenía que comentaros. Este vídeo ha sido muy cortito, pero me gustaría también saber qué os hace pensar esta experiencia. No sé si la habéis tenido tal cual, si tenéis algo también interesante que aportar al respecto, porque yo tampoco he podido sacar mucho más. No he visto que haya demasiado… Evidentemente, uno puede decir lo básico: pues sí, la inercia del sueño, uno está así despistado. Sí, pero esto es más una experiencia de tipo… Puede sonar pedante, pero bueno, sí, es metafísico. Heidegger también creo que había hecho cosas con respecto a esto, pero bueno, a Heidegger mejor que le den por todos lados.

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