Introducción
El mundo se gestiona con leyes de hierro. Es terriblemente aburrido. Y esas leyes, por desgracia, no se infringen. Simplemente, no se pueden infringir. Y no cuente con los platillos voladores. Eso sería demasiado interesante.
¿Y el Triángulo de las Bermudas? Usted no va a discutir que…
Discutiré. El Triángulo de las Bermudas no existe. Existe el triángulo ABC, que es igual al triángulo A’B’C’. ¿Note cuánto aburrimiento hay en esa afirmación?
En los tiempos medievales era interesante. En cada casa vivía un duende. En cada iglesia, Dios. La gente era joven. Ahora cada cuarto es un viejo. Es aburrido, mi ángel. Oh, qué aburrido.
Usted mismo lo dijo, que la Zona es creación de una supercivilización que…
También, probablemente, aburrimiento. También algunas leyes, triángulos. Y nada de duendes y, por supuesto, nada de Dios. Porque si Dios es ese triángulo, entonces simplemente no…
Dándole la vuelta a Pascal
Pascal decía siempre que el hábito es la segunda naturaleza del hombre. Le daba una importancia brutal, porque realmente si uno quiere tener fe, que era lo que a él, por ejemplo, le importaba en este caso, pues seguramente lo que tiene que empezar a hacer es creérselo. Es decir, creerte que tienes fe y actuar como tal. Un día, otro día, otro día, irte con los fieles a la iglesia, hacer lo mismo que ellos hacen. Seguramente muchos de ellos tampoco tengan demasiada fe, pero todos os autoengañáis pensando que sí. Y algún día la acabaréis teniendo, sin más.
Esto es algo que, por cierto, además de ser quizás la herramienta más poderosa de cualquier religión —en el caso del cristianismo, pero también en el caso del budismo—, el lama, que yo he escuchado durante mucho tiempo, decía exactamente lo mismo. Cuando meditaba uno, si no sentía que quizás le estaba siendo de toda la utilidad que pudiera ser en un determinado momento, había que fingir que sí, y él lo decía así: «Finge que sí, finge que sí». La primera vez quizás no notas nada, la segunda tampoco. Ya cuando lo hayas hecho quinientas veces, seguro que notas algo.
Y esto que Pascal, en general —por ejemplo, un budista en una religión— considera un truco, un hack, es una herramienta muy poderosa para eliminar la volubilidad del hombre y permitirle, en este caso, tener fe y no dispersarse en lo que Pascal llamaba el divertissement, que es un poco la vida frívola, banal del que va dando vueltas de una cosa a otra, lo que le va dando más gusto. Un estadio de vida estético, por así decirlo, pues con el hábito podía alejarse de todo eso y lograr estadios superiores. Por ejemplo, para lo que sería Kierkegaard, el estadio ético sobre el estadio estético.
Sin embargo, lo cierto es que es un arma de doble filo, y seguramente Pascal, cuando hablaba en esos términos, por algún motivo no lo incluía, pero también sabía que funcionaba al revés. Es decir, que incluso suponiendo —yo lo supondría, pero de esto vamos a hablar después— que el ser humano per se, recién nacido, por sus primeros años de vida y en general, tiene un cierto ánimo, no sé si de trascendencia, pero sí una cierta pose existencial frente al mundo, quiera eso significar lo que quiera significar. Pero si usted no sabe lo que significa, pues quizás se haya habituado demasiado a lo contrario, que es lo que ahora vamos a ver.
Digo, suponiendo que algo así fuera la naturaleza humana antes que ninguna otra cosa, una intimidad propia de la existencia, de sentir que lo que está haciendo aquí no puede ser enterrado sin más, sin que, desde luego, al menos haya un intento por entender, por expresar. Precisamente es el hábito lo que coge todo eso, y porque es, en un cierto sentido, inservible para el engranaje social, indeseable, pues nos habituamos una y otra vez, ejercitamos el rito, que al final nos acabamos creyendo el mito.
El tercer objeto: lo impersonal
De aquello que voy a dar en llamar en este vídeo el tercer objeto, o lo impersonal, lo otro impersonal, lo que no es íntimo, lo que no es la subjetividad propia de cualquier existencia humana y que se cristaliza de muchas maneras distintas. Todo tipo de hábitos confluyen en ese, subordinándose a ese mismo principio del tercer objeto.
Tercer objeto que, por ejemplo, en la ciencia se ve muy claro. En el corte que he puesto en el principio de este vídeo del poeta en Stalker, película de Tarkovski, cuando habla de los triángulos. Parece una gilipollez, pero tío, es que es así, es muy fuerte, es realmente muy fuerte.
Solamente cuando uno, por ejemplo, yo estudio Matemáticas, quiero decir que no soy sospechoso de un anticientífico, antimatemático, eso es una bazofia. No, eso tiene que tener un recorrido largo al que solamente podemos acceder si nunca olvidamos esa faceta íntima de la que vamos a hablar ahora.
Pero si uno se queda únicamente en el objeto, es decir, convierte el medio en el fin, en última instancia, coge el triángulo y al final tu vida se trata de triángulo ABC es igual a triángulo A prima, B prima, C prima. Por supuesto que te estás perdiendo algo muy importante, pero no me creo que hayas conseguido eso, que hayas conseguido elevarte el cerebro de esa forma, si no ha sido debido a un hábito que te ha, en cierto sentido, mutilado el espíritu existencial del ser humano. Si no, no te podrías tomar en serio, darle esa importancia.
No estoy diciendo que no pueda una persona que conserve esa parte poética también, podríamos decir, del mundo, ser un científico, no tenga que especializarse en algo concreto. Pero siempre tendrá claro que eso no deja de ser más que un medio, por ejemplo, para comprender el mundo o para ganarse la vida. Claro que sí. Pero no el fin en sí mismo. Cielo santo.
En esa película también podéis ver, ya la comentaremos en algún momento, los debates que tienen constantemente. Hay tres personajes principales, dos de ellos, uno es el poeta y otro es un físico. Es muy interesante lo que se van diciendo el poeta al físico y el físico al poeta, aunque he de decir que como vamos a hablar después de Tarkovski, que es el director, tienen una clara preferencia por el poeta, obviamente, porque él mismo considera que la poesía es…
En todo caso, aquí de lo que vamos a intentar reflexionar es de algo que poco tiene que ver con
De Platón al sexo de los ángeles
Lo que normalmente es, en lo que normalmente se ha convertido la filosofía, tampoco tiene mucho que ver, honestamente, espero, aunque va a sonar así, porque el que no habla con una bibliografía extensa, una nota tras otra al pie de página, citando aquí y allá —que yo estoy citando constantemente, para no quitarme de en medio a todos esos que parece que solamente si le das una cita cada cinco segundos, tiene algo que te puede escuchar y que parece que si no, pues no se puede escuchar—, que es en lo que se convierte la filosofía, en dosografía. Pero esto está muy manido, obviamente. Pero no porque esté muy manido deja de ser así: es una puñetera locura que Platón, escribiendo los diálogos que escribió, que era el padre de la filosofía, pues si ahora mismo escribiera los diálogos de Platón un filósofo actual, nadie, absolutamente nadie, le querría considerar eso como un trabajo académico; lo consideraría un chiste tremendo. Y es el padre de la filosofía.
Precisamente hay un desvirtuamiento, por así decirlo, del objeto filosófico, no poético, desde luego, porque la poesía es totalmente opuesta. Platón se decía opuesto a la poesía, luego realmente tampoco lo era, pero supuestamente. Es un poco falsete, la verdad. Pero Aristóteles, sinceramente, supone una cierta desviación, pero no solo Aristóteles, porque realmente Platón también, en el momento en que, por ejemplo, volviendo a las figuras geométricas, a los triángulos… Para Platón, los triángulos, las figuras geométricas, son en última instancia algo que tiene una realidad intrínseca, y eso hace que Platón, a diferencia de lo que se dice de forma estúpida, que Platón es idealista, no sea idealista: Platón es completamente realista. Platón es realista, empezando por las figuras geométricas. No están en nuestra mente, están ahí. Quiero decir, es el realismo extremo. Pero, en cualquier caso, hace de la figura geométrica un concepto subordinado a algo que le interesa más, y que yo creo que debería interesar más a cualquier ser humano, no solamente a Platón, que es entender el mundo en sí, todo el mundo en sí.
¿En qué momento puede venir el problema? Pues con determinados diálogos, a pesar de que en muchos diálogos sí conserva esa ingenuidad. No me gusta mucho esta palabra, porque luego vamos a hablar también de este tema, de la ingenuidad, la ironía, y de cómo se oponen el uno al otro, y de por qué creo que es tan importante en esto. Pero sí, ingenuidad del filósofo clásico, incluso presocrático, que procura dar una explicación muy directa. En fin, tiene esa misma ingenuidad que tiene, en cierto sentido, el poeta romántico, el adolescente romántico. Se ciñe al mundo de forma mucho más directa que después, yo qué sé, un filósofo medieval que, en sus debates escolásticos, debate acerca del sexo de los ángeles una vez tras otra. Eso sería el caso extremo de estudio de lo tercero, lo ajeno, el tercer objeto. En cambio, el estudio…
Los intereses del ser humano
Directo, por ejemplo, de la felicidad, no tanto el estudio, sino la puesta en práctica. Y no solo la felicidad tiene importancia, pero bueno, darle importancia realmente a las cuestiones que obviamente van a interesar al ser humano. Su lugar en el universo, el bien, el mal, cómo ser buenas personas, cómo ser malas, cómo son las malas personas, por qué son malas personas. El espíritu del Dios, obviamente. Las tres preguntas de Kant, uno podría decir también. Qué esperar del futuro, por supuesto. Todo eso y no el sexo de los ángeles, que aunque en un inicio, evidentemente, todo se trata de una cuestión sobre Dios que entraría dentro de eso, se acaba desvirtuando.
Igual que ocurre con las figuras geométricas, que en primera instancia son, venga, vamos a dividir el recinto de estos campos aquí en el Nilo, que todos los años vienen las riadas o como se digan y lo derruyen completamente, los límites, y tenemos que poner límites y hay que saber cómo se calcula un área, ¿sabes? Y si la figura es un poco más irregular, pues ahí uno está todavía cerca. No significa que no esté… esto se puede malinterpretar aquí porque estoy siendo muy espontáneo y no tengo por qué configurar las cosas como creo que debería configurarlas si estuviera haciéndolo por escrito, pero me da bastante igual, porque realmente sería precisamente irme a lo escrito, sería precisamente lo contrario de lo que quiero aquí evocar.
Por ejemplo, la cátedra, el paper, el citamiento excelso, por así decir, de cada uno de los filósofos que tienes que tener en cuenta, la rigurosidad extrema. Eso es la pérdida completa del dinamismo que realmente tiene el pensamiento y que es aquello que tratamos de emular aquí en la vida del templo, en cierto sentido. Puede sonar muy nichano, parece una mierda, pero puede sonar muy: «Bueno, pero este tío aquí se cree que está diciendo algo nuevo», y no, no es algo nuevo, me da completamente igual.
Ya he perdido el punto con lo de las figuras geométricas. El caso es que hay una cercanía todavía al objeto, que no se ha separado de aquello que en última instancia, por ejemplo, en este caso un fin completamente pragmático, tiene, en primer lugar, porque la pregunta sobre por qué narices estamos deyectos en un mundo en el cual tenemos que sobrevivir es fuerte, eso realmente es fuerte en sí mismo. Y ahí uno puede darlo por hecho y decir una y otra vez: «Por el trabajo, es que si te pusieras a trabajar dejarías de pensar estas cosas». Pero es que el trabajo y el sustento humano y lo práctico, y el hecho de que hayan guerras y las personas en esas situaciones lo único que pueden considerar es la supervivencia más inmediata, invita a una reflexión profunda sobre todo, sobre toda esta aberración, para que estemos ahí, mientras tanto, hablando sobre el triángulo ABC es igual al triángulo A prima, B prima, C prima, que es una pérdida de tiempo profunda.
Y aquí se dispersan las cosas un poco todas, pero ya digo, me da un poco igual. Hay una cosa que ya he hablado varias veces con amigos y con más gente allí en la facultad de Matemáticas, y es cómo es posible que las… pues, por ejemplo, si consideras que en una sociedad los matemáticos son una pieza clave del pensamiento y son gente ágil mentalmente, etcétera, ¿cómo es posible que los pongas a resolver problemas completamente estúpidos e inservibles, en lugar de, de verdad, si las matemáticas, si esta gente es tan top, no puede resolver otro tipo de problemas en el mundo? No lo sé, no lo sé.
Entiendo que el formalismo extremo que en las matemáticas ha funcionado y que en otros casos no ha funcionado, que ahí viene la disyuntiva un poco entre lo riguroso cuantitativo, que parece que tiene mucha sinergia, y lo riguroso cualitativo, que parece que no la tiene tanto. A pesar de que puede tenerla en bastante medida, pero se va desvirtuando, ya digo, el objeto inicial.
Parece que esa rigurosidad del especialista en el objeto, en el tercer objeto, en el caso de las matemáticas, de la ciencia, está más diluida porque es útil, ¿no? Pero en el caso de una persona que sea filólogo y a todas luces no tiene ningún tipo de disposición poética frente a la vida, me parece una payasada completa. Me parece menos tolerable en ese caso, y por supuesto que me parece mucho menos tolerable en el caso de un filósofo, un psicólogo. Un psicólogo debería estar analizándose a sí mismo siempre, si no, no es psicólogo, obviamente.
Lo que pasa es que en última instancia después le va a dar una importancia extrema —y aquí enlazo un poco con el tema del vídeo anterior sobre el sistema educativo— le acaba dando una importancia extrema no ya al objeto, que ya era un objeto, un tercer objeto ajeno a su intimidad propia. Es decir, un montón de las cosas que se estudian en psicología, que no le importan a nadie, simplemente porque te acostumbras a estudiarlo, pues te acaba importando, como al matemático, que le acaban importando los triángulos porque los ve todos los días a todas horas.
Ya no solo es que no le dé demasiada importancia a ese objeto, sino que encima desvirtúa todavía más eso, y por eso hablábamos de esa metáfora de la aberración óptica del objeto del sistema educativo. Ya ni siquiera uno puede decir: «Bueno, pero vale, la gente no se interesa por el saber y tiene derecho a hacerlo». Me parece fantástico. Eso, pues es parte también de ser humano. Quiero decir, en el ser humano hay muchas cosas, no tiene que ser todo el saber ni el aprender, eso es una tontería también. De hecho, uno puede plantearse por qué hay tantas personas que parece que planteamos eso como solución a todo, y eso es una tontería, empezando porque mucha gente, evidentemente, no puede hacerlo. Pero dado que tiene la oportunidad de hacerlo y se supone que la está desaprovechando, porque uno puede decir que tiene libertad para hacerlo y está bien que lo haga, entonces, ¿por qué te enfocas en otro objeto que es mucho menos importante que el que era el de tu estudio, materia de estudio? Y te acabas enfocando exclusivamente en cosas adyacentes que ni siquiera tienen repercusión a nivel laboral. Como, por ejemplo, obviamente, es el caso de las notas en el sistema educativo, que no le voy a dar más bombo, pero bueno, que ahí está en ese vídeo.
Y puede sonar un enfoque muy personal decir: «Bueno, pues, ¿cómo a la gente le puede interesar un tema así? ¿Cómo a alguien le puede interesar lo más mínimo? Triángulo ABC es igual al triángulo A prima, B prima, C prima». Y vaya tela que yo lo diga, cuando en este canal hemos hecho vídeos y vamos a seguir haciendo vídeos sobre temas de matemáticas. Espero que no extremadamente áridos, pero desde luego sí completamente áridos para una persona que no sabe absolutamente nada de matemáticas y le da completamente igual este tipo de debates.
Es por ello que yo he intentado conectarlo con temas que puedan resultar más amplios, como por ejemplo la continuidad, que me parece que es una cuestión que va más allá de la matemática, incluso de la física, y se extiende al terreno de la metafísica. También el tema de la medición: la frontera entre lo cualitativo y lo cuantitativo se mueve mucho ahí. Y a mí esa frontera entre lo cualitativo y lo cuantitativo me parece la clave. Es aquello en lo cual me parece que habría que incidir más, como pensador asociado al mundo de las matemáticas que no quiera ser exclusivamente una persona práctica, incluso si quieres ser una persona práctica también. Y si quieres ser una persona práctica, pues no estudies Matemáticas ni estudies Física, estudia Ingeniería, si la hicieran mejor.
Bien, en cualquier caso, se puede decir que, bueno, qué personalismo es venir yo aquí a decir cómo te puede interesar este tema. A ti lo que te tiene que interesar es la poesía, a ti lo que te tiene que interesar es tu experiencia subjetiva de la realidad, porque no te estás enterando de lo que es vivir y te estás perdiendo todo.
Bueno, vamos a ver. Es cierto que cada persona tiene su interés, evidentemente, y aquí entra en juego la cuestión que a mí más me inquieta, de que a veces las personas tendemos a extrapolar, o al menos a mí desde luego me ocurre, circunstancias concretas propias al percibir ajeno también. Y tendemos a pensar que, como nos parecemos en determinados aspectos, nos tenemos que parecer en otros. Cogemos aquello que nos parece más esencial de nuestra propia persona y consideramos que esa es la esencia del ser humano.
La frivolidad de la academia y la erudición
Puede ser completamente cierto, pero de ahí a que no acepte a nadie aquí. Que la mayor parte de temas en los que se centra cualquier académico de cualquier disciplina, me da prácticamente igual, son basura, siempre fueron basura y van a seguir siendo basura, por mucha utilidad que se le pueda llegar a dar, incluso en relación a las preocupaciones que un ser humano como individuo, otra cosa es su utilidad social, pero un ser humano, en tanto que individuo, realmente tiene.
Para mí el caso especialmente flagrante es el de la erudición extrema. Uno se queda con absolutamente nada, uno no se casa con nadie, uno simplemente se dedica a leer libros como churros. Simplemente por leer libros como churros cree que los está analizando bien por relacionarlos con otros, cosa que no tiene nada que ver, porque ni siquiera ponerte a leer las páginas de un autor con tu mentalidad actual te sitúa en la posición del autor si no haces un esfuerzo mental que va muchísimo más allá de simplemente la pasividad de estar leyendo.
Y digo, las personas que simplemente se dedican a esto, a la erudición extrema, a la acumulación de citas, a la doxografía, que desgraciadamente plaga muchas disciplinas más de corte humanístico, es precisamente la antítesis del objeto por el cual nacieron. Entonces uno puede tener a Safo hablando sobre el amor, o puede tener al petardo que durante toda su vida, pues lo que hace es, sin más, olvidarse del amor, olvidarse de la muerte, olvidarse de los temas que preocupan a, por ejemplo, a los poetas griegos que queramos, porque a él lo único que le interesa es la métrica. La métrica, la métrica, la métrica. La métrica es una basura.
Y el mundo de las, por usar la diferenciación que emplea Gustavo Bueno de conceptos e ideas, conceptos son los objetos intelectuales inmanentes a un determinado campo categorial de una ciencia. E ideas son las que tienen una más amplia relación con otros campos. Entonces, amor es evidentemente una idea, pero puede tener repercusiones en el campo de la psicología y puede tener repercusiones en el campo de la religión y puede tener repercusiones en el campo de la poesía. En cambio, el concepto de soneto mismo, pues es un concepto completamente inmanente a la poesía.
Entonces habrían dos formas distintas de trabajar intelectualmente. Una sería la del saber concreto, categorial, que trabaja sobre todo con conceptos, alguna que otra idea. Eso es precisamente lo que estamos llamando el tercer objeto, esa aberración que a nadie le importa, pero que sin embargo, debido al hábito de que no hacemos una y otra vez más que volver a ello, no podemos escapar de ahí. Y luego el lado de las ideas, cuyo encargado máximo se supone que sería la filosofía y quizá la psicología y quizá la poesía, quizá la religión, incluso, como campos más amplios que pueden relacionar cuantos.
Partiendo de esa distinción terminológica, que yo creo que es bastante relevante, el problema que estamos diagnosticando es la obsesión con el concepto, y que parece que el concepto es lo más importante que existe. La obsesión con lo conceptual, que además de que ya no solo la crítica nichana y de Unamuno, de que capta solamente una parte y que no es una esencia, el fluir de la realidad. Por supuesto que no. Y todo eso viene por una tradición que podríamos llamar, no sé, espiritualista, en la que no quiero enmarcarme, sinceramente.
Aquí lo que estamos buscando es el puto sentido común. El puto sentido común de que el concepto del soneto es una cosa hipermegaconcreta. Y tú no puedes… La dedicación de una vida completa al soneto, con todos los respetos míos y de cualquier otra persona que pueda existir sobre la faz de la Tierra, es un sinsentido completo y absoluto. Si te da de comer, vale. Es como trabajar una mina y saber de eso. Pero ni siquiera necesariamente, porque te está pagando un Estado, porque tú seguramente no tendrías esa capacidad económica de sobrevivir si el Estado no te lo subvencionara y tú perpetuaras ese sistema una y otra vez.
Al fin y al cabo, volvemos una y otra vez al sistema educativo, aunque como espero deciros después, esto no tiene nada que ver con el sistema educativo. Lo mismo me vale hablar sobre el tiempo, lo mismo me vale hablar sobre el fútbol, lo mismo me vale hablar sobre un cotilleo de tercera persona o incluso de primera persona. Estamos hablando de no interesarse por los temas que genuinamente al ser humano le preocupan y que, sin embargo, una vez tras otra, procura hacer como que no le importan absolutamente nada. Quizás nunca le importaron.
De nuevo, ahí entraría la cuestión de si lo que yo estoy haciendo es una extrapolación genérica o no es una extrapolación genérica. Eso se puede discutir. Pero de ahí a que, por ejemplo, un experto, y eso también Nietzsche de nuevo, volvemos una vez más al nacimiento de la tragedia, como sabéis, pues es filólogo antes que filósofo, y en el nacimiento de la tragedia una de las cosas que más hace es quejarse del nulo sentir estético de la gente de su época, especialmente con Wagner, que en ese momento le flipaba a él, luego ya no.
Pero él en ese momento estaba escandalizado con que el debate social en torno a la obra que tenía delante era, pues eso, conceptual. Jamás advocaba a nada que tuviera que ver con aquello que realmente se supone que es, para él, lo que movía al autor y que en última instancia el autor es casi una pura metáfora del mundo, con lo dionisíaco y lo apolíneo y todo eso. Lo dionisíaco vendría a ser lo que yo estoy llamando intimidad, y lo que llamaríamos apolíneo sería lo impersonal, la tercera persona ajena a nuestra sensación real.
Ironía de lo aburrido social y Proust
Así que, como digo, la característica principal del tercer objeto es la frivolización de la experiencia propia, cristalizando únicamente esa experiencia en un tercer objeto que realmente no importa absolutamente nada a nadie, pero que, sin embargo, acaba haciéndolo debido al hábito de volver a hablar de ello una y otra vez, debido a los ritos, por ejemplo, hablar del tiempo, hablar del tiempo una y otra vez.
Luego también uno puede tener un enfoque más… no necesariamente digo que haya que ser ingenuo, por así decirlo, con respecto a esto y tiene que actuar como un poeta, como un romántico, como un Nietzsche, como un qué sé yo, el superhombre. No, eso sería la visión ingenua a la que vamos a ir luego, que vamos a volver con Tarkovski, vamos a leer un pequeño pasaje de Tarkovski. También uno puede hacer otras cosas con eso, como por ejemplo, ironizar, como por ejemplo, metaironizar con esos ritos, esos rituales de endiosamiento del tercer objeto.
¿A qué me refiero con esto? Bueno, por ejemplo, en muchas novelas, sí, yo creo, decimonónicas y del siglo XX, yo ahora mismo estoy con En busca del tiempo perdido y se ve de forma muy clara, es, bueno, es una constante descripción de Marcel Proust, es una constante descripción de esos ambientes realmente, realmente muy rancios, muy, muy rancios de la Francia de principios del siglo XX. Conversaciones, pues livianas y banales acerca de cosas que no le importan a ninguno de ellos.
Claro, leer el libro entero teniendo en cuenta que a uno mismo le parece una imbecilidad lo que está leyendo… Bueno, entiendo que haya quien, claro, Jesús G. Maestro, imaginaos, por ejemplo, ¿no?, aquí en España, el crítico este literario, puedes imaginar lo que dirá, ¿no?, de un Marcel Proust. ¡Eso es una aberración!
Pero si uno adopta la pose más oficial de que es una maravilla de libro, y yo creo que es, en cierto sentido, es una maravilla de libro, no sé si es una maravilla de libro en conjunto, pero bueno. Claro, todos esos pasajes, si uno los lee, pues los tiene que leer de forma irónica, porque es que si te los tomas en serio, es que vomitas.
Y tú te preguntas: bueno, ¿y Marcel Proust? Bueno, claro, vivía en esos ambientes, ¿vomitaría o estaba ironizando? En cualquier caso, la ironía te permite vivir en ese ritual sin tener que participar del mito.
Ritos y mitos: preironía, ironía, metaironía
Estoy utilizando constantemente, de nuevo, la distinción entre rito y mito. Es un colectivo aquí en España que se llama Ultrarracionalista, que dividen un espectro de relación con el mundo en cuatro posiciones, en base a un diagrama donde uno puede activar o desactivar dos configuraciones posibles, que es si crees en el rito, si crees en el mito.
Entonces, si crees en el mito y crees en el rito —por ejemplo, crees en el rito de que qué guay es hablar sobre el tiempo en el ascensor, y en el mito de que realmente te interesa hablar del tiempo en el ascensor—, pues estarías en la posición preirónica o ingenua, por así decirlo.
Luego estaría la posición irónica. La posición irónica sería la cual no cree en el mito, pero sigue ejercitando el rito. Entonces tú sí hablarías del tiempo, te congratularías de lo agradable que es hablar del tiempo, y sin embargo, en el fondo, pues te suda la polla completamente hablar del tiempo.
En el tercer caso, estaríamos en el caso metairónico, que se podría corresponder quizás con el estadio de absoluto desprendimiento de todo de un budista. El budista no es ingenuo con respecto a lo que, por ejemplo, hablábamos al principio. Un budista puede hablar perfectamente de un objeto tercero que es objetivamente una mierda, y de hecho se dedican a cosas que son objetivamente una mierda, como, por ejemplo, su mandala de arena de estos: pues montarlo, dedicarse yo no sé cuánto tiempo ahí a montar su mandala de arena y luego deshacerlo entero y volver a repetirlo.
Claro, no se creen el mito. Bueno, se creen un cierto mito, que es el mito de que eso es útil porque les ejercita en la destrucción mental de todos los mitos. No creen en el mito, no creen en el rito. En un cierto sentido, sí, pero se supone que cuando lleguen al nirvana, no. Entre medias, si lo necesitan, pero en última instancia, no. El Buda perfectamente podría hacer cualquier cosa que no parezca nada budista. El Buda es el que menos budista parece. Es el gran farsante, como también se le dice, el gran mentiroso. El Buda, pues en apariencia, puede estar haciendo, ya digo, el rito; en el fondo, no está haciendo el rito, está haciendo otra cosa completamente distinta, y tampoco cree en el mito. No tiene nada.
Y luego estaría la posición posirónica, que es la más complicada. Por ejemplo, sería la estetización de la guerra del… que Walter Benjamin hablaba de los fascistas, que digamos, supierten un poco las cosas: creen en el mito y no en el rito. Bueno, es una cosa un poco extraña. Sería como si en esta metáfora, esta analogía del tiempo, pues uno en el fondo cree en el mito de que es muy importante saber estar informado sobre el tiempo, pero, sin embargo, cuando estás en el ascensor hablando, si la otra persona te habla sobre el tiempo, tú te callas y no quieres hacer nada. Bien, eso es una simplificación muy burda, pero bueno.
En cualquier caso, a lo que iba: la posición de Proust, espero, es estar en el cuadrante de la ironía, es decir, la de no creer en el mito, pero sí seguir el rito. Y uno puede, desde luego, en este mundo, que de todas formas está configurado así —entonces poco se puede hacer de forma individual para cambiarlo—, uno pues puede ejecutar perfectamente bien el rito, sin embargo, no cree en el mito. Y eso es lo que yo estoy aquí propugnando.
No estoy diciendo que todos nos tengamos que convertir en poetas románticos, adolescentes que se suicidan con veinticinco años, que sería totalmente ridículo. Uno puede vivir una vida normal, pero descreído. Descreído de la porquería de intereses que la sociedad nos ha hecho tener. Yo mismo, empezando por ello.
Frivolidad intelectual y aburrimiento en YouTube (y oportunidades)
Otra sección aquí dentro del vídeo, que es el de mi intento personal de haber intentado escapar de esto, frustrado, diría yo. Mi solución, entre comillas, dentro de YouTube. Y finalmente, cerraremos el vídeo con la posición, digamos, ingenua, que sigue siendo para mí, de todas formas, igualmente válida a la posición irónica. Para mí son las dos grandes soluciones. Ojalá uno lograra el nirvana, pero bueno, no va a ser así. Así que cualquiera de las dos, o la irónica o la ingenua, pero ingenua sin perder esa intimidad, que va a ser la que defienda Tarkovski, por así decirlo.
Ya digo, ahora mismo vamos a entrar un momentito en el tema de que YouTube, que en última instancia es hoy en día una aldea global. Uno puede despreciar, decir: «Bueno, pero en YouTube, ¿qué te vas a encontrar?». Joder, en YouTube te puedes encontrar lo mejor de lo mejor. Yo me he encontrado muchas mejores clases de casi cualquier cosa en YouTube que en mi universidad. Entonces, uno se puede reír de un YouTuber, pero en YouTube hay un contenido extraordinario y yo sigo buscando ese contenido extraordinario. Y me gustaría crear un contenido extraordinario. Ahora mismo no es muy extraordinario, pero me gustaría que lo fuera siendo cada vez más.
En todo caso, en este mundo de YouTube me he dado cuenta de que, aunque la gente en el fondo sí que tiene cierto ánimo de esa honestidad que requiere la intimidad de la que estamos hablando —intimidad se puede malinterpretar, pero aún así es una palabra que me gusta, así que vamos a seguir usándola—, esa intimidad propia del que se moja y da una opinión que le compromete, que no es simplemente hablar sobre un tercer objeto que no le concierna de ninguna forma, que no determina ningún tipo de decisión en su vida, en absoluto, que no se moja en última instancia. El experto en ética, que cuando le preguntas sobre ética lo que hace es citarte a cuarenta filósofos griegos y alemanes, y realmente el tío no te está respondiendo una mierda.
O al debate: hay un debate que me pareció especialmente revelador en este sentido, de Ernesto Castro versus un filósofo, bueno, yo creo que totalmente patético. Rondará ese señor unos sesenta años o algo así. La actuación de Ernesto Castro también es patética, pero al menos se enciende en contra del otro, porque el otro es completamente inasumible. Básicamente, le preguntaban sobre qué es la realidad. Joder, claro, qué es la realidad. Tienes ahí a dos filósofos. Uno que se supone que es experto en la materia, metafísico, no sé qué, no sé cuánto, desde hace pues cuarenta años, y se supone que tiene que haber reflexionado sobre eso. Y Ernesto Castro, que su tesis doctoral va sobre un tema de ontología, supuestamente la ciencia de la realidad, supuestamente.
Eso no tiene nada que ver, la verdad, pero bueno, es un poco el sexo de los ángeles. De hecho, aquí está la tesis doctoral. Esto es puro sexo de los ángeles. Esto es puro sexo de los ángeles. Tiene algunos vislumbres interesantes. Buah, esto está asqueroso. Esto está asqueroso. Algunos vislumbres interesantes, pero en general la reflexión del libro tampoco. De los cinco o seis autores que comenta, tampoco va mucho más allá. Se pueden sacar algunas pinceladas. Pero en todo caso, el debate este que se estaba haciendo en YouTube de estos dos señores demuestra la total incapacidad de dos personas que se dedican a estudiar la realidad de responder lo más mínimo que tenga que ver algo con la realidad, y no simplemente irse por las ramas acerca de etimologías alemanas y griegas, lo cual es el trabajo de un filólogo. ¿Qué cojones estamos haciendo? ¿Qué es esto? ¿Qué es esto?
Entonces, vale, de nuevo, en YouTube no puedo esperar un gran nivel, ok, no puedo esperar un gran nivel. Luego me encuentro en la universidad y pues son papers que tampoco le importan a nadie, menos incluso. YouTube al menos alguien los ve, esos debates, esas charlas, alguien lo ve. A Gustavo Bueno hablando en YouTube, ahí con sus noventa años, noventa y seis creo que murió, ¿no? Al paper de ese profesor eso ni lo lee nadie. O sea que el impacto… es un sitio bueno en el que buscarlo, YouTube.
Y sin embargo, por un lado, cuando uno busca esa intimidad, por así decirlo, esa esencia del ser humano, lo que se encuentra por un lado es una retahíla impresionante de paulocoellistas, estoicos, defensores de una visión muy francamente ingenua de la ética. Son estos gym bros, crypto bros, de los que también hablamos en un vídeo de este canal, el segundo o tercer vídeo, que creo que se llama «Estoicos y estetismo», sobre Discurso amoroso de Roland Barthes. Pero realmente no estoy analizando el libro, estoy analizando lo de los estoicos y los gym bros y los crypto bros estos. Aunque crypto bro ya se aleja un poco del paradigma, pero el gym bro que se cree filósofo romano, ese gym bro que se cree filósofo romano, algunas veces te pone ahí una cuña que ahora no necesariamente tiene que ser gym bro.
Pero filósofo romano sí. Te puede meter una cuña que realmente tiene valor. Entonces, por ejemplo, uno que sí, pues puede tener más valor dentro de ese mundo es Fabián Cebarrio. No sé de qué es, así que bueno, Fabián Barrio, que es un tío que tiene unos vídeos que son una ironía, pero una ironía que se acaba creyendo. De la rutina: empiezas riéndote de Stalin, acabas siendo stalinista. Él hace sus vídeos irónicos sobre la política, al final lo que hace es hablar de política constantemente. Se ríe de que la política es una mierda. Esto es muy gracioso, ¿no? Los que se ríen de que no hay que interesarse por la política y luego solo no hacen más que hablar de política. Cosa que a mí me pasa con la inversión y con la geopolítica en cierto sentido. Lo odio, me parece aberrante y creo que nadie debería meterse en la geopolítica y en la inversión, quizás algo más, pero tampoco. Y sin embargo, no me puedo escapar de ahí.
Pues este señor no puede salirse de la política, pero el resto de vídeos que tiene son con un aspecto más, joder, sí, que a mí me gustaría más, un enfoque así de persona cercana, que cuando te hable sobre la guerra en Gaza, por ejemplo, no únicamente te dé datos. Hay mucho que reflexionar sobre eso humano también en ello. No solo tiene que ser una guerra necesariamente, aunque a mí la guerra me parece un caso brutal de eso. Puede ser utilizando, ya sé, como la excusa que utiliza, pues mitos antiguos. Puedes utilizar todo tipo de herramientas, la música. Hay muchas formas, la naturaleza. Eso me parece fantástico. Lo malo es que tiene revestido ese aire paulo coellista, por así decirlo, de autoayuda.
También está el público así más espiritual, no necesariamente de autoayuda como el budismo. Hombre, budismo tiene mucho de autoayuda en sus márgenes, pero cuando te metes dentro, eso no tiene nada que ver con la autoayuda. De eso también hay cierto público. Y religión cristiana, pues también y todo eso, pero es más estrictamente religioso, que también entra en muchos barroquismos estúpidos de la religión que realmente no tienen nada que ver, se convierten en el tercer objeto, sexo de los ángeles.
Y luego tenemos el caso contrario, que es básicamente el extremo de la divulgación sobre un tema concreto. Entonces, uno tiene, pues a un experto en Historia del arte, yo qué sé, Alberto Garín, aquí en España. Un experto en Historia del arte. Y el señor te habla de Historia del arte, que es lo que sabe. Y cuando se extralimita, realmente a la gente le gusta. Sin embargo, no lo hace más, quizás porque con buen criterio no se considere un todólogo que pueda hablar de todo. Pero la gente anhela esa parte humana, creo yo, porque en última instancia está dentro de nosotros. Y aunque no queramos admitirlo, esa parte destruida por el hábito se revela de vez en cuando, digo yo. Vamos, al menos se lo busco.
Entonces, surgen figuras intermedias. Y para mí la figura intermedia era Ernesto Castro, que se dejó YouTube, desgraciadamente para mí. Al que acabo de mencionar, Ernesto Castro, pues en sus directos, por ejemplo, un enfoque, por así decirlo, que no abandona la reflexión rigurosa. Es decir, apela cuando tiene que apelar al filósofo de turno y no reniega completamente del citacionismo, y no simplemente es un Paulo Coelho. Y a la vez es una persona cercana, no lo suficientemente, pero cercana, que se abre más en canal a hacer otro tipo de experimentos, lo hacía. Y una persona así realmente aporta mucho más, al menos así me lo parece a mí, a ese anhelo de entender, de entenderse a uno mismo, de entender al mundo, que miles y miles y miles de personas que te pueden estar hablando sobre física cuántica, sobre Historia de España, sobre Filología Inglesa, sobre las declinaciones del griego y del, yo qué sé, sánscrito, o un José María Olid Morillas, que no sé si lo he mencionado en este vídeo, en el vídeo anterior desde luego que sí, que es, pues ya digo, la posición del erudito extremo, que teniendo la oportunidad de, por ejemplo, analizar una serie como Twin Peaks de forma, ya que nos vende que va a hacer una interpretación interesante de la serie, pues que haga una interpretación interesante de la serie, joder. Que nos explique algo, que nos explique algo con todo su bagaje intelectual. Que nos explique algo que nos importe como personas.
¿Qué es lo que les importa a las personas? ¿Si Twin Peaks era un sueño? Eso da completamente igual. La reflexión principal en Twin Peaks es sobre el mal, por ejemplo, así muy a la ligera, de muchas otras cosas. Sobre el mal. El mal es mucho más interesante que si eso es un sueño o no es un sueño. Sin embargo, con toda su erudición, lo único para lo que sirve es para eso.
O, por ejemplo, para volver al señor este, Alberto Garín, tiene unos conocimientos de historia vastos. Sin embargo, no le sirve para analizar fenómenos contemporáneos como la inteligencia artificial, pues porque parece que está tan ceñido a sus temas concretos de la Iglesia de esa esquina de Soria que, vale, puede ser muy interesante, no tiene por qué no ser interesante. Y en ese caso, en el caso de la historia, pues es contar una fecha tras otra, una fecha tras otra.
Esa pérdida de perspectiva de la que hablamos tanto, en el mundo de la inversión, por supuesto que también. Por un lado, quiero preguntaros si también lo sentís como yo. Es decir, si creéis que ahí se echa en falta un contenido más humano en YouTube, unas personas más humanas, en general. Eso, por un lado, para saber si no es una mera extrapolación y es clamar al viento en este desierto de no recomendación por parte de YouTube de vídeos como este, que obviamente mucho ha hecho. Quiero decir, yo estoy agradecido a YouTube y con que llegue a un par de personas que le interesen, pues es suficiente. Pero estoy muy interesado, como humanos que sois, no máquinas, y no sois completamente pasivos, es decir, retenedores del tercer objeto. Qué terminología, ¿eh? Comentadme en los comentarios, valga la redundancia, si sentís esto también, porque lo ha hablado mucha gente y no sé, no parece el caso tampoco.
Y, por otro lado, si conocéis canales de YouTube que sí tengan esa faceta. Yo he encontrado, ya digo, Ernesto Castro era en su momento, en cierto sentido. Un youtuber que se llama La Sombra, os lo recomiendo también. Habla sobre arte, pero lo hace siempre desde una perspectiva más personal. Además, es variado, habla sobre varios temas, perfumes también, por ejemplo. Es una persona que no solamente se queda con estrictamente el dato de lo que está haciendo, sino que intenta enmarcarlo como debería ser, yo creo, el arte, joder, el arte. Luego lo explica de forma mucho más humana y es cercano. En sus directos sí que peca un poco quizás de ese enciclopedismo, pero en cualquier caso, comentadme si conocéis canales que puedan ser de utilidad también para otros oyentes o para mí mismo. Y si no conocíais los que yo he podido deciros, que son estos dos, pues seguidlos.
Y yo, por mi parte, voy a intentar hacer que en este canal no se pierda esa faceta, en la medida de mis posibilidades, que son muy escasas, pero ciertas posibilidades.
Y para acabar, como dije antes,
Revista Litoral: Tarkovsky, haikus y el intimismo ingenuo
Quería proponer la segunda solución a esa ironía de Marcel Proust en torno a la vida convencional a la cual nos acostumbramos. Y es la vida poética ingenua, por así decirlo. Era mi forma de vivir, desde luego, en la adolescencia, tomarme a pecho en profundidad todo lo que hacía. El amor, obviamente, como más que ningún otro. Música dramática que me elevara, pues prácticamente hasta mi propia muerte para llevar al límite la vida. En fin, ese tipo de cosas que le gustan a los adolescentes y seres románticos, pensaba yo. Tampoco es que haya encontrado tantos, pero bueno. Hipersensibilidad, literatura, poesía.
Y la poesía, en última instancia, en sentido genérico, como forma de atender la realidad, forma de comprender el mundo. No me estoy refiriendo de nuevo a la métrica cuando hablo de poesía. Yo no soy un experto en sonetos. Yo no he leído prácticamente a ningún poeta. Sin embargo, creo que entiendo perfectamente bien lo que es la pose poética. Obviamente, poetas hay de todos los colores, esto es una forma simplificadora de hablar. Es una forma similar de concebir esa vida poética como la que Tarkovski, quien por cierto, por eruditos de la talla del tal José María Bellido Morillas, que hemos comentado, es —no sé qué palabra usa— peor que su culo o algo así. Claro, no se ha enterado de nada, porque de nuevo, igual que Nietzsche se quejaba de que los eruditos del teatro y de la música, cuando asistían a las obras de arte de su tiempo, por ejemplo a Wagner, no se enteraban de un chingo y lo que hacían era analizarlo en base a criterios totalmente estériles y estúpidos. Pues un José María Bellido Morillas parece que no tiene sensibilidad para nada porque se la ha extirpado él mismo, a pesar de que los libros que lee son muchos, una maravilla, joder. Y lo que se ha perdido es esa forma ingenua —ingenua, pero no por ello peor, creo yo, que la irónica, que no es ingenua, es más crítica— de vivir la vida de forma poética.
Tengo aquí un… A ver, esto es la revista Litoral, no sé si la conocéis. Esta es una edición muy muy antigua, creo que tiene unos veinte años, pero todos los años hacen dos nuevos tomos de la revista. Interesante para tenerlo, es enciclopédico en cierto sentido, pero cuando uno está viendo una película de Buñuel, por ejemplo, a esto puede acceder y tienes algunos comentarios sobre Buñuel y no te tienes que leer un libro de quinientas páginas sobre Buñuel. Yo no me tengo que leer Esculpir el tiempo de Tarkovski —Esculpir el tiempo, ¿no? Ya me he olvidado de eso—, simplemente uno acude, y tienen sobre varios tipos: sobre la felicidad, por ejemplo, sobre el erotismo, sobre los colores, sobre museos. En general es una revista de mucho valor, precisamente yo creo que se enmarca dentro del mundo de lo que sí que roza lo enciclopédico poético, pero conserva buena parte de lo que se espera: aquí está Buñuel, por ejemplo, y Hitchcock. Uno esperaría que sea la poesía. Y en sentido general, la poesía también coge su forma en el cine.
Para Tarkovski también en los haikus, que precisamente son la forma minimalista extrema de poesía, y desde la perspectiva de un occidental, por ejemplo desde la perspectiva de un poema de Lope de Vega del Siglo de Oro, pues un haiku es una basura. Es una basura, honestamente. Pero desde la perspectiva de la intimidad humana, a lo mejor logran una captación muy grande de lo que es esa intimidad, de lo que resulta ser humano, de lo que resulta determinado con un momento concreto de la existencia. Y para eso no hacen falta grandes florituras.
En última instancia, aquí, por supuesto, se vuelve a unir el interés más de corte espiritual. Por eso digo que tampoco hay que renunciar estrictamente a los estoicos gymbros, aunque gymbros poco tienen de contempladores, pero bueno, yo soy un gymbro, ¿eh? Pero yo creo que aquí con los que me meto, con los matemáticos y con los gymbros y con los youtubers, soy yo mismo. O sea que no estoy atacando a nadie que no sea yo mismo.
Digo, en última instancia, en toda esa tradición supuestamente oriental, pero también occidental —joder, monasterios cartujos, pues también están ahí, contemplativos que te cagas—, de cero desatención de lo que tiene delante, básicamente, y una importante puesta en práctica de la captación de lo real, que en última instancia creo que así también hablaba Antonio Machado un poco del poeta como una especie de captador de impresiones. Pues Tarkovski va también en esa línea.
Y como cineasta, os leo esto y acabamos, dice: «El cine poético normalmente suele originar símbolos, alegorías y figuras retóricas parecidas. Y precisamente estas no tienen nada que ver con aquella forma de imagen que constituye la esencia del cine. En este punto me parece adecuado precisar algo más. Si en el cine el tiempo se presenta con la forma de un hecho, esto quiere decir que ese hecho se reproduce en forma de una observación sencilla, inmediata. El elemento fundamental en el cine, el que le da la forma y lo determina desde la más insignificante toma, es la observación».
La observación es fundamental y en última instancia es lo más íntimo, ¿sí? La observación del mundo en todo su esplendor. «Es conocido el género tradicional de la antigua poesía japonesa, el haiku. Sergei Eisenstein cita ejemplos. Haiku: Viejísimo convento, media luna, un lobo aúlla. En el campo, silencio. Una mariposa vuela. La mariposa se ha dormido. En estos tres versos, Eisenstein vio un ejemplo de cómo tres elementos inconexos, al entrar en correlación, crean una nueva cualidad. Pero este principio no es específico del cine, porque ya existía en los haikus, por ejemplo. A mí, en cambio, de los haikus, me impresiona su observación pura, sutil y compleja de la vida».
La simpleza, la complejidad, ¿no? Cañas de pescar en las olas. Un poquito las rozó la luna llena. Oh, una rosa perdió sus hojas y de las puntas de todas las espinas cuelgan pequeñas gotas. Esto es observación pura. Su precisión, su exactitud, hace que incluso personas con una capacidad de percepción muy dispersa sientan la fuerza de la poesía y la imagen de la vida recogida por el autor. A pesar de mis reservas frente a analogías con otros artes, este ejemplo de poesía me parece que se acerca mucho a la esencia del cine. Pero no se debe olvidar que la literatura y la poesía, a diferencia del cine, tienen su propio lenguaje. El cine surge de la observación inmediata de la vida. Este es para mí el camino cierto de la poesía fílmica, pues la imagen fílmica es en esencia la observación de un fenómeno inserto en el tiempo.
Total, que también podríamos llamar, desde luego, a todo esto la observación fílmica o el arte cinematográfico de vivir la existencia, que ni siquiera necesariamente tiene por qué ser crearlo, pero sí sentir que uno se encuentra inmerso en la película. En cierto sentido es una doble implicación, o al menos así lo he sentido yo en los momentos en los que uno más siente esa intimidad: se siente casi el personaje de una película, pero más bien quizás porque la película, el cine, como dice Tarkovski, una buena película, es capaz de lograr esa intimidad, esa observación que uno mismo ni siquiera puede con palabras. Con el cine puedes llevarlo a otro nivel.
Uno puede pensar que la visión de Tarkovski es muy ingenua y, de nuevo, seguramente lo sea, y uno puede pensar que estos poemas son una mierda y seguramente lo sean, pero en cierto sentido son capaces de captar mucho más de lo que parece realmente, y pueden captar mucho más que el triángulo ABC es igual al triángulo A prima, B prima, C prima. No sé por qué, no lo sé. Pero es que parece que la biología humana, igual que nos gusta estar con la gente, con límites, o nos gusta estar con la gente, nos gusta la naturaleza, somos inherentemente personas que intentamos, si no entender, expresar de alguna forma nuestra existencia en el mundo. Es una forma de, ya que sabemos que no vamos a estar aquí para siempre, captar la esencia un momento con alguna herramienta muy limitada que tenemos, como la poesía o como el cine, o como este vídeo de YouTube.
Espero que os haya gustado. Es el vídeo más personal que hemos hecho hasta ahora en este canal, así que si os ha gustado, pues sobre todo comentad. No voy a deciros que deis like y esas cosas. Comentad, ¿vale? Comentad todo lo que podáis y que queráis. Un saludo y nos vemos.
Suscripción.
Si le interesan estas entradas, puede recibir cada una en un correo individualmente. Se deja cuando se quiere, desde el propio mensaje.


