Introducción
Este es el primero de toda una serie de vídeos que vamos a dedicar en este canal a la importantísima y acuciante cuestión del altruismo, utilizando como pretexto este libro de Matthieu Ricard, llamado «En defensa del altruismo», el cual, tanto el autor como el propio libro, en un momento voy a introducir.
Pero primero quiero motivar la existencia de esta serie de vídeos, que va a ser serie, a diferencia de lo que hasta ahora ha ocurrido en este canal. Y es que, aunque no suelo olvidar los temas que tengo pendientes de tratar, suele ocurrirme que en un momento de indecisión no sé exactamente a qué dedicar todos los esfuerzos, toda la energía que naturalmente consume algo como esto.
Y esto se enmarca en algo mucho más general dentro del ser humano, que evidentemente es la cuestión que honestamente creo que todos los filósofos echan con una patada hacia el lado para poder dedicarse a discutir estupideces de qué hacer, qué hacer con nuestro tiempo, qué hacer con nuestra vida. No tanto cuál es el sentido de la vida, que a no ser que cada uno de nosotros, con sus propias creencias religiosas, fe, etcétera, pueda dar una mínima cabida de respuesta, de simulacro de respuesta a esa pregunta, aunque no haya que plantearlo en esos términos, sin duda, operativamente hay que hacer algo.
Y en ese operativamente hacer algo, no sé vosotros, pero a mí siempre me surge como un hilito esa lección pendiente, al menos en mi caso, lección pendiente, aunque hoy, en este primer vídeo, vamos a dedicarle a la dificultad, lo complicado que es realmente cultivar el altruismo.
Digo, esta lección pendiente de, en primer lugar, saber qué es exactamente el altruismo, a lo cual dedicaremos un vídeo siguiente. Naturalmente, no acumular conocimientos por conocimientos, ni acumular supuestas acciones altruistas sin un rumbo demasiado claro o con más deshonestas intenciones de las que querría uno admitir. Y de esto tenemos ejemplos muy recientes de los que también vamos a hablar hoy.
Digo, no tanto acumulando conocimientos por el conocimiento, aunque hay que utilizar ese método, ni tampoco ir a las locas diciendo: pues lo que hay que hacer es, ¿qué?, ser médico de Sin Fronteras en Sudán. Eso puede ser muy heroico y también hay que ser no idealista y considerar que, naturalmente, la mayor parte de nosotros no estamos preparados para ese nivel de altruismo, si es que es plenamente altruismo, que en muchos casos sí.
Pero conociendo nuestras condiciones iniciales, inclusive el grado de altruismo que tenemos, que puede ser muy alto o muy bajo, podemos dar un paso en esa dirección integrando, no solamente acumulando, sino integrando. Y por eso me ha
Matthieu Ricard: En defensa del altruismo
Me parecía interesante traer como pretexto para hablar sobre todo esto el libro de Matthieu Ricard, que es monje budista, y por mucho que el libro puede estar en la estantería de la autoayuda escrita por cualquier occidental, que él es occidental, naturalmente, él es francés, como bien dice el nombre, es hijo, además, de Jean-François Revel, filósofo, y también tiene su parte pasado por el filtro científico contemporáneo, porque es doctor en genética. Pero en todo caso, hizo ese viraje.
Y ya digo, aunque su libro es plenamente occidental en las citas, en la forma de… no es académico, es divulgativo, pero tiene creo que son cien, cien páginas prácticamente de bibliografía al estilo occidental, con muchas referencias a estudios científicos. Naturalmente, es su propio sesgo. No vamos a ser tampoco tan naive de considerar que en el proceso de investigación y de selección de un libro que se llama «En defensa del altruismo», pues va a seleccionar el tipo de estudios que le resulten más convenientes.
Pero siendo consciente de todo esto, me interesa más el background, para usar el anglicismo —bueno, ya ni siquiera anglicismo, sino directamente en inglés, para ser un embajador más de los Estados Unidos, como gustaría a un personaje famoso—. Digo, este background como monje budista, desde mi punto de vista, le otorga, nos guste o no —la práctica budista la podamos considerar egoísta, la meditación como el culmen del egoísmo, prácticamente—, le da una visión muy diferente; también haber vivido en la India le da una visión muy diferente a la que simplemente el científico occidental, una persona que vive en las comodidades constantes en las que yo, por ejemplo, vivo, pues no puede tener, simplemente porque no lo ha integrado.
De igual, y utilizando unos métodos que sin duda os puedo asegurar que un monje budista podrá tener pocos conocimientos desde la perspectiva de lo que un occidental es un conocimiento, pero en grado de integración de ciertas prácticas, por cuánto tiempo les ha dedicado, en eso son diferencialmente superiores al resto de seres humanos.
Y digo que me parecía particularmente interesante porque en el budismo hay prácticas muy densas, meditativas, en el amor bondadoso lo llaman, y en la compasión, que aunque están muy centradas en cómo nos referimos a los demás desde un punto de vista mental, naturalmente también hay actividades ahí afuera de tipo caritativo, pero también está el soporte mental del cual vamos a hablar mucho.
Digo, es diferente, por ejemplo, de lo que sucede en el cristianismo, que es una religión que también coloca el amor —entendido, vamos a entenderlo más o menos como altruismo, al menos en este vídeo de hoy— le da un papel muy preponderante, pero de una forma —no voy a decir peor, naturalmente— de una forma diferente, que quizás es menos técnica.
En cambio, ya sabemos que la India y el Tíbet, durante siglos, que es casi como una evolución extraña de ideas que ya habían florecido de la India, hace mucho por desarrollar este tipo de técnicas de forma casi sistematizada, aunque sea la transmisión oral. No ocurre en el caso del cristianismo, donde, por ejemplo, el misticismo, que sí, se puede llegar a un amor con Dios o se puede llegar a un amor con todos los otros seres humanos y demás, pero no hay una pauta para lograr eso, por así decirlo. En cambio, por ejemplo, el Buda sí te lo da.
Pero bueno, no nos perdamos, porque tendremos tiempo de hablar de las visiones que diferentes tradiciones —y por supuesto la ciencia, como ya digo, es un libro muy intenso en ese tipo de citas científicas, de gran actualidad— tendremos oportunidad de comentarlo.
Hoy, en cambio, me quiero centrar; es paralelo, voy a hacer una lectura completamente libre, voy a coger, en fin, aquello que me interese y lo que no me interese, que pueden ser trescientas páginas por cada tres que sí comento, pues así, así va a ser.
Hoy me parecía oportuno iniciar toda esta intención de profundizar en el altruismo para, naturalmente, como ya he dicho, integrarlo en la vida cotidiana y no que se quede solamente en las nubes, en dos planos. En primer lugar, uno que no
Crisis de sentido personal y altruismo
No tengo más necesidad de comentar prácticamente, que es el ya con el que he comenzado el vídeo, y es que cuando uno no sabe exactamente qué hace aquí, ya que estamos aquí, el tiempo que estemos, qué narices hemos de hacer con nuestro tiempo, más allá de la respuesta elemental, que no significa que no sea importante, relevante, de la propia supervivencia. Pero naturalmente, supervivencia es un término, ¿qué se quiere decir exactamente con eso? Hay muchas cosas que hoy en día consideramos bajo el paraguas de la subsistencia mínima en un país occidental, que ya quisieran tantos otros lugares del mundo compartir como requisitos mínimos de supervivencia.
Otro motivo por el cual, naturalmente, si todos los seres humanos estamos en igualdad moral, al menos filosóficamente —otra cosa es ya desde el punto de vista económico—, pero filosóficamente no debería haber absolutamente ningún motivo por el cual los requisitos mínimos de supervivencia de otra persona sean diferentes de los de uno.
Pero más allá de esta cuestión de la supervivencia, que se me dirá que no es fácil, naturalmente, incluso en países desarrollados —si un requisito indispensable es tener una vivienda, en España esto no es una realidad asumible para prácticamente ningún joven que no tenga patrimonio por motivos familiares o una renta absolutamente alocada—, es prácticamente imposible vivir en una ciudad ahora mismo, con veinticinco años, treinta años, si no es en una habitación. Eso se puede considerar en el plano de supervivencia, pero evidentemente cuando uno se pregunta qué hacer, sí, es cierto, eso está ahí y ya solo con eso tienes mucho que hacer. Por supuesto, trabajar y también movilizarte para que las cosas cambien, por ejemplo, ideológicamente. Y es completamente cierto.
O si no tienes salud, pues siempre tienes ahí el vector fundamental de qué es lo que puedes hacer, si es que es recuperable esa salud, y si no, pues no lo es. Ahí está muy claro: cuando uno está enfermo y sí es recuperable de esa enfermedad, está muy claro cuál es el sentido de su vida en ese momento y prácticamente no hay cuestionamiento de nada más. Es muy claro.
Pero supuesto un mínimo de supervivencia que a uno mismo le haga sentirse satisfecho con sus circunstancias en ese momento, más salud, naturalmente sí, siempre queda la pregunta de: ¿y qué narices hacemos? Y hay circunstancias en las cuales esa pregunta es absolutamente irrespondible. Y naturalmente, es una crisis de sentido absolutamente fundamental en países en los que esas dos necesidades básicas están cubiertas, que es naturalmente semilla de un sufrimiento que se mueve a otro nivel, a otra escala, un malestar que se mueve a otra escala, existencial podríamos decir, y que no es menos importante que el otro, una vez cubierto lo demás.
Y en ello podemos construirnos, naturalmente, simulacros de solución. Vector conocimiento: si yo sé más que nadie, proyecto más que nadie la cantidad de libros que leo, o soy el mejor de mi promoción estudiando, o yo ya sé tantos datos que ya no necesito el consejo de este personaje, que además me lo podría decir la vecina del quinto. Eso podría ser un vector. Otro vector podría ser, naturalmente, la riqueza, como es lógico. La fama también puede serlo. Las alabanzas y evitar las críticas de los demás y, naturalmente, todo lo que podemos empaquetar bajo la gran categoría del amor romántico, del amor marital o de compartir pareja, formar una familia, naturalmente, y todo eso, que seguramente tenga grandes motivos para estar en nuestras prioridades y entre qué hacer, naturalmente.
Pero hay momentos en los que tampoco eso vale. Por no mencionar que, por supuesto, darle excesiva importancia en momentos en los que, por ejemplo, tras una ruptura, no es sino añadir más leña al fuego, no resulta una solución. Resulta todo lo contrario. Puede ser algo que te lleve desde llorar hasta el suicidio.
Y ahí donde queda el remanente, siempre una suerte de luz que pervive dentro de la mayoría de personas, quizás no todas, pero la mayoría de personas, en ese momento de dubitación extrema ante qué hacer, naturalmente, queda observar el entorno, observar las necesidades de las personas en nuestro entorno y darnos cuenta de que algo podemos hacer, incluso por mal que estemos.
Y un paso más, naturalmente, es que no sea en nuestro entorno, sino que sean todos los seres humanos, lo cual es mucho decir. E incluso puedes meter, naturalmente, a los animales, e incluso puedes añadir a toda la ecología terrestre. Ahí ya vas haciendo añadidos y, naturalmente, en teoría, filosóficamente, puede surgir la cuestión de cierto vaciamiento, porque uno ayuda al otro, el otro ayuda al uno, el sentido de la vida del uno es ayudar al otro y el otro es ayudar al uno.
Pero claro, de forma práctica hay tanta injusticia en el mundo, tanto sufrimiento, tanta guerra, hambre, violencia, injusticia legalizada e ilegal. Nada que no sepamos. Que, potencialmente, lo que podemos dar de nosotros no solo es infinito, sino que acaba con nuestra vida si nos lo tomamos a cien por cien a pecho.
De manera que, como ese argumento teórico no aplica, en última instancia siempre existe ese vector de existencia que es el vector de existencia altruista. No sé qué carajos hago aquí, no sé qué hacer, pero ya que voy a trabajar para ganar dinero, voy a hacerlo en algo que pueda ser de utilidad, que haga menos daño —ahora vamos a hablar todo acerca del daño—, que pueda hacer menos daño. Ya que voy a tener este hobby y no otro, va a ser uno que procure, en cierto sentido, ayudar a los demás y no hacer más daño, etcétera. Ya digo, no creo
Tres problemas del altruismo
Eso no es como operamos realmente, porque operamos por muchos motivos egoístas, naturalmente, en nuestra vida cotidiana. Y ponerse a tocar un piano, pues puede ser muy egoísta, por mucho que te ganen la vida de eso, o ser matemático, ingeniero en Meta, y simplemente trabajar en crear algoritmos para retener la atención de las personas. Pero aunque de forma operativa escogemos eso, si pensamos en qué es una vida encomiable, elogiable, pues tendemos a pensar en una vida altruista. Y en eso hay un cierto consenso.
En este libro, en la propia introducción, se comenta cómo esto será un estudio de los noventa: se les pregunta, pues están en Estados Unidos, a qué personaje valoran más como ser humano. El Dalai Lama, que en ese momento tenía más buena fama que ahora, tuvo su pico, yo creo, en los noventa o principios de los 2000. Concretamente, la pregunta es: ¿a quién admiras más, al Dalai Lama o a Tom Cruise? Y a esta pregunta el ochenta por ciento respondió: al Dalai Lama. Y luego les preguntaron: y si pudieras elegir, ¿quién preferirías ser? Tom Cruise, dijo el setenta por ciento de los encuestados.
Total, si usted mismo, yo mismo, tuviéramos que responder a la pregunta, ¿qué diríamos? He ahí donde se abre un cisma enorme entre lo que en nuestros valores se encuentra de alguna forma metido, encapsulado socialmente —y también por motivos biológicos, pero socialmente, vamos a decir culturalmente— de lo importante que es el altruismo, y decir: el amor es lo obvio, eso tampoco hace falta, no hay que irse a las montañas del Himalaya y meditar en el amor y después dedicarte tu vida a…
O hacer como hacen misioneros cristianos por todo el mundo. En África todavía es impresionante también. Que en el lugar más recóndito de Camerún, por ejemplo. Aquí los antropólogos son conscientes de eso. Estoy refiriéndome al libro tan famoso, quizás el más famoso: El antropólogo inocente, que lo he buscado.
Te vas a Camerún, a una tribu, no sé qué, y siempre hay al lado un misionero que está ahí dando su vida por ese pueblo. Nadie se va a acordar del misionero, nadie se va a acordar del pueblo, pero ahí está ayudando. Y también predicando, naturalmente, pero ahí está.
Pero de nuevo, uno puede decir: eso no es necesario, no hace falta, no hay que irse al otro extremo. No hay que pasar de un lado al otro, y si no, nada vale. Es un vector, es una dirección en la cual se transita y vas mejorando.
Pero lo que ese tipo de altruismo demuestra es que estamos muy lejos, cuando en nuestra forma de operar diaria hay ese cisma que, por un lado, considera que sí, el altruismo es algo que tenemos que tener en cuenta prácticamente de forma unánime, y, por otro lado, no lo ejercitamos de forma práctica. Y aquí hay una serie de miopías que tenemos muy interiorizadas todos los seres humanos, pero en concreto, naturalmente, voy a hacerlo desde la perspectiva occidental, que es en la que me encuentro y no podría hacer otra cosa.
Una serie de miopías que nos hacen inclinarnos a una forma de actuar que en nuestra mente realmente creemos incompatible: si, en este caso, ya digo, se considera el Dalai Lama un buen referente, no nos vemos siendo el Dalai Lama, nos vemos más siendo un actor guapo, rico, famoso, con salud.
Y la tesis en este vídeo es que ese cisma, ya digo, por un lado, viene dado por la infraestructura, por ejemplo, del mercado, el fetichismo de la mercancía, como ahora vamos a hablar. La infraestructura del mercado, el socialismo no lo solucionaría, por supuesto.
Pero por un lado, esa infraestructura, y, por otro lado, la superestructura, la ideología, todo el conjunto de… no diría valores. Pero sí, ideales que se mueven en un nivel a menudo inconsciente, que nos arrastran a olvidar deliberadamente cómo actuar de forma altruista, o hace que no nos veamos actuando de esa forma altruista, a pesar de que, por otro lado, se genera esa disonancia cognitiva, porque en cierto sentido lo emplazamos, lo elevamos a una categoría de lo más sublime.
Ya digo, por un lado, creo que es ese pilar que podríamos llamar material, pero también incluye a las ideas. Y, por otro lado, está el pilar de la integración: de que realmente, incluso aunque no tuviéramos esos factores de que, por el funcionamiento de la economía o por nuestras ideologías, olvidamos deliberadamente a las otras personas. Refiriéndome particularmente a todas las personas, si aceptamos el axioma de que no hay ningún motivo para que usted sea diferente de mí.
Digo, hay otro motivo: que, incluso aunque no estuviera todo eso, no basta con tener el conocimiento de algo para tenerlo integrado, para que sea algo que florece de manera natural, que florece de forma práctica.
Y he ahí donde creo legítima la crítica al conocimiento superficial, por un lado, de los académicos y las élites intelectuales y científicas en general, porque también puedes hacer ciencia y profundizar mucho en aspectos que son tangenciales realmente a tu disciplina. Pues no lo sé, yo no tengo conocimientos para criticar de forma muy específica, pero por lo que puede observarse, el hecho de que un psicólogo —si lo queremos llamar científico— sepa más de encuestas, de estadística y de coger datos, muestras, que de luego, en su vida cotidiana, practicar el amor bondadoso, practicar la compasión, practicar la paciencia, practicar la generosidad, dice mucho acerca de qué es lo que nosotros consideramos que es valioso en un científico, en una persona que se dedica a alguna disciplina.
Eso por el lado de la parte élite, iba a decir, pero no tiene que ser necesariamente elitista, pero de la élite de la sociedad. Y, por otro lado, si observas el mundo ya no en sus élites, sino en las masas, que naturalmente las élites y las masas están mezcladas y todos tenemos una parte de élite, todos, prácticamente, supongo, tiene una parte de élite y una parte de masa. Pero, haciendo esa distinción un tanto banal, suponiendo ese concepto de masa, pues podría ser legítima la crítica de un Adorno, desde su elitismo, de un Theodor Adorno, de básicamente la construcción de la banalidad del mal, la construcción del horror a partir de la frivolidad. He dicho Adorno, pero esto quizás huela más, como todos saben, a Hannah Arendt, pero me parecería interesante profundizar quizás en Adorno, porque Adorno es como llevar al límite ciertas de las cosas de las que ahora vamos a hablar.
Cuando las llevas al límite y te quedas solamente en la superficie intelectual, en la parte conceptual, y en tu vida efectivamente vives supuestamente de espalda a la cultura banal y de las masas, como si escuchar a Schoenberg en vez del neoclasicismo de Stravinsky o el jazz fuera medio para no ser un absoluto y completo imbécil en tu vida privada y en tu vida cercana. Porque eso es gracioso. Cuando, y en esto también hay que profundizar, ocurre al revés: eres muy altruista —bueno, no sé si altruista, decir altruista, Adorno no es la palabra— pero pensar en el bienestar de la humanidad, que no se cometan horrores como Auschwitz o demás, pensar así en términos generales en la humanidad, en los horrores, y que tu esposa esté completamente olvidada por ti y subordinada a eso, como también le pasaba a Carl Sagan. Carl Sagan, pues claro, tú lo escuchas en Cosmos y tiene ese tono mesiánico que puede haber sido muy útil a muchas personas, inclusive a mí mismo en cierta edad de mi vida. Pero después, las personas que dedican muchísimo de su discurso hacia afuera, complicado, no hay tanto tiempo como para también dedicárselo a tu hijo o a tu esposa. Están ahí olvidados.
Y esto, de hecho, podríamos decir que es el tercer pilar de la dificultad en el altruismo hoy en día y en todas las épocas. Ya digo, el primero sería todo lo material y lo que podríamos encuadrar bajo: «Bueno, mira, el culpable aquí es la economía, la ideología y demás». Lo segundo sería no integrar de forma práctica los conocimientos, como hacen las élites o como hacen las masas, que tienen ese conocimiento del vecino del quinto, pero que eso no hace que después sea, por ejemplo, iba a decir carnicero, claro, aquí ya si se hace defensa del vegetarianismo. Pero uno puede tener cosas supuestamente básicas muy claras y otras no, por esa frivolidad. Pero ahora vamos a hablar de ella.
El círculo de conocidos y desconocidos
El tercer pilar podría ser ese juego entre la dificultad de congeniar altruismo hacia todos los seres humanos, hacia los animales, incluso a nivel ecológico, y simultáneamente hacerlo con tu familia, con tu esposa, con tu marido, con tu madre, con tu padre, con tus hijos, con tu tía, con lo que sea, con tus amigos. Porque ahí, aunque a ciertas personas les puede parecer más fácil, es un juego de nuevo, ya digo.
Vamos a empezar por este, de hecho, de los tres, ya que acabo de comentar esto de Carl Sagan y demás. Hay personas cuya debilidad es olvidarse por completo de alguien que vive en Pakistán y que les da completamente igual. Y mira, que si yo no reciclo, hago el capullo comprando algo en Amazon, devolviéndolo, simplemente porque no me hacía falta, pero lo hago y hago circular las cosas por el mundo y genero más basura, lo que sea. Y luego esa basura acaba en Nepal, encima en un basurero que no pueden gestionar, o en Nigeria, que no pueden gestionar, encima de unos cultivos, y la gente allí se envenena con las pilas que tú has tirado donde no tenías que tirarlas, y te da igual esa persona completamente porque vive a seis mil kilómetros de ti. Pues es una forma de no altruismo, digamos, hacia las personas que viven simplemente a una distancia de ti; pues las olvidas.
Ahí es también clásico este experimento de si al lado tienes, estás viendo a una persona que se está ahogando, a un niño que se está ahogando, por ejemplo, y si pagas doscientos euros se salva, y si no pagas los doscientos euros se muere, ¿lo harías o no lo harías? Y simplemente por el hecho de que está cerca, lo estás viendo, es una persona tangible, pagarías los doscientos euros, incluso aunque fuera lo único que tuvieras. Pero en cambio, eso está ocurriendo todos los días en el mundo, naturalmente. Entonces hay personas que podrían sobrevivir ya no por doscientos euros, sino por diez, que les diéramos. Naturalmente, todas las trabas de corrupción y demás que puedan existir detrás de las donaciones, de que se lo queden las élites de los países y no llegue a quien tiene que llegar, es algo real. Pero independientemente de eso, haciendo el experimento de forma sin rozamiento, en ideal, pues salvaríamos a una persona que no estamos viendo, que jamás vamos a conocer, donde sea, ya he dicho, en Pakistán, Nigeria, Nepal, lo que sea. Pagar doscientos euros para que a su casa llegue un agua que no esté contaminada. Pues claro, así dicho, pues sí, claro que sí, pero a la hora de la verdad ni de coña lo hacemos, porque esos doscientos euros nos los podemos gastar en un Apple Watch de cuatrocientos euros. Y ahí, para medir el sueño. Muy útil, muy útil, muy útil.
Bueno, pues eso sería un espectro. Pero luego, naturalmente, como ya he dicho, está el espectro contrario. Yo tengo cierta simpatía, quizás porque es más fácil, hacia la idea de incluir a los animales, incluir a todos los seres humanos, y que cuando uno compra algo, a pesar de que no puede quitarse de eso, fabricado en las fábricas de Foxconn —sí, Foxconn, claro, es el ejemplo supremo—, de las fábricas de Apple están subcontratadas a esta compañía taiwanesa, creo, Foxconn, y pusieron las famosas redes amarillas para que la gente no se tirara, porque empezaron a haber una gran cantidad de suicidios. Esto creo que fue allá por 2011, 2012, como hace quince años, que eso habrá cambiado. Sí, bueno, pero luego en la pandemia del COVID los encerraron allí. Claro, si parabas la producción de iPhones, joder, qué cagada más grande. Entonces los encerraron allí. De esto hace pues seis años. Los encerraron allí. Ahora mismo lo hacen en la India. Foxconn se ha pasado a la India, ya os podéis imaginar también.
Bueno, total, uno puede ser muy consciente de estas cosas y aun así hacer, no se sabe si lo que debe o lo que no debe, pero es muy complicado, definitivamente, si uno piensa en todos los seres humanos, no hacer algo que no sea dañino, porque siempre vas a hacer algo que sea dañino. Pero lo puedes tener en cuenta, y yo, por ejemplo, en mi caso, lo tengo en cuenta. Pero es más fácil tenerlo en cuenta, entre comillas, que a lo mejor si de forma directa lo tienes.
De nuevo, esto puede parecer una aberración a los que le ocurre al revés, que es obvio, es trivial, es lo natural, es lo lógico, es lo inmediato, es lo que me sale de dentro, es el amor más básico del ser humano, favorecer a tus cercanos, a tus personas cercanas. Favorecerlas, porque, bueno, una cosa es ayudar cuando tiene una enfermedad, que eso, obviamente, creo que sale a cualquiera, pero otra cosa es favorecer, defender, casi como… yo ya digo, lo concibo como una suerte de como si fuera una mafia, en la cual tienes que: «Bah, estos son los míos, ¿no? Y los demás…». Vale, quitando esa parte negativa, está claro que los que pensamos así, muchas veces sucede que podemos pensar mucho en los otros y no pensamos nada en las personas que tenemos cerca, y a esas personas cercanas no nos dedicamos a ellas como deberíamos.
Un ejemplo puede ser, un ejemplo que protagonizo, por cierto: si hay una persona de tu familia o una amistad tuya que le critica algo a un tercero, decirle: «No le critiques, que está en su derecho a pensar así, sus circunstancias hacen que sea así». Ser como muy comprensivo con el tercero. En cambio, lo que hizo el tercero fue a lo mejor criticar a otro. En cambio, tú a la persona que es tu amigo o tu familiar sí le criticas. Es una cadena muy interesante en la cual te importa más el tercero que el que está en tu entorno, porque el que está en tu entorno, si fuera el tercero no le criticarías, pero como es tu amigo, como es tu familia, sí le criticas, porque te sientes en la confianza de hacerlo. Eso demuestra que en realidad al tercero lo ves de forma diferente a tu amigo, porque si no aplicarías el mismo rasero. En realidad, al otro, en cierto sentido, le estás intentando proyectar una idea de que eres muy comprensivo, muy compasivo, y con tu amigo, con tu familiar, tú crees que estás haciendo de nuevo ese acto altruista de: «No le critiques al otro, qué bueno soy, porque yo no critico a nadie». Y le estás criticando en ese momento por hacerlo.
Me parecía curioso, esto ocurre a muchos niveles. Esto puede ocurrir realmente a muchos niveles, y ya tenemos un vídeo en el cual tratamos esto. Un vídeo raro, aquel de Cristina F que hice hace unos meses, en el cual, pues a veces la distancia, la mucha distancia, nos permite tolerar cosas que si están cerca, pues no las vemos así, naturalmente. Por ejemplo, con la droga: si ves a una persona que es drogadicta y nunca has tenido en tu familia personas drogadictas y la ves desde fuera, pues te puede generar repulsión, pero también te puede generar mucha compasión, mucha empatía, mucho: «Vaya tela, que haya acabado así, y no se puede hacer mucho, pero incluso voy a intentar hacer algo, aunque sé que se lo va a gastar en droga, me siento bien ayudándole». Cuando generas esa barrera, ese muro de por medio entre tú y la otra persona, eso, en el caso de la droga, puede hacer que favorezca una empatía que, si estuviera en tu familia, a ti, quitándote el dinero en tu casa, o a un familiar, de forma práctica no te comportarías de forma compasiva porque no puedes. No hay forma de romantizar en lo más mínimo el sufrimiento cuando ese sufrimiento está cerca.
Entonces, si no te invade Putin tu país, Ucrania, puedes todavía pensar en: «Pobre Putin, que no sabe lo que hace». Pero en el momento en que te invade, si sigues pensando así, no te puedes defender. Es naturalmente el gran dilema de cuando uno tiene algo lejos: puede ser capaz de empatizar, de ser compasivo con cosas terribles. No estoy diciendo que nadie empatice con Putin por invadir un país si está lejos, no es eso lo que estoy intentando decir, eso no se debe comprender de esa forma. Me estoy refiriendo a que si uno tiene lejos un comportamiento de una persona asquerosa hacia una persona no tan asquerosa, lo natural es tener empatía y compasión por la persona que ha sido la víctima. Pero una persona que extiende el altruismo de forma genuina a todos los seres, que es el extremo del que estoy hablando aquí, también tiene que incluir en el paraguas al agresor, no a la víctima. No para no juzgarle, sino porque es un ser humano y pobre, que no sabe lo que hace. Es una visión muy de la religión, pero es una visión que también es práctica en esta reconciliación con el resto de seres humanos, y es naturalmente parte del altruismo, que no significa, de nuevo, que no le juzgues para meterlo a cárcel o incluso ahorcarle, pero tiene que participar de esa noción de altruismo en algún sentido, al menos de forma interna.
Ya digo, es más sencillo hacerlo en general si no te toca, si está en otro planeta, que en el momento en que te toca. Ahí ya, incluso un comportamiento que a todas luces es normal, natural, no es ninguna agresión, no es ninguna… te puede resultar reactivo, repulsivo, y muchas veces, pues naturalmente, en nuestro círculo de mayor confianza, la confianza da asco, pues somos menos altruistas con esas personas que tenemos cerca. A no ser que estén claramente mal, y ahí sí, pero si están bien y demás, pues podemos actuar de forma menos empática que si fuera con una persona muy lejana.
Ya digo, esto es cuestión de talantes. Quizás haya personas en un extremo, quizá haya personas en este otro extremo, siendo este segundo extremo el que yo me refiero con lo de Carl Sagan o con lo de Adorno, que podía llenarse la boca tanto en el sentido del filósofo recalcitrante, seco, pero que está muy preocupado porque no se repita Auschwitz, y que es una frivolidad absoluta estar escuchando jazz mientras están matando a los judíos en la cámara de gas. Y también de Carl Sagan, que podemos considerar, bueno, en cierto sentido el frívolo, pero casi padre de una forma de observar el mundo naive y bonita, como si fueran diferentes.
Naive y bonita, pero muy humana del resto de seres en este planeta. Y, sin embargo, olvidarte de que tu mujer no tiene que dedicarse a, prácticamente, ser sierva tuya para que tú puedas sacar tu serie.
Ya digo, es complicado.
Entonces, esto ha sido la primera problematización de la cuestión del altruismo.
Este vídeo es una problematización de la temática, por ver si a lo largo del libro podemos ir dando algunas respuestas, cabalgar estas contradicciones, que no van a poder ser resueltas, eso creo que lo puede adelantar cualquier persona sensata. No van a ser resueltas estas contradicciones, pero pueden ser cabalgadas con algo más de…
El fetichismo de la mercancía y cultura del don
Volviendo al primer aspecto del todo, que tiene relación con olvidarnos de las personas que están lejos. Es decir, volvemos de nuevo a la persona que es más, como yo llamo, de mi círculo mafiosa, mafiosilla. Ahí los de fuera me dan igual. Más tribal, más grupal, que es, por ejemplo, algo de lo que las religiones se quieren ocupar bien en erradicar, en principio. En principio, porque luego el infiel te lo matas, evidentemente, pero en la visión idealizada de una religión.
Aquí hay varias cosas que podemos señalar en el olvido del otro. Como ya he mencionado, por un lado, a nivel económico rigen una serie de dinámicas, como lo es naturalmente el fetiche de la mercancía, el fetichismo de la mercancía, en virtud del cual se convierte en atributo indisociable de la mercancía, en atributo indisociable del pan que compras o del iPhone que compras, o lo que sea, su valor mercantil, en lugar de, casi como si fuera de nuevo, las propiedades que esta mesa tiene en el colectivo humano, como decía Gustavo Bueno, la definición de mesa, de colocar las… el suelo de las manos. Todo lo que en nuestra mente está asociado a mesa, y que no se puede disociar. La imagen de las Azores con Aznar y Bush, con las patas encima de la mesa. Bueno, todas las asociaciones que queramos hacer a la idea de mesa están metidas en ella, en su esencia, a un nivel que ya no podemos dejar de observar. Y eso mismo nos ocurre con su valor mercantil. Entonces, es indisociable, por supuesto, el iPhone de los mil euros que te cuesta. En cambio, eso es lo que queda, junto a todo lo demás que proyectamos sobre el iPhone, supuesta exclusividad, muchas cosas, lo que queramos. También sobre el pan. No es necesario hacerlo sobre un objeto con el cual además haya un fetiche personal, que obviamente en el caso del iPhone ocurre. Pero la visión de Marx es más general, es la mercancía en general. Entonces, es una cuestión de asocias el valor y el valor queda ahí cristalizado, independientemente de cómo ha sido la construcción del valor, que queda irremediablemente expulsada, casi como en esta mesa, a la hora operativa de pensar en nuestra vida y utilizar una mesa. Jamás vamos a tener en cuenta su constitución atómica o de bosones. No vamos a tener eso en cuenta porque no es práctico. Y así en el mercado, en el capitalismo, pues naturalmente lo único que ya es útil desde el punto de vista mercantil, del intercambio económico, es el valor cristalizado en el precio. Y da igual la relación humana entre medias, a diferencia de lo que ocurre en algunas tribus, como demuestran algunos antropólogos, en los cuales la mercancía, bueno, no se puede llamar mercancía, claro, el objeto que vas a entregarle a una persona va indisociablemente —y claro, que aquí yo creo que hay que hacer la matización de que son ciertos objetos, porque no puede ser todos los objetos, pero va en cierto sentido y ciertos objetos— indisociablemente ligados a la persona a la que se lo das y la persona que tú eres. Esa cultura del don, el donar.
Y la donación, pues obviamente ya adquiere hoy en día una… Cuando puedes hacer la donación por una pasarela de PayPal o de Ko-fi o de Stripe o de Médicos sin Fronteras, simplemente con la tarjeta, lo tienes ahí asociado, pues de nuevo, ahí ya no hay esa cultura de la donación en el caso de estas tribus, sino que se ha mercantilizado la donación. Solamente importan los quince euros, no sabes a quién van. Hay iniciativas que rompen con esto. Pero en general es así, por practicidad. Es diferente la calidad.
El otro día escuché, me llamó la atención. Sí, es llamativo. Nesto Castro decía, ahora que se ha convertido al catolicismo, es decir, el cristianismo católico apostólico romano, pues él saca estas columnas de monedas que ya no se ven, no sé si antes se veían, simplemente para dárselas a los mendigos. Porque evidentemente sí, dar el dinero en físico al mendigo que tienes delante es algo muy diferente de pagar cinco euros en PayPal, por ejemplo, a un servidor, que espero que ustedes lo hagan, porque sin este contenido de altísima calidad no puede efectuarse. No, háganlo a cosas más importantes. En todo caso, que si no me lo gasto en Apple Watch.
En todo caso, lo que digo es que este fetiche de la mercancía, que ya digo, es aplicable a todas las mercancías por igual y simplemente lo caracteriza esta cuestión del valor que queda fijado a la propia mercancía como atributo, hace que naturalmente olvidemos todo su origen. Y si bien ya nos es indiferente, no debería serlo, pero nos es indiferente el origen de la ropa que vestimos. Es decir, ya no es que solamente hay un desconocimiento, quizás, como podemos decir que había un desconocimiento de la Alemania nazi, del uso de ciertos químicos que se extraían del pelo de las mujeres que les quitaban en los campos de concentración.
Si no lo sabes, se puede decir que no puedes hacer mucho, excepto si te informas de algún modo, que en ese caso era complicado para un alemán, naturalmente. Aunque el que quería verlo podía verlo en cierto sentido. En todo caso, hay una sobreinformación. Quizás no hay una evidentemente no hay una trazabilidad total. Eso obviamente no existe, pero sí las grandes tendencias nos podemos hacer una idea de ellas. Y cualquier fábrica de Bangladesh, o de cualquier otro país exportador masivamente de productos textiles, muestra el tipo de condiciones que todavía en 2026, que no estamos hablando del año 1990, que ha llovido desde entonces, pero todavía sigue siendo absolutamente infrahumano.
Y sin embargo, somos conscientes de ello, pero deliberadamente, y eso es lo más cínico de todo, deseamos abrazar el fetichismo de la mercancía para que únicamente importen los dos euros. Si es Primark, son dos euros y medio, y si es una empresa supuestamente con trazabilidad de comercio justo y demás, pues son veinticinco. Y claro, si todo lo relevante, todas las propiedades relevantes de una mercancía se encapsulan sobre todo en su valor, naturalmente, después hay otras cosas, como ocurre con el iPhone, que además de valor, pues hay esa exclusividad, hay esa idea de calidad, hay esa idea de muchas otras cosas. Pero si vas a comprar a Primark, evidentemente vas a comprar por el valor pecuniario, que sea lo más bajo posible.
Si en vez de una camiseta puedes comprarte diez camisetas y te duran quizás las diez camisetas en total, no sé, como dos camisetas de supuesta mejor calidad, pues nada, me sigue saliendo a cuento hacerlo así, a pesar de que estoy contaminando cinco veces más y a pesar de que cinco veces más si fueran de diez a dos. Pero encima no tengo esa trazabilidad de a ver en qué condiciones viven, trabajan estas personas que han fabricado mi camiseta, su transporte, etcétera. Puede parecer muy de lista y muy de niño pijo y de ricachón o de lo que sea tener en cuenta estas consideraciones.
Pero hay que pensar aquí, por ejemplo, que todos los seres humanos a lo largo de la historia, por pobres que fuesen, tenían poca, pero tenían ropa. Es muy llamativo, por ejemplo, en Cervantes. El otro día estaba leyendo el Rinconete y Cortadillo. Siempre Cervantes hace mucho énfasis en la indumentaria, ¿no? Y al principio del todo describe a estos dos jovencillos delincuentes ultrapobres que van haciendo ese camino hacia Sevilla con, no sé las palabras exactas que usaban, porque son palabras que están extintas, creo, en su mayoría, pero sin los zapatos sin suela y con unas propiedades que no podría yo… léanlo, léanlo.
Evidentemente, es la realidad y es preferible que la gente, pues gracias a este fetichismo de la mercancía, que el capitalismo funcione tan bien, pueda tener tres pares de zapatos, cuatro pares de zapatos, más o menos decentes, aunque tenga que tirarlos y comprarlos de nuevo para no ir toda su vida con unos zapatos como estos de Rinconete y Cortadillo. Pero nos hemos pasado al otro extremo. Y también los que no somos esencialmente ricos, parece que tenemos que tener una vastísima colección de, por ejemplo, ropa, pero poniendo este ejemplo, entre otras muchas cosas.
Y naturalmente es un resultado de que colocamos el precio como lo supremo, cuando en realidad, si hacemos el cómputo completo de precio con el tiempo que nos dura y con el tipo de intercambios humanos que han mediado, si haces una especie de suma ponderada de esas cosas, incluso una persona que tenga pocos recursos económicos puede plantearse hacer un sobrecoste si lo tiene en cuenta, al igual que a lo largo de toda la historia de la humanidad, por fuerza tenías que comprar ropa bastante cara, porque la ropa no estaba fabricada en grandes manufacturas en Bangladesh. Era mucho más, muchísimo más cara en relación a todo, y la gente vestía. Es una necesidad que naturalmente puede ser cubierta incluso por clases muy, muy pobres, y podría mejorar la vida de muchas otras personas que, de nuevo, debido a este fetiche de la mercancía, tendemos a relegar, a olvidar por completo.
Entonces, esto sería una reflexión en torno al sistema económico. Es bastante inevitable, es bastante complicado. Ya digo, el socialismo no es naturalmente una solución. No, porque no soluciona el problema del fetichismo de la mercancía, honestamente. Y aunque lo solucionara, aunque solucionara el problema del fetichismo de mercancía, porque, vale, sí, no hay precios. No, no, no, no hay precios. Hay cosas que son mucho peores que los precios.
Pero aunque no haya precios, y supongamos eso, naturalmente, si no hay precios, y como ya mostró el problema del cálculo económico este don querido, Ludwig von Mises, y hoy en día podrán decir: «Bueno, no, pero han cambiado los métodos computacionales. Ahora podríamos hacer un análisis de cómo hay que administrar los recursos en la economía, porque no tenemos ese problema de la información gracias a los recursos computacionales, que son muy elevados. En ese momento no tenían computadoras…». Vamos, a ver, el problema sigue esencialmente el mismo. Y no es en la obtención, que también, obviamente, ¿no? Pero no es en la elaboración de esos datos, sino que es en la agregación de preferencias.
En última instancia, si la agregación de preferencias de una sociedad la tiene que escoger un burócrata, eso es un totalitarismo extraordinario. Es un totalitarismo, como también dijo Hayek. No puede haber libertad política ni social si no hay cierta libertad económica.
En todo caso, nos estamos yendo continuamente, pero estas digresiones son convenientes, creo yo.
Inversión y altruismo
Hay un segundo pilar que englobe bajo este paradigma de lo más condicionado socialmente, que no depende tanto de nosotros, pero que en este caso creo que depende algo más, que es el de la ideología, todas las cosas que nos influyen en muchos niveles. Entonces, por conectarlo con este mundo del fetichismo de la mercancía, del capitalismo, un ejemplo sería, naturalmente, el inversor cuya ideología es indisociable de la idea de obtener a partir de… Y no digo que no haya que ser inversor. Como ya sabéis, en este canal también tenemos vídeos dedicados a ello, pero hay que ser consciente de las limitaciones de cada paradigma.
Esta idea de que simplemente porque yo invierto tanto dinero en la empresa que sea y he seleccionado correctamente esa empresa porque creo que el riesgo va a merecer la pena. Esa idea de que yo básicamente estoy ganando dinero debido a que me he arriesgado, que el valor que aporto es el riesgo. Entonces, como hay muchas personas que no están dispuestas a arriesgarse en proyectos a largo plazo, el que se arriesga en un proyecto a largo plazo y pone el capital para ello está aportando esa parte del valor de que literalmente no sería posible esa iniciativa a largo plazo.
Y ahora mismo está claro que no habría ningún estado, por ejemplo, democrático, ningún estado que pudiera hacer planes a tan largo plazo como lo puede hacer un inversor cuando invierte en Nvidia, en inteligencia artificial. Por mucha especulación que haya, que es a corto plazo, el mercado es algo impresionantemente eficiente a lo largo de gestionar dinero y recursos a largo plazo para proyectos que funcionen en ese largo plazo.
Entonces, el inversor naturalmente sí dice: «Bueno, yo estoy ganando dinero por la apuesta del riesgo, que es un valor que estoy añadiendo, que no añaden todos los otros que no están invirtiendo en esta iniciativa, que si no, no sería posible». Sí, pero por supuesto tiene una justificación que obtenga un valor desde el punto de vista económico. Ahora, desde el punto de vista moral, pues quizás ya se puedan decir otras cosas.
Pero desde un punto de vista de lo que estamos hablando, de olvido de las condiciones que se encuentran detrás, de cómo el sistema económico funciona, cómo funcionan las personas que hay ahí, por tanto, una inhibición natural del altruismo, porque no hay personas, solamente hay números en la tabla de la fluctuación de los valores de diferentes activos financieros.
Claro, que tú puedas obtener dinero, rendimientos, por darle a un botón en una aplicación en tu móvil. Y si tienes cien mil euros, por ejemplo, y ganas un diez por ciento al año, pues tienes ahí diez mil euros. Tienes lo que mucha gente tiene para sobrevivir cinco años en muchos países. Diez mil euros tienes simplemente por haber hecho un gesto.
Pues naturalmente, a pesar de que tenga sentido de que sí, la economía tiene que crecer con inversión, la inversión es algo fundamental, la forma de hacerlo hoy en día ha extraído hasta tal punto la fricción que el olvido de las personas que hacen eso posible también, naturalmente, que es todas las personas que trabajan en esas empresas y que a su vez todas las otras contribuyen a que esa empresa florezca como florece, ese olvido, esa absoluta ignorancia de las personas que hay detrás, hace que después, de forma natural en tu vida, operes de esa manera sin fricción.
“Altruismo eficaz”, FTX y empresarialidad
Aquí podemos pensar que uno puede ganar el máximo dinero, pero después donarlo de forma más eficiente. Y esta, por ejemplo, es una idea que creo que está un poco más en el ojo de mira después de lo que ocurrió hace unos años, pero es la teoría que en Silicon Valley moral parece que más gente acepta. También está un poco detrás de esta gente de Anthropic, por ejemplo, que está tan de moda, del altruismo eficaz. De: nos enriquecemos, por un lado, con ciertas inversiones, porque así podemos donarlo después a lo que de verdad es más importante. Por ejemplo, puedes hacer estudios científicos de: “Oye, mira, muy racional, de un modo muy analítico y consecuencialista. Si colocamos mosquiteras en estos países tropicales, la cantidad de muertes que se van a evitar por malaria, dengue, lo que sea, es muy superior. Así le pagamos quinientos euros más al año a este camarero de San Francisco, que total, ya tiene la vida más o menos…”
Entonces esa idea es casi al contrario de: lo expandimos a lo lejos, nos olvidamos un poco de lo de cerca, y para conseguirlo lo hacemos vía el capitalismo. Entonces lo hacemos vía el aprovechamiento de las oportunidades que, por ejemplo, ofrece el mercado de capitales estadounidense. Y aquí el ejemplo clásico fue FTX, este hedge fund de criptomonedas, que básicamente acometió un robo extraordinario de los fondos de los clientes para donar, también para que el personaje en cuestión se hiciera multimillonario, en el papel, porque era robo, pero también para donar a este tipo de iniciativas que supuestamente son las más eficientes desde el punto de vista altruista, altruismo eficaz. Eso es más eficaz. Como si se pudiera medir.
Bueno, sí. De nuevo hay matices, porque puede tener mucho sentido quizás destinar ese dinero a esas mosquiteras, ese dinero a esa planta de eliminación de residuos en Camboya, y no dedicárselo a una persona que vive en San Francisco de ochenta años, que aunque no puede moverse, hay muchas formas de administrar los recursos. Y vamos a hacerlo hacia los más vulnerables, incluso a pesar de que tenga que robárselo al de los ochenta años que ha invertido en el hedge fund este y demás. Naturalmente, ahí ese hombre está en la cárcel y todo eso, porque no puedes robar dinero para donarlo a los Robin Hood. No puedes robar dinero para donarlo a lo que tú crees más eficaz y de paso hacerte multimillonario, naturalmente. O sea que esto puede llegar a unos límites muy psicopáticos y que obviamente están fuera de la ley.
Y aunque nos hemos ido un poco, esto venía en relación a aquello de: bien, sí, pero yo hago eso de los diez mil euros, pero yo esos diez mil euros después los invierto en… los dono a mosquiteras en este país tropical de África, que es mucho mejor que si no hubiera sacado esos diez mil euros invirtiendo y lo hubiera gastado, yo qué sé, en chocolate de comercio justo, que a lo mejor no es ni de comercio justo ni de nada. En todo caso es desde luego mejor si tú inviertes y consigues mucho dinero, y lo acumulas y lo vas donando en iniciativas que crees que son más útiles, naturalmente, que si ni siquiera existe eso y simplemente es la acumulación por la acumulación, que es muy frecuente.
Es una cuestión complicada. Pero ya digo que suele ser, está todo como en un nivel. Me interesaba esto de hablar de Silicon Valley: está como en un nivel de que si solo vives en San Francisco, o si solo vives aquí, o si solo vives donde sea, ves las cosas tan desde fuera, que realmente es complicado que ese altruismo no mute en algo bastante extraño y escabroso. Pero bueno, es un intento. En todo caso, eso era un punto.
Otro punto podría ser, por ejemplo, por continuar también este vector de los liberales y los libremercadistas, el ejemplo de olvidar a los demás cuando tú vives en un entorno ya no de gente rica, porque si vives en un entorno de gente rica, muy gilipollas hay que ser para no saber que hay hambre y sufrimiento económico en el mundo. Eso que lo tienes en una… por ahí, que obviamente cualquiera lo tiene y Elon Musk también lo tendrá, no impacta en la forma de operar que tienes, y en la forma de operar sigues proclamando cosas completamente idealistas y alocadas.
Entonces, por ejemplo, un caso reciente es con la inteligencia artificial, la idea que los liberales tienen de solucionar la cuestión potencial de desempleo masivo que pudiera surgir a partir de esto. Sea o no sea, aceptemos la premisa de que sí. En ese caso, ¿cuál sería la solución que proponen los liberales? Pues, por un lado, soluciones de tipo elitista, de: la gente debería estudiar Matemáticas, Física, Filosofía, para ser arquitectos de los nuevos sistemas de pensamiento en este mundo, o bien estudiar Ciencia de Datos y Matemáticas para ser los arquitectos de esas arquitecturas de modelo de inteligencia artificial. Todo muy… sí, claro, tienes que estar diez años estudiando primero Matemáticas, Filosofía, Economía, Física, y después ya empiezas.
Con Ciencias de Datos y ya después, después de 10 años, después de haber pagado su máster, que cuesta 10.000 € en el mejor de los casos, y el grado 50.000, pues en el mejor de los casos, después de esos 10 años, pues tendrás un empleo. ¿Y todos los que no se lo pueden permitir, ni en tiempo, ni en dinero, ni en nada, esos qué? Esos no están. Esa es la primera solución.
Y luego la segunda solución. Bueno, y por supuesto que no tienes por qué tener esa capacidad intelectual para meterte en una universidad a estudiar Filosofía o Matemáticas. Puedes tener otro tipo de capacidades. ¿Qué cojones tienes que tener esas capacidades? ¿Todo el mundo tiene que ser matemático, físico y filósofo? Ridículo.
Pero el segundo a mí me parece más bomba todavía. Y es que la gente debería ser empresaria. Entonces, es muy fácil para el cual tiene patrimonio. Y aunque no tengas patrimonio, te has construido el patrimonio porque has dedicado tu puta vida solamente a trabajar. Y hay gente que legítimamente escoge que su vida no sea solamente trabajar y quiere un salario básico y se contenta con: “Oye, mira, a mí la estabilidad que me da ser cajero de McDonald’s no me la da ser empresario, por mucho que gane cinco veces más y le tenga que dedicar mucha más energía mental. Pues mira, yo voy a trabajar de funcionario en una biblioteca, yo voy a trabajar en lo que sea”. Entonces, pues es una opción perfectamente legítima, que es posible en nuestro sistema actual, en el cual cualquier persona puede aportar un poco de valor a poco que se ponga.
Pero claro, en un mundo en el cual la inteligencia artificial puede hacer que el valor del ser humano marginalmente tienda a cero, ¿qué haces con esas personas? Pues claro, sí, se tienen que convertir en, no sé, dirigentes de agentes, de estas orquestaciones de agentes. Tienen que convertirse en arquitectos de su propia supervivencia económica y eso significa básicamente ser empresario.
Y si entretanto tienes un alquiler que te cuesta 1.200 € para una habitación de mierda compartida, que no puedes conciliar familia y estás ganando 1.800 € en el mejor de los casos, habiendo estudiado una carrera universitaria en Madrid, o peor, 1.300 €, tienes que irte a un pueblo de a saber dónde a encontrar un alquiler que sale en 600 € y no puedes ahorrar. Obviamente no puedes ahorrar. ¿Vas a montar una empresa? ¿Pero cómo vas a montar una empresa? ¿En qué mundo cabe que puedas montar una empresa? No tienes patrimonio, no tienes tiempo, no tienes nada, no tienes redes de última instancia que puedan ayudarte. Terrible.
Pues esta gente, de nuevo, no es nada altruista a la hora de proponer estas soluciones, estas supuestas soluciones, porque simplemente están profundizando en la ideología que ya tenían debido al sesgo concreto de esa ideología. Entonces, las ideologías nos hacen ser profundamente sesgados hacia cómo son las soluciones supuestamente altruistas a los,
Doble rasero, exclusión y relativismo cultural
A los demás. Y luego, por supuesto, más bombásticamente terrible todavía, es el hecho de excluir a colectivos de nuestra noción de altruismo debido a nuestro sesgo ideológico. Y ahí también le va a caer al otro lado, porque es absolutamente impresionante lo que ha sucedido, por ejemplo, en el caso de la guerra de Gaza, en la cual, simplemente para un determinado programa ideológico, criticar las acciones del Estado israelí, que han sido absolutamente nefastas, y sin embargo para Hamás no hay más que buenas palabras. Sí, hicieron una salvajada al comienzo. El 7 de octubre hicieron una gran salvajada, pero desde entonces, ¿son representantes de qué? Es una excusa para llenarse de altruismo en cualquier lugar absurdo que no tiene nada que ver, que eso es ya más cínico aún, no conociendo absolutamente nada. Y Hamás es el primero que está absolutamente contento y bendecido y complacido de que su población esté muriendo peor, a más ritmo que en la guerra de Ucrania. Una cosa horrorosa, a cambio de, efectivamente, lo que consiguieron: que Israel hiciera una salvajada, como evidentemente iban a hacer, con los que tenían de ministros acompañando a Netanyahu, y quedar ellos como los buenos, ¿no? Los tíos de Hamás. Pero el resto, por ideología de la izquierda, también ciertos sectores de la derecha, no sé, de defender a un grupo absolutamente inhumano, cuyo objetivo indubitable es el exterminio de toda otra población, como es el Estado de Israel. Y por mucho que no estés de acuerdo con su existencia, con su no existencia, ¿qué cojones? Exterminar a la población de Israel no es una solución, y es la solución de Hamás.
Bueno, pues este falso altruismo es muy propio también de las ideologías, y naturalmente, pues en la religión podríamos decir tres cuartos de lo mismo, ¿no? Es horroroso por meter el caso del budismo. Claro, el budismo, al igual que, por ejemplo, el cristianismo —no tengo ni idea del islam, si hace ese énfasis tanto, pero bueno, no lo sé—. El budismo, que es tan, desde el propio Buda, tan absolutamente fundamental en su visión el sufrimiento ajeno, porque es, en primer lugar, lo que hace que el propio Buda despierte, lo que hace que una persona despierte, es el sufrimiento en el mundo suyo y también de los demás. Y eso hace que tú puedas colocar en estado de igualdad al resto de seres humanos respecto de ti, seres humanos y seres, que es el nacimiento de la bodhichitta. Es muy fuerte que personas que tienen eso como principio base fundamental de su religión hagan cosas como lo que pasó en Birmania, en Myanmar, con los musulmanes, precisamente. Bueno, de esto tampoco tengo que hablar más, pero lo que está claro es que una ideología radical, sea la que sea, siempre va a ser gran enemiga de un altruismo hacia todos los seres.
Y el hecho de que haya algunas que sí lo permitan, como creo que una cierta noción del liberalismo clásico, de la socialdemocracia clásica, de los estados de derecho occidentales, también de la Iglesia ahora y originalmente, tanto la Iglesia como el budismo… Hay muchas corrientes ideológicas, por meterlas en eso, que son mucho más que ideológicas, pero también son ideológicas, del ser humano, que sí profundizan en esa igualdad a pesar de todas las fricciones internas que surgen. Y de nuevo, no estoy con esto diciendo que no se den los problemas que ya hemos comentado, de si tienes un sistema económico, los problemas que tiene, si tienes que discernir entre si personas más lejanas o más cercanas a quien ayudas, entre comillas, a quien eliges, porque no todo se puede a la vez, en cierto sentido; son contradicciones inmanentes a cualquiera de estas ideologías.
Y naturalmente aquí, pues de nuevo volviendo a un relativismo cultural: sí, todo es fantástico y a libres fronteras, por ejemplo en Europa, pues acaba siendo más tolerante por esa idea del lejano, el que es lejano, el que es un ayatolá iraní, el que es… bueno, Arabia Saudita no creo que tenga muy buena visión la izquierda, pero bueno, si son iraníes, sí, ¿no? Entonces, si trajeran aquí la ideología de los ayatolás a Francia, ¡qué maravilla! O sea, claro que sí, derecho a que cada uno tenga su opinión, pero ¿de qué estamos hablando exactamente? Entonces, por supuesto, se puede llevar a límites realmente absurdos y ridículos, porque aunque en principio la idea es abarcar a todos, después las ideologías entre sí hacen cosas asquerosas y después hay estos juegos entre lo cercano y lo lejano.
Por un lado, muy bien, vale, esto también es muy curioso. En la izquierda, de nuevo —la derecha es que ni lo contempla—, pero en la izquierda, por un lado, tienen ese rasero de que vale más lo lejano que lo cercano, en cierto sentido, porque si en mi propio país tengo una persona que defiende cosas como las que defienden los ayatolás, ni de coña. O sea, obviamente son antifeministas, pero más antifeministas que cualquier persona que haya vivido aquí desde el siglo XV. Bueno, del siglo XV… peor era en el siglo XIX en Inglaterra que aquí en el siglo XV, pero bueno, da igual.
El caso, muy reaccionario y muy añejo y muy viejo. Es muy terrible la visión del progresismo. Entonces, no le aceptarían ni de coña a unos barbudos del desierto, si no tuvieran ese aspecto de barbudos del desierto, esas ideas tan absolutamente terribles, y la ven en un tío con su traje que es español, francés, alemán… Ahí es ultraderecha, pero ultra, ultra, ultra. Pero en cambio, si es de fuera, no es lo mismo.
Entonces, esto es como lo que habíamos hablado de más empatía con el tercero que con la persona que tienes delante. Pero a la vez de esta colocación del otro lejano, por encima, en cierto sentido, que el otro cercano, al cual desprecias. A la vez, es muy interesante, porque un principio fundamental debería ser, si eres una persona igualitaria, que qué cojones importa si es Francia, España o si es Bangladesh, y que, por tanto, la redistribución de la renta dentro de un propio país es un absurdo completo y total.
Porque, por supuesto, tú no tienes derecho, si tú llegas a ser presidente del Gobierno en España, no tienes ningún tipo de derecho sobre las fuerzas militares de Bangladesh, o sobre la recaudación de impuestos en Bangladesh, o sobre lo que sea de la distribución de servicios sociales en Bangladesh. Por supuesto. Pero lo que sí puedes hacer es, vamos a ver, ¿cuál es la renta per cápita media en el mundo? Yo qué sé, en paridad de poder adquisitivo en dólares, las tablas estas que están diecisiete mil, dieciocho mil, y España sale con cincuenta y seis mil. Hay que coger a los pobres de España y coger todo su dinero y enviarlo a Haití o a Camerún o a Chad. Y a los más ricos ya ni hablemos.
Pero esta redistribución que tenemos ahora mismo entre países no es altruista hacia afuera, está teniendo únicamente en cuenta a los de adentro. Está cercando de manera profunda cuál es el área de limitación de la igualdad. Le puedes decir al Estado de Bangladesh: «Mira, te doy todo el dinero para que tengas un PIB per cápita mediano el de España. Igual». Y entonces España bajaría mucho y Bangladesh subiría, subiría mucho. Claro, obviamente, ocurriría un desastre, se lo llevarían las élites, a saber lo que ocurría. Obviamente, no es práctico. Nadie lo propone porque es delirante.
En cambio, si lo hacemos al revés, esto como idea de expandir nuestro círculo hacia afuera, si que lo hacen al revés, cogiendo el círculo de fuera expandido y no metiéndolo hacia adentro también y contemplando las dinámicas asquerosas de lo externo con el mismo rasero con que lo hacen dentro, como por ejemplo en el caso del feminismo, pues de nuevo, ahí no ven la extrema contradicción a la que lleva, el extremo daño y sufrimiento al cual lega esa forma de pensar, al igual que daría ese sufrimiento lugar si es que llevar el burka afgano es una gran idea.
Integración del altruismo y Cervantes
Y finalmente, de estos tres paradigmas de los que hablamos al principio, que funcionan como barreras al altruismo, el que ya habíamos dicho de no integrar los conocimientos intuitivos que tenemos, es decir, lo que ya tenemos, que es bastante, que per se tenemos dentro la sabiduría del vecino del quinto, del amor, del altruismo hacia las personas que nos rodean e incluso al resto de seres, que lo tenemos incluso naturalmente, no solamente culturalmente, como también vamos a hablar en este libro. El problema es que eso no llega a cristalizar en una forma de actuar que realmente cambie cómo nos relacionamos con los otros. Y seguimos a lo nuestro, seguimos con nuestra inercia, y solamente cuando nos preguntamos qué narices estamos haciendo exactamente con nuestra vida, quizás por un momento decimos: «Bueno, espérate, esto es un poco absurdo, voy a ayudar a una persona que está peor».
Entonces, para esta cuestión, para este camino de la integración, para este camino de no simplemente saber lo que es bueno sino intentar llegar a ello, para este camino de ser conscientes ya no solo de lo que a primera vista es lo natural, porque hay muchas contradicciones que son insalvables en toda esta cuestión, como hoy he intentado aquí problematizar con respecto al altruismo, cómo integrar algo, una forma de vivir, una forma de practicar ese altruismo, de tener en cuenta a las otras personas, cabalgue sobre esas contradicciones, que sea práctico y que, en cierto sentido, si puede ser, esté amparado por la ciencia. Porque sí, puede: «Ah, la ciencia no tiene nada que decir de esto, eso es terreno de la filosofía». Qué carajo, la filosofía no hace nada. La filosofía no hace absolutamente nada. Y tienes ahí a cerdos absolutos. Esto puede ser muy interesante que sea terreno de la ciencia y de estudios rigurosos. Oye, mira, esto al cerebro humano hace que realmente actives una parte del cerebro asociada a la ternura hacia un hijo, si eres una madre, o un amor fraternal o lo que sea, que sea lo que queramos inducir.
Entonces, eso es justamente lo que hace este señor, Matthieu Ricard, en su libro, que ya he dicho, él tiene integrado una cierta forma del altruismo muy concreta, que es la de la tradición budista, que de nuevo tiene luces, tiene sombras, vamos a tener oportunidad de comentarlo, pero no lo hace desde el dogma budista, en absoluto, en absoluto. Confronta eso con, ya digo, una amplia bibliografía típica de la divulgación científica, que está bien, para esto está muy bien, y que no necesitamos teorías exóticas oscuras sobre el altruismo. Necesitamos cosas que funcionen, necesitamos cosas que se integren.
Entonces, esa va a ser la idea de toda esta serie de vídeos, que no sé cuánto durarán, no sé cuántos vídeos serán. Como he dicho, quiero hacerlo. Ya digo, suelo prometer muchos vídeos, no suelo hacerlos, no suelo cometerlos, pero a menudo es porque en mitad de estar haciendo el vídeo digo: «¿Qué estoy haciendo? Esto no es lo que yo quiero estar haciendo». Pero el altruismo siempre es algo en lo cual podemos mejorar. Yo particularmente, sin duda, y no es por leer un libro, pero sin duda, el tipo de conocimientos, el tipo de lecturas a los que uno se somete, el tipo de intereses que tiene, sí van delimitando cómo uno cambia su forma de pensar y su forma de operar.
Entonces, aunque no hay que tener la idea naíf de que por leer un libro va a cambiar tu forma de ayudar a los demás o de no ayudar a los demás y ser un cabrón, sin duda, ya que uno tiene como interés, pues, por ejemplo, leer, que sea algo que ya de paso, pues, sea de cierta utilidad. En este caso es un ensayo. Si es en el caso de la literatura es más sencillo, porque en el caso de los ensayos, ya tengo un vídeo hace poco, tiende a generar más división, tiende a generar más ignorancia casi, casi, que leer la discusión dialéctica que puede hacer una IA. Por ejemplo, ahora mismo, Mitos cinco, de Anthropic, o Fábula cinco, de Anthropic.
Pero en el caso de la literatura tengo que decir que es distinto. Ya digo que estos días recuperé a ese viejo olvidado Cervantes y que honestamente, cuando ves a una persona como lo es Cervantes, que no ha perdido el contacto con la realidad, porque ha vivido la realidad más cruda en el cautiverio argelí, que obviamente es manco, que ha vivido cosas que ninguno de los que estamos aquí prácticamente puede imaginar —alguno quizás sí, ¿no?—, pero que sin duda el noventa y nueve por ciento de seres humanos que hoy en día escriben novelas y escriben ensayos jamás han podido experimentar. Pues si no tienes eso, aunque a simple vista quizás no se note, aquello de lo que hablas, cómo lo tratas, va a ser muy diferente a si lo has experimentado, porque pones la nota en puntos diferentes. Pones el énfasis en cosas que no lo pondrías de otra forma.
Y juega, además, lo interesante de Cervantes, es que no es nada naíf, claro, juega directamente de una forma extraordinaria con la ironía, con la contradicción, con nunca sabes exactamente qué carajos quiere ese señor. Y es la magia también de que, bueno, pues nunca se sabe exactamente lo que hay que hacer y lo que no hay que hacer. Podemos hacernos una idea, pero ya digo, esa contradicción sumada a una experiencia que no olvida a las personas de lo más bajo, como puede ser Sancho Panza, pues es una experiencia más sistemática a la literatura, creo, entendiendo literatura como ficción.
El ensayo muchas veces es más torremarfilista, que no necesariamente tampoco. Y esto naturalmente es torremarfilista, pero es una idea de intentar dejar el torremarfilismo a un lado y leer libros que no sean oscuros, que sean muy claros, que usen citas triviales, pero que sean honestos y que tengan una experiencia detrás integrada.
Entonces, este hombre, Matthew B. Caugh, no ha estado en las galeras y no ha estado en cautiverio por parte de los berberiscos, de los turcos, ni ha estado en Lepanto, pero ha estado en un monasterio budista, que como ya decía Antonio Escohotado, lo que mejor vendría a los jóvenes, de todas las edades y de todos los lugares, son tres cosas. En primer lugar, una puta de oro, más que una prostituta ni nada que te enseñe, ya sabemos cómo era Escohotado. Segundo, la mili, a pesar de que él, en fin, ya os podéis imaginar la visión que tenía de joven de esa mili. Y en tercer lugar, un monasterio budista. No sé dónde escuché esto, pero se lo he escuchado, así que no es una invención.
Así que por aquí dejamos el vídeo de hoy, que ya digo, es una idea de problematizar el problema del altruismo para ver ahora, ya que tenemos el problema, qué soluciones podemos dar. Así que espero que os haya gustado y que me acompañéis en los próximos también. Un saludo.
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