¿También yo fui libertario?

Introducción

Hola a todos. Vamos a retomar este canal que lleva muerto varios meses y, con objeto de hacerlo bien, he pensado que ya quizás era hora de subir vídeos que yo mismo vería si estuviera detrás de la pantalla, y no, como he hecho hasta ahora, cosas que yo mismo no vería. Son interesantes para mí, pero ni siquiera yo las vería tal y como están presentadas. Así que vamos a hacer tabula rasa, vamos a comenzar de nuevo.

Y para saber qué ofreceros, y para saber qué yo querría ver si pudiera escoger el canal perfecto de YouTube desde mi punto de vista, he reflexionado sobre mi propia trayectoria como consumidor de vídeos en YouTube —consumidor compulsivo desde los siete, ocho años— y las distintas etapas por las que he ido pasando. Una de las cuales, la principal diría yo, se puede resumir en lo que sería el libertarismo o liberalismo, tópico sobre el cual vamos a hablar hoy, y que fue seguida por una de absoluta obsesión filosófica por Ernesto Castro, entre otros personajes.

Esto también tiene un reflejo en el vídeo, en tanto que su título, «También yo fui libertario», está tomado de uno de los vídeos de ese señor, Ernesto Castro, «También yo fui buenista», que a su vez apelaba a un texto o conferencia de Italo Calvino, «También yo fui estalinista», donde reflexionaba acerca de que para ser de izquierdas había que ser comunista, al menos en los años sesenta, setenta, y no había otra.

Ernesto Castro, por su lado, criticando al buenismo, no es capaz de negar que, al menos en buena medida, no hay forma de hacer filosofía en España si no es la escuela del materialismo filosófico de Gustavo Bueno. Y yo no seré quien niegue que quizás no se pueda hacer economía en España si no es desde presupuestos liberales o fuertemente capitalistas, desatendiendo, eso sí, muchas personas los posibles fallos —al menos los que yo he ido agrupando a lo largo de estos años, no como economista, no como experto en el tema, pero sí como persona crítica y curiosa a la cual le chirrían muchas cosas— y sobre los cuales va a versar este vídeo.

Con el objetivo no solo de distanciarme de los liberales y libertarios, que sería un poco estúpido porque yo no soy nadie —todavía si Ernesto Castro hace eso, pues vale, pero a nadie le importa mi opinión—, sino más por ver si tiene cierta recepción el vídeo, la posibilidad de refutar estas quizás sandeces que voy a soltar, pero que para mí son preocupantes porque estamos en un cambio de era y no podemos permitirnos un mal rumbo, ya sea por un extremo.

No creo que la socialdemocracia sea el mejor camino, tampoco el peor. No, desde luego, el comunismo, el estalinismo de Italo Calvino. Pero tampoco diría yo el libre mercado, el liberalismo, sino que va a hacer falta algo nuevo sobre lo que quizás no se está reflexionando lo suficiente. Y si sí, pues ojalá me lo podáis hacer saber también.

Entonces, por comenzar con

Comienzos con Juan Ramón Rallo

Yo conocí el liberalismo allá por 2018. Tenía yo catorce años, trece, catorce años, gracias a VisualPolitik, Wall Street Wolverine y Juan Ramón Rallo. Me condujeron a Juan Ramón Rallo y a partir de Juan Ramón Rallo, pues ya uno comienza con ciertas lecturas.

Human Action, de Ludwig von Mises, pues fue mi lectura veraniega de 2020, durante la pandemia, realmente marzo, abril. Y durante un tiempo, pues estuve completamente metido en ello, encontrando desde el principio, he de decir, ciertos problemas que no me han sido resolubles, pero asumiendo ciertos principios, ciertos axiomas, como que no se puede asumir la existencia de una moralidad superior a las otras y, por tanto, es necesario que la libertad sea el principio regidor de la ética, y a partir de ahí se construye el liberalismo.

Asumiendo ese tipo de cosas, aun así, veo grandes problemas que quiero desarrollar de forma desordenada e incluso diría que contraria en términos de mi recorrido personal acerca del liberalismo, concretamente el libertarismo. Curiosamente, por donde comencé, interesándome por la economía en general y el liberalismo,

Salario Mínimo Interprofesional

Fue por el tema del trabajo. Trabajo en el sentido de que hay muchos mitos acerca del papel durante la Revolución Industrial, acerca de los sindicatos, las mejoras en las condiciones laborales, etcétera, que los liberales se encargan de desmitificar, o lo que ellos piensan que es desmitificar. Y en concreto, el salario mínimo, que era un tema que luego en 2019, 2020 tuvo un peso importante en la discusión. Importante no sé, pero bueno, política, cierta discusión.

Me convenció profundamente la forma de argumentar de Juan Ramón Rallo en ese tiempo acerca de que no hay que analizar las cosas tan a la ligera ni como hacen los partidarios del salario mínimo. Partidario se puede ser, pero no partidario completamente a ciegas como son muchos. Simplemente asumir que si le subes el salario mínimo la gente que potencialmente se beneficiaría de ese salario mínimo estaría en una mejor situación, lo cual no tiene por qué ser cierto. Pueden perder el trabajo, pero no necesariamente; pero tampoco desde el lado de la crítica liberal, que suele ir por la parte de la destrucción de empleo sin necesidad de una corroboración empírica de si de verdad se destruye empleo o no se destruye empleo.

Y Juan Ramón Rallo, como tío socialdemócrata, coge un poco de ambos mundos. Primero la teoría económica: oye, esto en el margen va a destruir empleos o va a hacer que no se creen tantos empleos, que es lo que en principio ha sucedido en España. Y tiene sentido que suceda teóricamente. Pero también la parte empírica de: vamos a ver si realmente esto tiene un reflejo tan grande, o no tan grande, en las condiciones de estas personas que están al borde de cobrar el salario mínimo. Entonces, ese análisis doble es importante, y no solamente se puede hacer desde el lado teórico, que es en lo que incurren muchos liberales. Análisis teórico muy parcial, como espero demostrar hoy.

Y desde ese momento quedé prendado de las virtudes retóricas de ciertos liberales, no sin añadir que también aborrecía la de otros. Me regaló un profesor de economía en la ESO un libro de Daniel Lacalle que —el profesor no me va a escuchar— es una puta mierda, sinceramente. A mí Daniel Lacalle me parece que es una puta mierda, completamente. Vamos a dejarlo ahí.

Volvamos a lo que estábamos diciendo. Empecé por el tema del salario mínimo interprofesional como crítica a algo que para mí parecía elemental. Sí, subir los salarios de la gente está bien, y más la de la gente que gana menos. Bueno, ¿por qué no lo subimos a tres mil, no? Vale.

Inteligencia Artificial y trabajo

Y he acabado también con aquello por lo que digo que el liberalismo tiene un recorrido corto a partir de ahora, que también es por un tema del trabajo. Y es qué va a ocurrir con el trabajo en un mundo en el cual la inteligencia artificial sea omnipresente y mucho más capacitada para casi cualquier tarea que casi cualquier ser humano. Y desgraciadamente no le he visto las orejas al lobo hasta que, estando estudiando Matemáticas, que es uno de los campos en los que la inteligencia artificial pisa más fuerte, me he dado cuenta de que todo lo que yo puedo hacer en la carrera que estoy estudiando, la de Física, en la carrera al menos lo puede hacer ya ChatGPT, que ni siquiera es una inteligencia artificial especializada en Matemáticas o Física. Claro, evidentemente reflexiono acerca de qué va a ser de mí en un mundo en el cual mis cualidades profesionales no sean requeridas porque hay una inteligencia artificial que lo pueda hacer.

Se habla mucho acerca de que la inteligencia artificial es la nueva revolución industrial, quizás más que la revolución industrial, quizás el fuego, que va a relegar al ochenta por ciento de la población, o al menos al ochenta por ciento de la población con trabajos que requieran cualificación intelectual, no solamente manual, como digo, matemático, artista, economista, los va a relegar por completo. Excepto quizás las profesorales, académicas, profesores —bueno, pues un profesor de primaria quizás tarde algo más—, pero un técnico que se dedique a, yo qué sé, los técnicos matemáticos que están detrás de Amazon, detrás de Meta, detrás de lo que sea, pues esa gente va a ir perdiendo esos sueldos que tienen y eventualmente el trabajo, posiblemente como ya está ocurriendo en Microsoft.

Y ante esto, el liberalismo —aunque personajes como este señor Juan Ramón Rallo lo han comentado desde el principio y advierten, para bien y para mal, de las posibles influencias económicas que esto puede tener, y sociales— no lo meten en análisis. Y los liberales viven anclados, no ya como dicen algunas personas que hablan del liberalismo como: bueno, esta gente son del siglo XIX —podríamos decir del marxismo, pero bueno, esta gente está anclada en el siglo XIX, los tiempos han cambiado, como es la habitual crítica de la socialdemocracia al liberalismo, ¿no? Necesitamos un estado del bienestar. Esta gente todavía piensa en estados decimonónicos. Tenemos sociedades distintas—. Bueno, parte de razón quizá haya en eso, pero en cualquier caso no va por ahí mi crítica, sino que mi crítica va por el hecho de que no ahora, sino a partir de ahora, 2030, quizás 2035, no creo que mucho más, el capitalismo no va a poder funcionar, desde luego no en la forma en que lo hace ahora. Y mucho peor funcionaría si no hubiera las trabas estatales que hay ahora mismo. No digo que no funcionara mejor ahora, digo que funcionará peor en un momento en el cual la gente no tenga trabajo.

E incluso asumiendo la retórica liberal de: bueno, va, la gente quizá no va a poder disponer de rentas del trabajo, va a poder disponer de rentas del capital, que tenemos una sociedad de pequeños propietarios que tengan una acción de cierta empresa que utilice inteligencia artificial de forma masiva y, bueno, pues mayor riqueza social, en general, digamos en agregado, pues puede repercutir si la gente adopta una cierta fracción de esa riqueza general en forma de acciones, por ejemplo, patrimonio, pues puede adquirir rentas del patrimonio asumiendo de nuevo que las personas, además de poder —es decir, que puedan de verdad acceder a esas rentas del patrimonio a partir de poseer ciertos instrumentos financieros—, además de asumir que eso sea posible, asumir que eso esté en la mentalidad de la gente, es decir, que la gente esté preparada para ello.

Se puede decir que hay que mentalizarles. Bueno, también podemos mentalizarles acerca de que no coman algo cancerígeno y no por ello van a dejar de hacerlo. Son libres a no hacerlo, de hecho. Entonces, una persona que diga: «Bueno, esto son tonterías», pues no estará forzada a hacerlo. Igual que una persona que, en una sociedad en la que todavía no haya o no hubiera pensiones públicas o público-privadas, pero con, digamos, obligación de cierto ahorro —igual que uno tiene obligación de participar en un seguro, pues, unas sociedades características—, uno puede decir: «Bueno, pues lo prefiero, no ahorrar para la jubilación, ya se buscará mi yo viejo las castañas, o simplemente yo no voy a llegar a tan viejo». Entonces, total, porque bueno, luego llegas tan viejo y jodes a todos los que tienes alrededor. Okey.

King es consciente ahora mismo de que tiene que hacerse con un pequeño patrimonio. No se sabe pequeño qué quiere decir. Bueno, un patrimonio, bueno, pues para que te dé para vivir a partir de intereses, pues necesitas que sea un patrimonio, no sé, como mínimo de un millón, ¿no? En moneda fría, en euros, como mínimo. Si no, bueno, ¿de qué rentas hablamos? Claro, eso es completamente inasumible a día de hoy y seguramente lo sea de aquí a 2030, pues para casi todos nosotros, vamos. 2030, 2035, lo que sea.

Entonces, si de verdad asume uno esa posición catastrofista que yo antes asumía —catastrofista y optimista—, que la inteligencia artificial erradique el trabajo humano, es muy optimista. Es decir, que, bueno, independientemente de que el ser humano pueda hacer estupideces con su tiempo de ocio, pues trabajar es indeseable y, bueno, pues mejor que no haya que trabajar.

Pero también tiene su parte negativa, evidentemente, en la cual hacen mucho foco estos CEOs tan famosos hoy en día de Anthropic o de OpenAI o de Google, de DeepMind. Hay que tener en cuenta estos peligros, y estos peligros no se están teniendo en cuenta desde la perspectiva de los defensores del capitalismo a ultranza, porque para ellos la desigualdad es una cuestión secundaria.

La desigualdad es una cuestión secundaria, pero en el momento en que se lleva al límite la desigualdad y estamos en un caso de caos social, en el cual unos pocos —y eso sí sería un caso posible que hasta ahora no ha tenido lugar por las dinámicas económicas que hasta ahora han permitido que el capitalismo sea posiblemente el mejor sistema económico posible—, en un mundo distinto, en el cual el factor trabajo lo desempeñen no lo humano, sino las máquinas, uno ya no puede entrar en el mercado por el valor que pueda aportar a los demás, porque ya aporta un valor completamente en el margen, despreciable frente al valor que aporta una inteligencia artificial.

Entonces, ni siquiera daría para vivir el valor que aporta en relación al valor que aporta una inteligencia artificial. Y como el de la inteligencia artificial se lo lleva una empresa concreta, luego reparte entre los accionistas, pero si no eres accionista de ninguna —y va a haber una parte importante de la población que no sea accionista de ninguna de estas empresas, que no tienen por qué ser empresas públicas, de oferta pública, pueden no tener ni acciones—. OpenAI, nadie puede, solamente Microsoft y cuatro más pueden invertir en OpenAI. Ni siquiera existe la opción.

Entonces, en una situación de esas características, hablamos de una disrupción extrema de las condiciones sociales.

Desigualdad, revoluciones e IA

Como no hemos vivido desde, de nuevo, el siglo XIX. Recordando, por cierto, que el siglo XIX condujo a todas las revoluciones y a todos los desastres sociales y avances, pero a costa de grandes desastres sociales, golpes de estado y el siglo más tumultuoso junto al que vino después, que fue todavía peor, al menos la primera mitad. Que el siglo XX es la conclusión, el cierre. Todavía, al menos en parte del mundo, no hemos llegado a eso en muchas zonas del mundo, donde todavía tenemos que aguantar la mierda que llevamos arrastrando desde el siglo XIX en forma de nacionalismo y los coletazos de la Revolución Industrial.

Todavía vemos la Revolución Industrial. Digo, los primeros cincuenta años del siglo XX, al menos en Occidente, son la digestión de toda la herencia que llega desde el siglo XVIII en forma de la Revolución Industrial, que todavía no se había asumido y que requería una cantidad de riqueza tan elevada, de tal forma que se distribuyera de forma mínima, al menos entre todas las personas, porque si no, pues tenías, como a principios del siglo XX en España, una serie de burgueses que sí, que vivían bien.

Y la retórica marxista y comunista y anarquista tenía un peso fundamental, pues porque estaban en unas circunstancias en las cuales tenía sentido que tuviera un peso fundamental, porque si la esperanza de vida media del jornalero andaluz a principios del siglo XX era de dieciocho, diecinueve años —morían muchos niños, sí—, pero no tiene nada que ver con la de los burgueses de Madrid, de la Gran Vía.

Eso, evidentemente, y solamente basta con un mínimo de psicología humana, va a llevar a las personas ya… No es que sea envidia, aunque también envidia, vale, okey, envidia. No sé a quién escuché esto de que lo que mueve a un gran inversor, el: «Lo que mueve el mercado es la envidia, no el dinero». Bueno, también la mueven las revoluciones. Sí, la envidia y, bueno, y el hecho de que te estés muriendo de hambre, trabajando doce horas al día, contando sábados y domingos.

Bueno, en ese contexto en que tiene cierto sentido las revoluciones, que hoy en día ya no tienen en Occidente —revolución obrera, revolución de gente del campo—, pues puede volver a tenerlo en un momento en el cual, por haber abusado de una sociedad que únicamente se rige por el libre mercado —libre mercado con todas las cortapisas que tiene una socialdemocracia como hoy en día, ok, sí, pero sigue siendo libre mercado en el sentido que ahora mismo estoy criticando— de no redistribución suficiente como para que, en un caso en que esta gente pierda el empleo, pueda seguir subsistiendo de forma holgada.

Habida cuenta de que habrá otros que no solo subsistan de forma muy holgada, sino que sean mucho más ricos de lo que ahora mismo son los más ricos. Vale. Habida cuenta de que la desigualdad se va a exacerbar en una situación como esta, no se puede hacer un análisis que lo desatienda y que siga metiendo, inoculando en la mente de los jóvenes —que quizás para bien o para mal, supongo que para mejor que para peor, mejor una sociedad de personas que no tienen dogmas estúpidos como cerrar centrales nucleares—, vale, jóvenes que piensan que el libre mercado es la solución a todo y que se pueden encontrar con que en diez años el libre mercado les ha comido la vida por completo y, como la fe del converso, se pasen al extremo contrario y monten alguna revolución de la cual no podemos conocer el alcance, que sea tan disruptiva en todo sentido, que más vale ir previendo eso en los análisis, no hacer análisis parciales como los estamos haciendo en cuestiones como las pensiones.

La vivienda considero que es más o menos correcto, ya iremos luego a eso, pero

El equilibrio presupuestario ante la IA

Sobre todo las pensiones, por ejemplo, o en términos de gasto público, déficit. Son análisis a largo plazo que hacemos: cómo serán las pensiones en España en 2050. Con el déficit de la Seguridad Social esto es completamente insostenible. Tendremos un trabajador por cada jubilado, o incluso cero coma ocho trabajadores por cada jubilado.

Sí, pero es que en 2050 quizás tienes por cada jubilado veinte inteligencias artificiales y un trabajador que tiene una productividad al menos superior a la de los dos trabajadores ahora, y el sistema pasa a ser productivo. Pasa a ser sostenible.

Digo que en ese caso, el coste de oportunidad de ahora mismo tomar decisiones en base a eso —por ejemplo, gastar menos públicamente en energía, como está haciendo ahora Estados Unidos, en energía, inteligencia artificial, gastar menos del siete por ciento del déficit de Estados Unidos— que nos puede parecer una aberrante, pero quizás el tiempo ha cambiado y ya no es aberrante. Un déficit del siete por ciento no es insostenible ni siquiera debido al aumento de productividad posiblemente esperado.

No digamos ya que quizás un siete por ciento sea excesivo, pero hablar de que tenemos que tener superávit o déficit del dos, tres por ciento, y que el déficit de Francia es espantoso porque están en el cinco. Se pueden tomar decisiones con un coste de oportunidad muy alto por hacer análisis que no tienen en cuenta posibilidades elevadas —vamos a decir un diez por ciento— de que de aquí a diez años la productividad haya aumentado de forma tan considerable que estos debates sean irrisorios, y no tenga sentido ahora mismo reducir el gasto público, debido a que hay que acelerar precisamente esos procesos. Y la crítica aquí

Analogía de la crítica al cambio climático

Puede ser la misma que los liberales plantean a los fanáticos del cambio climático. Fanático del cambio climático: nos vamos a cargar la Tierra, tenemos que salvarla y para eso tenemos que rápidamente descarbonizar la economía y de alguna forma pasarnos a energías renovables. También cerrar las nucleares, aunque las energías renovables tienen los problemas de intermitencia, pero además tienen el problema de que a corto plazo contaminan todavía más, porque las baterías de silicio y todo eso son una peste impresionante. Y para ello hace falta una inversión de energía muy grande que no se puede hacer desde las propias renovables que ya tenemos. Necesitamos entre medias un aumento incluso del gasto en energía con ciclo combinado o lo que sea.

Una crítica que se podría hacer a esta gente es: a lo mejor nos hacemos tan ricos en cinco años gracias a una energía barata que somos capaces de desarrollar una tecnología lo suficientemente potente, la fusión, por ejemplo, el hidrógeno verde, mejor incluso que las energías renovables, que ahora mismo se consideran todavía renovables, como la hidroeléctrica, que pueden ser, pues, no tan beneficiosas como la de fusión. ¿Qué tal si invertimos ahora todo a energía de fisión o energía incluso quemar carbón o lo que sea? Tampoco digo que haya que hacerlo, pero puede ser una crítica posible, legítima.

Bueno, quemamos carbón, hacemos que la productividad de la economía aumente mucho debido al muy bajo coste de la energía. Podemos quizá mejorar todavía más la tecnología para entonces hacer una transición energética mucho más rápida que la que habríamos efectuado partiendo desde el principio de ir poco a poco: a lo mejor el poco a poco lo hacemos en treinta años y de la otra forma hacemos diez y luego diez y hacemos la transición en veinte. Y con mejores resultados.

Entonces, al igual que se puede hacer esa crítica con respecto al cambio climático, el coste de oportunidad de cerrar centrales nucleares puede ser el que ocurrió en Japón, de que muere más gente por la pobreza energética —estimación extraña, pero bueno— que la gente que murió en Fukushima, que fueron cero. El coste de oportunidad de ahora mismo recortar, quizá no las pensiones, porque las pensiones, bueno, España es la verdad que los pensionistas están en una situación patrimonial y rentista incluso superior a la de la gente trabajando y desde luego que los jóvenes. Entonces, bueno, pues quizá en el caso concreto de España tiene sentido, con la tasa de sustitución que tenemos, reducir algo las pensiones.

Pero, por ejemplo, mayor gasto público en I+D o rebajas fiscales para I+D privado podrían impulsar tanto la economía en términos de el desarrollo tecnológico de inteligencia artificial, que luego el gasto inicial fuera nulo o muy bajo en comparación con lo que se ha logrado en última instancia debido

IA y liberales: ¿omisión deliberada?

A ese gasto. Y hasta ahora este análisis no podía hacerse así porque sí, tan bonito, porque las posibilidades de un salto de productividad tan elevado eran bajas. Incluso pasar de ciclo combinado a fisión, y de fisión a fusión, podría ser un salto de productividad bajo. Al final es abaratar la energía y ya está. Pero en el caso de la inteligencia artificial no estamos abaratando recursos, digamos recursos naturales. Estamos haciendo algo tan brutal como romper la forma en que nuestra sociedad ha funcionado desde que el ser humano es ser humano. Y es que la inteligencia artificial lo puede cambiar absolutamente todo en relación a la política, la sociedad y nuestra historia.

Entonces, por pequeña que sea la posibilidad de que esto suceda, quizás sea conveniente al menos introducirlo en el análisis. Y esto no se hace nunca, diría.

Entonces, por un lado, se habla de la inteligencia artificial, los inversores la tienen muy clara, los value investor siempre están hablando de: «Buah, aquí la burbuja de la inteligencia artificial, que esta gente envidia per cuarenta», o lo que sea. Si estáis hablando de inteligencia artificial para eso, y me parece legítimo que pueda haber una burbuja igual que las burbujas puntocom, ok, pero nunca lo metéis en un análisis macroeconómico. O sea, solamente se mete en un análisis inversor, ya sea para tomar partido o para ir en contra. Y, en cambio, no se toma en cuenta nunca para el caso de la macroeconomía. Quizá porque sea tan complicado, tan imprevisible, que no se hace.

Pero entonces no comámosle la cabeza a los jóvenes, o a quien sea, con ideas de las que uno mismo no está seguro, sin matizar potencialmente ese peligro o esa ventaja adicional que podemos estar teniendo.

Entonces, con respecto a esto, están tanto los temas del déficit en Estados Unidos, del que siempre se habla, el techo de deuda. Bueno, quizás si ellos consiguen ganar la carrera de la inteligencia artificial, lo cual parece totalmente probable, tengan un salto de productividad tan elevado que eso lo puedan financiar. El caso de la jubilación en España, pues quizá no tiene ya ningún sentido hacer un análisis de vamos a estar trabajando hasta los setenta, cuando el desempleo podría ser mucho más elevado, o al menos, incluso con un decrecimiento de la población, que ya vamos a experimentar, mantenerse el desempleo en los niveles en los que está, es decir, reducir de facto la cantidad de gente trabajando, y que, sin embargo, la productividad no baje debido a la inteligencia artificial.

Este tipo de cosas son más a nivel macroeconómico, y quería atenderlas antes de ir a temas todavía quizá más controvertidos y que distancian aún más a los liberales de los libertarios. Esto lo comparte casi cualquiera que sea de derecha tradicional, no nacionalista, corporativista o algo así, ni fascista. Que esos, pues iban a abogar por subir el gasto público, pero cualquiera que sea conservador o medio liberal va a decir: «Venga, un poco de equilibrio presupuestario». Bueno, pero hay cuestiones

El problema de los principios del libertarismo

En las cuales el libertarismo se separa todavía más del liberalismo, y concretamente ya el anarcocapitalismo, pues muchísimo más. El anarcocapitalismo parte de presupuestos que no vamos a criticar aquí. Yo lo que he sido, he sido libertario. Entonces, hay ciertos axiomas de los que sí he partido, que considero que son empíricamente indubitables, que hay que tomarlos. Otra cosa es que, teóricamente, se puedan hacer muchas cosas.

Entonces, a partir de esos principios, lo que yo veo es que esos principios son tan débiles —y eso es lo que muchas veces hacen los anarcocapitalistas, Miguel Anxo Bastos siempre—, el debate con Juan Ramón Rallo acerca de los bienes públicos: si asumes estos bienes públicos, puedes acabar asumiéndolo casi todo. Pues eso lo vamos a explotar aquí, porque hay muchas cuestiones en las cuales el análisis liberal, si presupone ciertos principios, ciertos axiomas, puede estar asumiéndolo todo. Y no se sabe muy bien dónde poner el límite, y yo no los he encontrado.

Siempre se habla de esto, de libertad negativa, libertad positiva. Libertad negativa se supone que mi libertad llega hasta donde llega la del otro. Cuando el otro, un tío que no sabe medicina, no le dejas operar. Imagínate que es el ejemplo que ponía Platón. Platón, siempre que hablaba de que no todo el mundo debería votar, ponía el ejemplo de que no todo el mundo debería operar, no todo el mundo debe ser médico. No cualquiera debe ponerse al frente de un barco y operar y llevar el barco, porque lo puede llevar a pique.

Entonces, esto de la libertad negativa y libertad positiva son debates muy nominales, porque, de nuevo, si tú tienes ahí delante a un tío que se está muriendo y tienes a otro tío que dice: «Yo le voy a operar, yo le voy a operar, yo lo voy a operar, incluso yo me voy a operar a mí mismo, él se va a operar a sí mismo», y no tiene ni idea de medicina, y tú, que eres cirujano, o en general la sociedad, le prohíbe que él opere a la otra persona porque objetivamente lo va a matar o le va a hacer un daño, en este caso es medible. Entonces, puedes decir: bueno, pues esta persona no puede hacer eso porque va a ir en perjuicio de la otra persona.

También, si se operara a sí mismo, puede entrar dentro de su libertad, pero estaremos de acuerdo en que lo lógico, desde cualquier punto de vista, es que el cirujano sea el que opere a la persona. Es decir, la persona técnica sea la que tenga una libertad mayor, en ciertas circunstancias, de hacer ciertas cosas que el que no tiene ese conocimiento técnico.

De hecho, el liberalismo es compatible con la no democracia, o epistocracia, o el libro este que siempre recomienda Juan Ramón, que a mí me parece bastante malo, la verdad, es que… me parece bastante malo. El tío llama epistocracia en vez de epistemocracia. A lo que iba —creo que a lo mejor pone hasta ese ejemplo— es que hay asuntos acerca de los cuales, siendo uno no técnico, no debería necesariamente poder opinar, participar, tener la libertad de hacer tal cosa.

Entonces, por eso, quizás los liberales dicen: «Bueno, pues la libertad positiva la cancelamos, porque no nos parece una definición correcta». Pero es que también sigue siendo imponer al otro la no posibilidad de hacer eso. De hecho, hacerla compatible, liberalismo con cierto conservadurismo que, por ejemplo, no te permite, yo qué sé, suicidarte o cosas así, pues bueno, pues es complicado, la verdad, es que es muy complicado. Eso es un encaje de bolillos tremendo.

Sujetos de derecho: drogadictos, electores y consumidores

Vamos a los principios de qué es sujeto de derecho, qué no es sujeto de derecho, porque estamos de acuerdo, todos los liberales libertarios están de acuerdo en que un bebé, un niño pequeño, no es sujeto de derecho. Tampoco una persona con retraso mental puede ser sujeto de derecho en el sentido pleno, sujeto de derecho en el sentido de poder tener responsabilidad. Libertad implica responsabilidad. No es responsable de sí mismo. Y yo lo que digo es: vamos a ver, tampoco el que no es cirujano es responsable de sí mismo en temas de cirugía. El no economista no es responsable de sí mismo en temas de economía. Puede hacer daño a los demás.

El hecho de votar puede ser una externalidad negativa. Si hay una sociedad en la cual a una mayoría de población le falta información, no conoce la teoría económica más elemental —por ejemplo, la teoría económica más elemental prácticamente tiene por consenso que la imposición de aranceles es negativa económicamente, y sin embargo a la población le suena bien y lo hace, y a la política llega gente con ese sesgo antieconómico—, entonces, si dejamos que todo el mundo vote sobre algo de lo que no es técnico, de lo que no es profesional, puede tener la potencial externalidad negativa de que a los demás les jodes con tu mierda de política económica. Y eso los liberales lo aceptan, incluso en ese caso de la democracia, que ya implicaría poner una tecnocracia, que eso sí es una dictadura, por mucho que se diga lo contrario. Lo que no sea una democracia es una dictadura.

Sin embargo, en otras cosas no. ¿Y en qué cosa no lo aceptan los liberales? En la libertad de consumo. Entonces, parece que una persona no puede ser libre de operar en lo que le dé la gana o incluso de votar lo que le dé la gana, porque su voto en conjunto puede afectar al resto y, por tanto, en un sistema genuinamente liberal, por ejemplo, ya digo, si tú y otro no estáis de acuerdo con el libre mercado y queréis una sociedad comunista, tampoco se lo podéis imponer a los demás, ni electoralmente. Lo que podéis hacer es montar una sociedad comunista ustedes dos. Es un cachondeo esto, pero bueno, así es como hablan los anarcocapitalistas cuando hablan de la utopía del liberalismo, donde todo cabe.

Bueno, sí, yo me separo de mi familia, yo me separo de… Parece que hay un límite físico tremendo. Bueno, sí, damos un derecho de autodeterminación a individuos, incluso. Entonces ya no puede existir un municipio, realmente, porque con que haya un vecino que no quiere estar ahí físicamente, o que quiere estar ahí físicamente pero no quiere participar en el municipio, ¿qué haces con él? Él no pertenece al municipio. Problemas del anarcocapitalismo también de los free riders o como se llame esto.

A lo que iba, que me disperso de forma constante. Ya van cuarenta minutos. En términos de consumo, los liberales y los libertarios no objetan absolutamente nada en relación a las capacidades de una persona para hacerlo. Entonces el liberalismo contempla la liberalización de las drogas, por ejemplo. Cada sujeto es libre de hacer algo que no interfiera con la vida de los demás.

Bueno, en primer lugar, eso de que no interfiere con la vida de los demás: yo me fumo un porro, es poco probable, aparte del daño mínimo que pueda hacerle a la persona que tengo al lado que lo esté oliendo, es poco probable que yo vaya a ser un lastre grande para la sociedad. Pero, no sé, si tú liberalizas la heroína o lo que sea, la cocaína, lo que sea, y hay muchas personas que son cocainómanas, heroinómanas, eso tiene un lastre claro para sus familias. Y tú puedes decir: «bueno, vale, pero lo que sería condenable sería lo que hicieran en ese lastre». Es decir, si le pegan a la familia por dinero, pues lo condenable es pegar a la familia y no penalizar la droga. Pero cuando sabes que la heroína en sí misma, cualquier droga en sí misma, lo que da lugar es a comportamientos asociales, antisociales, que destruyen todo lo que tienen alrededor, quizás esa externalidad negativa es lo suficientemente fuerte como para, si no al menos prohibirla, sí ponerle un impuestazo tremendo, un impuesto pigouviano tremendo por la pedazo de externalidad negativa que tiene.

¿Por qué digo esto en relación a lo que estaba comentando antes? Porque el drogadicto, ¿en qué medida el drogadicto es responsable de sí mismo? Un liberal está de acuerdo con que un drogadicto completamente fuera de sí tendrá pocas capacidades de responsabilizarse de sí mismo y, por tanto, liberalizar la droga parece que tiene poco sentido con lo que ellos mismos dicen, porque no son personas responsables una vez la consumen. Pero si uno acepta que los drogadictos no son sujetos de derecho en sentido pleno, en el sentido de que no son plenamente responsables de sí mismos y, por tanto, no se les puede aplicar la libertad genérica que se le aplica a todos, igual que hacemos con los niños, con los animales o con una

Externalidades negativas generalizadas e impuesto pigouvianos masivos

Persona con minusvalía mental, ¿por qué no hacemos lo mismo en relación a cualquier persona desinformada? No digo que haya que hacerlo, sino que digo que no —¿acaso no llega a lo mismo una persona desinformada acerca de algo? Entonces, por ejemplo, una persona que se joda a sí mismo el cuerpo, y en una sociedad como la nuestra, en la que hay, incluso en una sociedad liberal, podría haber un seguro de última instancia público de salud para personas que no tienen recursos. Juan Ramón Rallo contempla una renta mínima de doscientos o trescientos euros o algo así para sobrevivir, pero para el uno por ciento de la población que no tiene ya nada, ¿no?, y que no tiene más opciones o incluso una asistencia sanitaria básica.

Imagínate que tú decides activamente joderte la vida, joderte el cuerpo —no tiene que ser con droga, con lo que sea—, jodes tu salud, estás en libertad de hacerlo, pero eso va a tener repercusiones familiares, a tus amigos y sociales. Porque puedes decir: «Tus familiares y tus amigos pueden dejarte tirado o pueden apoyarte, ellos sabrán si lo hacen, eso también es parte de su libertad». Pero si socialmente, en última instancia, sí que hay un cierto pago, un seguro de última instancia, a esa persona que se ha jodido la salud y que en otras circunstancias podría no habérsela jodido si hubiera sido responsable respecto de su propia salud, imponerle un impuesto pigouviano a aquello que ha hecho que ahora genere la externalidad negativa, gasto social adicional al resto de la sociedad.

Por ejemplo, una enfermedad infecciosa que puede ocurrir, ¿no?, eso es una externalidad negativa tremenda. Si al incurrir en determinada actividad uno aumenta su probabilidad de infectarse por una enfermedad contagiosa y contagiársela a más personas, evidentemente a esa persona hay que limitarle en cierto sentido. Por eso los liberales evidentemente estarían de acuerdo con —no con cómo se hizo, pero sí en cierta medida— poner medidas sanitarias que cohíban la libertad individual en el caso de la pandemia del coronavirus.

Pues en este caso también, si haces una cierta actividad que te hace daño a tu cuerpo y, por tanto, los demás tienen que incurrir en un gasto adicional que no habrían incurrido si a ti se te hubiera prohibido o penalizado esa actividad, si penalizamos en la misma medida en que eso externamente perjudica a los otros con impuestos pigouvianos, llegaríamos a un balance que ellos, los liberales, están dispuestos a aceptar en el caso, por ejemplo, de vertido o del CO2.

Para un liberal no tiene sentido, y para mí tampoco tiene sentido, un impuesto directo. O sea, el IRPF no tiene ningún sentido, en eso sigo siendo completamente liberal. Pero en impuestos indirectos sí que puede tener completo sentido que si tú tienes una fábrica y le estás echando peste al de al lado, pues que tú pagues para repararle la pérdida al de al lado. Imagínate que el otro tenía la casa antes que tú, que tú montabas la industria, ¿no? Pues tiene sentido que le des una indemnización y que eso sea un pago, por ejemplo, con un impuesto pigouviano, que es un impuesto a las externalidades negativas.

Pero, como digo, si uno acepta esas externalidades negativas, si uno acepta incluso externalidades positivas, bienes públicos, etcétera, y uno acepta que es posible asumir los impuestos pigouvianos, poner el límite es muy complicado. Porque, en ese caso, una persona que consuma azúcar y que se ponga gorda como un… terrible, y sea dependiente de la sociedad —hace falta un seguro de última instancia para que esa persona pueda vivir más años y todo eso—, es una externalidad negativa. ¿Por qué no le vamos a poner un impuesto al azúcar por esa externalidad negativa que readministre el resto de la sociedad, el dinero que cuesta esa externalidad negativa?

¿Por qué, si no sabemos si los animales son en cierto sentido sujetos de derechos —no en sentido pleno, pero en cierto sentido sujetos de derecho—, no ponemos ningún tipo de penalización, ni siquiera por la probabilidad de que sean sujetos de derecho, a su matanza y consumo? ¿Por qué no se pone un impuesto indirecto a la carne, un IVA extraordinario a la carne o a las drogas? Que se liberalicen, vale, pero le pones un impuesto a la heroína del cien por cien. Claro, esto que puede ocurrir, pues que hay un mercado paralelo y que, al final, no sirve para nada la liberalización, ¿no? Que esto es cierto. Pero, digamos, desde un punto de vista ideal, ¿cómo es posible que los liberales asuman que sí, impuestos pigouvianos, okey para vertido de una industria, y sin embargo, si soy un drogadicto que jodo a todo el que tengo al lado, como el daño supuestamente solo me lo hago a mí, yo por la droga no tengo que pagar más. Y no solo por la droga, sino por todo lo demás.

Incluso se podría decir que realmente la distinción entre —igual que antes libertad positiva y libertad negativa— pues es mucho más blanda de lo que nos intentan hacer creer. La diferencia entre externalidad negativa y ausencia de externalidad positiva potencial, que se habría dado en el caso de que hubieras penalizado la actividad que ahora mismo no estás considerando externalidad negativa, pero que en relación a la potencialidad de externalidad positiva sí que es una externalidad negativa.

Claro, esto puede parecer una invención mental. No. O sea, ¿cómo vamos a definir? Oye, yo estoy echando CO2 al ambiente en una industria y al de al lado yo le pago una indemnización por el hecho de que yo estoy echando CO2 al ambiente. Esto sí lo consideramos una externalidad negativa. Sí. Pero ¿por qué? Porque es en relación al caso óptimo, en esta situación en que, no habiendo la fábrica, hay menos CO2 en el ambiente.

¿Cómo no vamos a poder extrapolar esto al caso en que —no digo que se tenga que hacer, digo que se podría hacer— la falta de información sistemática en la población acerca de la salud o salubridad de un determinado compuesto, de un determinado alimento, es tan sistemática que su ausencia hace que otros, a su vez, consuman esos productos tóxicos no debidamente regulados en una sociedad de esas características? Si fuera anarcocapitalista, pues a saber la regulación cómo sería.

El desconocimiento como externalidad negativa

¿Acaso no es una externalidad negativa ese desconocimiento en sí mismo, el desconocimiento de una información que puede ser salvavidas, literalmente? Claro que aquí entramos en la situación de que si falta información a las personas y esa información se considera externalidad negativa o no externalidad positiva, ya lo podemos justificar todo. Es decir, que el argumento que va desde aceptamos externalidad negativa hasta aceptamos el nazismo, pues realmente no es tan grande ese camino.

Porque claro, tú entonces puedes decir: vale, el desconocimiento de las personas de determinada información se debe penalizar y se debe favorecer otro. Entonces, por ejemplo, pues podemos favorecer, podemos considerar que una sociedad culta es, por tendencia, más probable que vaya a tener éxito en el futuro que una sociedad que no es culta. Culta, defínase como sea. Total. Cosa que no es cierta, pero bueno, podría ser cierta.

Entonces, sería muy conveniente ponerle un impuestazo a aquellos que no convergen con esa idea de cultura arbitraria para dárselo a los que sí convergen con esa idea de cultura arbitraria. Eso se puede hacer en forma de subvenciones. Es decir, ya uno estaría justificando literalmente una subvención de algo positivo. Ya no solo es te pago porque me has hecho daño, me pagas porque me has hecho daño, te pago a ti porque te han hecho daño, sino te pago para que hagas algo bien. Te pago para que vayas al teatro, te pago para que vayas al cine, porque consideramos que esto ennoblece a la sociedad y lo contrario corrompe a la sociedad en algún sentido, se considera una externalidad negativa. Realmente no hay una línea definitoria entre esto que acabo de decir y lo anterior.

Claro, ya a partir de aquí, pues puedes decir que ser rubio y con ojos azules es positivo y ser moreno y con bigote es negativo, pero tú eres el único al que no meten en un campo de concentración. A todos los demás que sean morenos, pues sí.

Entonces, yo no veo tan loco que a partir de los presupuestos del liberalismo libertario, digamos, una minarquía que acepta estos principios así básicos de bienes públicos y una cierta capacidad del Estado, de ahí pueda justificar subvenciones a cosas que socialmente se puedan considerar beneficiosas. Entonces, claro, aquí simplemente es que los liberales, los libertarios, minarquistas, pues dicen: vale, la defensa es algo que es necesario, es beneficioso, por tanto, esto hay que pagarlo. La justicia es algo necesario que hay que pagarlo. Incluso el cableado público, las carreteras, pues podría llegar a serlo, ¿no? Para un minarquista podría llegar a ser necesario.

El mito de la ética mínima; sanidad y educación

Pero esto es una concepción completamente decimonónica. Porque ¿acaso no iba a ser en la misma medida la sanidad universal un bien público de las mismas características? Por ejemplo, una persona que entra en un país, o que ya está en un país, da igual, con una determinada enfermedad infecciosa, si no se la trata, eso lo que hace es propagar todavía más la enfermedad. Claramente era un bien público la sanidad pública, en ese caso universal, porque has contribuido a que el resto de la sociedad no se extinga, por ejemplo.

El caso de la educación puede ser parecido. La falta de información puede ser una mancha que se va esparciendo a lo largo del tiempo. Claro, aquí la conclusión al final es que todo esto hay que definirlo de forma muy general, muy abierta, y al final las bases del liberalismo no valen para nada, porque al final hay que tomar decisiones.

Aquí la cuestión es que eso de que el liberalismo es una filosofía de mínimos en la cual entran todo tipo de sistemas después, eso es una tontería completa, porque hay que tomar decisiones morales concretas siempre. Un tal sistema de mínimos nunca va a existir. Siempre las asunciones, la asunción de considerar un bien público, la defensa, no sé cómo es la terminología que usan ellos, no lo llamarán bien público, bien público lo llamará un parque o lo que sea. Da igual cómo lo llamen. Consideran que la defensa sí debe de estar en ese cinco por ciento del PIB que pagamos y la sanidad pública no. ¿En base a qué criterio?

De nuevo, igual que pagamos lo de la defensa, porque decimos que hay que pagarlo todos, porque se pueden generar dinámicas negativas de free rider, el cual uno no paga pero se beneficia de todos los demás. Bueno, el caso de la sanidad pública también. Puede uno no pagar, que todos los demás estén pagando, y como todos los demás están pagando y están yendo a esa sanidad pública y no se infectan de la enfermedad que sea, o están curados de la enfermedad que sea, y ese tío no, pues ese tío se está beneficiando sin pagar de la sanidad pública de los demás.

Y ese tío, por ejemplo, a lo mejor no está pagando la educación pública de los demás, los demás sí lo están pagando, y los demás le ofrecen a ese tío productos que no le ofrecerían si no fuera por la educación. Pues, escribir, leer, si no le ofreces esa educación a la gente, pues ese tío, si el resto están todos sin saber leer y escribir, va a vivir peor que si todos los demás sí saben escribir y leer, incluso aunque él sepa o no sepa leer o escribir.

Entonces, la educación se puede considerar también un bien de esas características, completamente, igual que la defensa. Entonces, al final se trata de que parece que prácticamente cualquier campo en el cual si tú coges uno de

Pobreza VS Desigualdad

Con estos principios, no hay límite, y los límites que se han tomado son completamente arbitrarios, en base a, por ejemplo, psicología básica, como la que comenté antes de la envidia, porque también esto es otra cuestión: el tema de la desigualdad. Hay que erradicar la pobreza, no la desigualdad.

Si estamos de acuerdo en que hay que erradicar la pobreza y que la desigualdad quizás no sea tan importante como parece en una sociedad en la que más o menos haya cierta igualdad —es decir, una sociedad como España—, pues quizá no tenga ya tanto sentido todavía aumentar más la igualdad necesariamente, sobre todo si es a la baja. Una sociedad extrema, la sociedad africana o latinoamericana, en la cual sí que hay esos desniveles, puede ser un bien común —de nuevo, esta cosa que los anarcocapitalistas se echan las manos a la cabeza, pero los libertarios, en cierto sentido, sí que lo asumen—. Ese bien común del que acabamos de hablar, por ejemplo, de los bienes públicos, puede ser más o menos, en la definición intuitiva de la idea de bien común, más o menos beneficioso que si tú estás aquí con una choza, una favela en la que no tienes prácticamente ni para beber agua potable, y al lado tienes un rascacielos de doscientos pisos, y estás viendo cómo tú, que trabajas más que el pavo que vive al lado —porque el otro, bueno, pues es más productivo en base a la estructura productiva de la sociedad—, es más productivo que tú. Y por eso vivís dos realidades completamente distintas.

Es decir, únicamente en base al criterio por el cual el liberalismo lo rige todo, que es beneficiar al consumidor, es decir, los demás quieren lo que tú les has dado. ¿Tú estás ayudando a la sociedad en relación a lo que el mercado dice que es ayudar a la sociedad? Es decir, lo que el valor agregado de la sociedad considera que es positivo que tú debes aportarle en una determinada cosa. Si la respuesta es no y la del otro es sí, tú y él vais a vivir cuarenta años más o menos, en función de la situación en la que estéis, con una calidad de vida radicalmente distinta, como un esclavo y un señor. Un esclavo y un señor.

En esa situación es muy poco probable que realmente pueda haber prosperidad económica si tienes esa torre y alrededor mil favelas de gente que está viendo eso. Y lo más probable —igual que ocurre en la India— es que los sindicatos lo tomen todo y ahí no haya forma de liberalizar absolutamente nada. Si la sociedad india no fuera tan desigual —por ejemplo, los chinos lo consiguieron, no es tan desigual su sociedad—, eso es lo que ha permitido que haya una estructura social lo suficientemente cohesionada y equilibrada como para que el inversor extranjero que va a meterse allí lo tenga todo mejor que casi que en Estados Unidos, ¿no? Como le ocurrió a Apple. En cambio, la India es un completo desastre, porque no pueden ni verse. Están como en el siglo XIX, no pueden ni verse obreros y propietarios.

Entonces, la cohesión social que puede dar lugar a reivindicaciones de tipo revolucionario, como las que se dieron en el siglo XIX en toda Europa y en todo el mundo, y en el siglo XX más, puede ser un bien a ser activamente financiado como externalidad positiva, y la desigualdad extrema —no cierta desigualdad, pero sí la desigualdad extrema— un mal a ser erradicado como externalidad negativa.

¿Y eso qué puede implicar? Pues un impuesto de redistribución, que sí que puede entrar dentro de lo que antes dije, un impuesto a la renta, que me parece aberrante, pero quizás no un impuesto a la renta como tenemos ahora, que es básicamente una redistribución de la clase media a la clase media con distorsiones, sino realmente un impuesto importante a partir de cierto nivel a ciertas rentas en compensación de otras. Claro, esto puede generar dinámicas de: vale, no aumentamos tanto la producción, tanto la productividad como habríamos aumentado en el margen, adicionalmente, si no se hubiera puesto este impuesto. Vale, okey, sí, pero es que a lo mejor el costo de oportunidad de no hacer esto es todavía mayor, porque la sociedad está tan descohesionada que tú tampoco puedes montar tu empresa. No puede seguir, ya no puede crecer.

Errores de mercado y Value Investing

En el mercado hay cosas que no rigen. Y esto también es gracioso, porque el mercado parece que va muy bien. Sí, hay… el propio Juan Ramón tiene varias conferencias acerca de monopolios digitales, fallos de mercado. Sí. Todo el mundo aquí parece que habla mucho acerca de los fallos de mercado. Son value investor. El value investing básicamente se basa en que a largo plazo las cosas tenderán al equilibrio, pero ahora están como el culo y por eso tú inviertes en la oportunidad de inversión, porque a la población le falta información. Y sin embargo, aunque por un lado dices todo esto, literalmente no lo tienes en cuenta a la hora de la verdad, porque eso es así.

No se propone sinceramente en la conferencia esa de: ¿es Google un monopolio? No se proponen soluciones. Es palabrería todo. Hay cosas que son increíbles.

En fin, digo que hay problemas de estas características de mercado que los liberales parece que por un lado son conscientes, pero luego se olvidan y hacen el análisis olvidándose de que un día ellos consideraron que eso era un fallo de mercado. Y no tienen en cuenta para nada ese fallo de mercado y lo desprecian completamente del análisis, aun siendo su estrategia de inversión una que está basada en el fallo de mercado por la falta de

¿Depende el valor solo del consumidor?

Información, que al final es lo que se resume todo esto: la falta de información tanto de los consumidores como de los inversores. Aquí esa es la cuestión, que parece que aquí solamente tienen falta de información los burócratas, la fatal arrogancia del burócrata, y las empresas cuando ya son muy grandes y todo eso, la ley de hierro de las oligarquías, y aquí ya todo se va de madre. ¿Qué pasa con los consumidores individuales? Esos no tienen ni idea. Igual que no votan bien. Y por eso no queremos la democracia en su sentido actual, por así decirlo. Entiéndase esto de la forma que tiene que entenderse.

Los consumidores no tienen ni idea acerca de si lo que están consumiendo les puede matar a ellos y a los que tienen alrededor. Una embarazada tiene que ser consciente, tiene que informarse acerca de lo que está tomando por lo que puede afectar a su embarazo. Y supuestamente están informadas y todo eso. Muchas veces tampoco lo aplican, en tener la libertad de hacerlo. Tienen la libertad de hacerlo. Pero al resto de seres humanos no se le aplica lo mismo simplemente porque, claro, es que ahí el efecto es superdirecto. Pero es que si tú consumes un determinado producto que es veneno, y en tu mente no cabe la idea de que eso es veneno porque no tienes esa información, le vas a transmitir a tu hijo la idea de que eso no es veneno y que se lo puede comer tranquilamente. Eso también es una puñetera externalidad negativa.

Entonces, al consumidor también —y ese es el papel principal que a mi juicio debería tener el Estado, y por el cual al final la idea de que aquí no hay moral ninguna y que todo es el liberalismo con su mínima, su mínima coerción posible, porque es una moralidad de mínimo, repito, es mentira— porque al consumidor siempre le falta información, y mientras que al empresario hay una forma siempre de decirle si la decisión que está tomando es errónea o no es errónea, al consumidor, en el sistema de mercado, no hay forma de decirle si su decisión está siendo errónea o no. No hay forma de saberlo, porque el sistema de precios está fijado para que el consumidor siempre lleve a cabo sus preferencias a toda costa.

¿No tiene acaso algo de sentido que esa falta de información sistemática que tiene el consumidor sea, en buena medida, lo que es la perspectiva de la izquierda? La perspectiva de la izquierda muchas veces es: el consumidor no tiene la razón. La perspectiva del liberalismo es: el consumidor siempre tiene la razón. La perspectiva de la izquierda es: yo te voy a decir lo que tienes que consumir. Venga, monto un plan quinquenal. Pero a los dos les falta perspectiva. A la izquierda le falta perspectiva, obviamente —a la izquierda en general, bueno, lo que sea izquierda, a los comunistas desde luego les falta esta perspectiva concretamente—. Y a los liberales les falta la otra.

Entonces, los liberales sí que es cierto que, en el análisis del fetichismo de la mercancía y todo eso, no lo olvidan por completo, pero están subordinando todo su sistema moral, y todo aquello en lo cual rigen su sociedad y su economía, al ser humano, al consumidor. Escoge lo que quiere, independientemente de todo el proceso productivo que viene detrás. Da igual si, para ello, han tenido que matar a unos animales que pueden ser potenciales sujetos de derecho con cierta probabilidad, o si están medio esclavizados niños en la India, incluso aunque eso le haga daño a él.

Aranceles y regulación (salud y medioambiente)

Y aquí viene otra cuestión interesante, que es la de los aranceles y la regulación. Del clima hemos hablado ya un poco. También tiene un asunto aquí que decir en torno a la regulación, pero vamos antes con el tema de los aranceles y la salud.

El comité de salud pública yo quiero aquí. Yo soy un… no sé cómo se diría esto, saludcracia, yo quiero una saludcracia. ¿Cómo es posible que los liberales sean tan incapaces de ver los beneficios que puede tener algo, como lo es promocionar industrias, como lo es la agricultura europeas, locales, y disminuir la influencia potencial, a pesar de su mayor productividad en términos económicos, de la agricultura africana, debido a criterios de salud? Hay ciertos compuestos que ellos asumirían que deben estar prohibidos. A pesar de que, claro, estamos en países distintos y claro, eso implica que tiene que ser mucho más férreo el control de aduanas que el que actualmente es, porque no podemos comprobar lo que se ha hecho allí realmente. Pero incluso asumiendo que eso se hace así, la regulación tendría que ser todavía más fuerte de la que es para que se cumpliera realmente que no estás haciendo un daño perjudicial a las personas por consumir determinados productos ya de alimentación o también industriales.

Este plástico del micrófono, creo, venía un sellito ayer que ponía– porque en California al parecer es por ley obligatorio indicarlo, pone: «cáncer». Claro, compré el micrófono y digo: «Bueno, joder, ¿esto qué coño es? Cáncer directamente». Pues sí, te informan de que eso es potencialmente cancerígeno en alguna dosis y aun así lo he comprado. Lo que se hace con el tabaco: tú puedes no prohibirlo, le das un cierto, una cierta capacidad de responsabilidad a la persona. Bueno, tú sabes que esto es malo, pero lo puedes hacer. Pero es que el problema es que la gente no es consciente de que las cebollas que compra de Senegal, pues puede ser una puta mierda. Porque el hecho de que sean más baratas, pues no necesariamente es por el hecho de que sea más productivo, porque la mano de obra es muy, muy barata, no por otro motivo. No debes, o si no, permitir la venta de esas cebollas aquí en España. Al menos hay que ponerle un impuestazo importante, que es en forma de aranceles. Solamente si hay pruebas de que efectivamente en ese país los criterios de sanidad pueden dejar bastante que desear.

O sea que por ahí yo creo que sería muy lógico, desde luego, incentivar una industria local que sabemos, y esto puede sonar incluso fascista, que ya esta gente, los liberales, pues cualquiera que sea medio de derechas liberal que meta algo de nacionalismo es fascista. Como algunos de Vox, que sí que son exfascistas y lo que sea. Bueno, pues sí, fascismo. Yo quiero aranceles a los productos que sean una mierda objetivamente y que, sin embargo, el consumidor local aquí come a pesar de que es negativo y que podría, si conociera la externalidad negativa que ese producto tiene sobre él, no lo consumiría, pero como no es consciente de ello, lo hace.

Y es que la cuestión es: bueno, pero entonces lo que hay que hacer es informar. Bueno, vale, sí, pero aquí lo que hay que hacer es informar. Esto es como el argumento que dicen los republicanos o, en general, mucha gente de izquierda, estilo Iñigo Errejón: bueno, lo que tiene que hacer la gente es política, la gente tiene que– la vida, no hay distinción entre la vida y lo político, la gente tiene que saber de política, la gente tiene que discutir de política en los bares, tiene que estar informada. Y los liberales le dicen: «Bueno, ¿qué coño? Tú no tienes que estar obligado a saber de política, eso es una mierda, no tienes por qué saberlo. Esto no tiene por qué ser una democracia asambleísta de estas que quiere esta gente».

Bueno, pues igual, ¿cómo la gente va a estar informada acerca de todo lo que les hace daño? Para eso que haya ya un técnico que esté informado y que prevea que la gente va a consumir cosas objetivamente destructivas para ellos y su entorno, y para el medio ambiente ya es otra cuestión, pero también. Y que literalmente se prohíban o se le ponga un impuestazo igual que al tabaco, y la pegatina, y luego otro, vamos, que esté regulado al fin y al cabo. Pero pues supongo que a los liberales les parecerá aberrante que no se puedan publicitar alcoholes y tabacos y cosas así, que haya esa pegatinita.

Igual que el otro día me encontré a uno de los inversores que yo escucho, Gustavo Martínez. Me llamó la atención, la verdad. Estaba ahí en una mesa redonda de debate y cogió una botella de agua y dice: «Es que si hago por esto me da asco de vivir, ¿no? Por la regulación europea esta de que a las botellas no se les puede quitar el tapón entero». Bueno, tío, pero vamos a ver, ¿tú eres experto en cambio climático? Vale, yo no lo soy, pero tampoco, como Emmanuel llamas ese que se cree, yo no sé qué se cree. Claro que no se puede tomar el consenso científico de ciertos científicos que a lo mejor ni siquiera hay consenso.

Hay mucha palabrería y muchos intereses estúpidos detrás del cambio climático. Pero aunque sea, hay que asociarle un grado de probabilidad a eso. Yo lo que veo es que a los impuestos habría que asociarles un cierto cálculo probabilístico, claro, obviamente aproximado, pero igual que hacer todas las estimaciones económicas aproximadas de los economistas, un cálculo de cuál es la probabilidad de que eso de verdad tenga un impacto importante sobre, por ejemplo, el medio ambiente, porque en última instancia eso tiene un impacto en la vida de las personas.

Entonces, ¿cómo es posible que simplemente esto sea un problema de los liberales? Ya se pasan al lado contrario de «venga, sí, desregular lo que sea desregulable». Por ejemplo, en el mercado de trabajo hay muchas cosas desregulables, pero en temas de medio ambiente, de cosas elementales de contaminación por las cuales ya no deberíamos volver a pasar, ¿cómo vas a decir que estás amargado, que te amarga la vida el tapón de la botella, cuando tú no tienes ni idea? A lo mejor eso tiene un impacto tremendo.

Bien, y al final, he comentado, no he mirado ni siquiera el guion, esto era al fin y al cabo lo más importante sobre el tema este de sujetos de derecho e impuestos pigouvianos. He tratado un tema de forma…

Inmigración, viejos y jóvenes

Realmente no lo hemos tratado. Vamos a abrir un poco ese melón, porque hay asuntos sociales que los liberales tratan bastante también, porque esto sí que ya es una crítica ridícula por parte de las redes sociales: esta gente no tiene alma, esta gente…

Los liberales yo sí considero que son gente muy preocupada por cuestiones sociales que los otros no tratan. Por ejemplo, nuestro gobierno, como lo es la vivienda, incluso la jubilación, porque los otros gobiernos son siempre insensatos. La situación económica de la juventud y la inmigración.

Esto último no lo voy a tratar, el tema de la inmigración, porque no tengo ni idea de qué es lo que se supone que proponen los liberales, porque creo que proponen muy poco. Realmente es un tema importantísimo acerca del cual yo no sé, hablan extremadamente poco, extremadamente poco. Y es un tema social de primer orden, que además implica soluciones estatales. Sí o sí va a implicarlo, en tanto que la mano de obra que venga de países peores que nosotros económicamente va a estar, en muchos casos —digo, no todos evidentemente—, en una situación… De Latinoamérica viene gente muy formada, muy formada, pero, por ejemplo, de Marruecos pues no tanto en general.

Y eso es un asunto social que hay que tratar, porque además es importante en la estructura productiva cómo se integran estas personas. Posiblemente sea muy deseable que estas personas se integren, incluso ciertos ilegales, pero hay que hacerlo bien. Y no parece que ni nuestro Estado actualmente lo esté haciendo muy bien, aunque creo que los liberales, si estuvieran en el Estado, lo harían incluso peor.

Hecho ese comentario, en torno a la jubilación tampoco voy a comentar más, porque me parece aberrante que estemos haciendo predicciones a 2050, 2070, sin considerar el apartado de la inteligencia artificial. Yo no soy economista, pero esta gente que calcule un poco, que tenga un poco más en cuenta estas cosas. Que asocien una probabilidad, joder, igual que yo asocio una probabilidad: oye, me voy a quedar sin empleo, pues quizá va siendo hora de dedicarme un poco más a YouTube, que si no, como matemático me van a querer poco.

El otro asunto es el tema de la juventud, que efectivamente, como dice Juan Ramón Rallo, por ejemplo, es el mismo tema que el de la jubilación, porque en esta sociedad, al menos en España, le hemos puesto un peso extremo de la balanza a los jóvenes frente a los jubilados, a los cuales les damos todo. Y está en una situación cada vez más distanciada de la realidad de los jóvenes, a pesar de que hay que asumir que efectivamente la realidad de los jóvenes ha cambiado mucho y hoy en día la gente estudia mucho más que en los años setenta, ochenta.

Entonces, evidentemente no puede ser la renta de una persona de treinta años la misma ahora que… el patrimonio, perdón —bueno, que también la renta—, pero el patrimonio de una persona de treinta años ahora que en el año 2000 no puede serlo. Pero tampoco se trata solo de eso, que es lo que ha ocurrido: si uno ve las gráficas, se ha desplomado realmente a unos niveles que todavía sobredimensionan más este problema, y que las personas de cincuenta, sesenta, setenta años concentran toda la riqueza del país, y el Gobierno lo único que hace es privilegiarles aún más por el peso electoral que tienen.

Entonces, este análisis yo creo que, al margen de esa cuestión que se menciona menos de lo que se debería, de los cambios sociales inevitables, es más o menos un análisis adecuado, incorpora el tema de

Vivienda: luces y sombras de las propuestas liberales

La vivienda, porque efectivamente vivimos en una sociedad española con alta cantidad de población que tiene una vivienda en propiedad, pero se concentra en los mayores. Entonces, lo que parece que tenemos es una sociedad de rentistas mayores y los jóvenes que tienen una tasa de alquiler casi total, debido a la reducción relativa en relación a la cantidad de personas que viene cada año, una reducción de la oferta. De hecho, se plantea una y otra vez siempre los mismos términos, siempre te lo presentan como si fuera muy novedoso, las mismas soluciones por parte de los liberales de hay que aumentar la oferta. Y sí, obviamente es, por definición, el problema. Aumenta la demanda y la oferta está estancada o aumenta muy poco, pues ese es el problema de los precios, sí, pero es que hay matices. Y esos matices muchas veces se explican desde esta posición liberal con muchos descuidos, vamos a dejarlo ahí.

Entonces, igual que el problema que dijimos antes de los monopolios, de los fallos de mercado, de ciertos monopolios digitales, también es un problema en el caso del lugar físico que tiene una empresa, que no puede ser sustituido por otro. En un pueblo con una sola peluquería, un pueblo de trescientos habitantes, por mucho que quisieras hacer la competencia de montar la peluquería y bajar los precios para derrocar a la otra y que cierre, la inversión que hay que hacer a corto plazo es tan elevada que no compensa y, por tanto, esa misma peluquería tiene allí un monopolio de facto físico, porque físicamente es la única que está allí. No compite una peluquería de Afganistán con la del pueblo de Cañada Real León. Pues igualmente, la vivienda que se construye en las afueras de Madrid no compite, evidentemente, con la que está en el centro de Madrid.

Y en el centro de Madrid hay ciertas tendencias sociales que puede ser conveniente tratar, atajar: no solamente metiendo a toda la población que no se lo puede permitir en las afueras y a los que sí se lo pueden permitir, que son gente del extranjero, que pueden incluso teletrabajar, meterlos en el centro e ir gentrificando la ciudad y convirtiéndola en lo que de hecho se están convirtiendo, aunque más lento de lo que parece, porque todavía hasta que esto termine de consumarse queda tiempo, y cuando se haya consumado será una aberración seguramente. Y aquí también me pondré nacionalista con todo eso.

¿Por qué puede ser un problema que los propios locales que vivían en una cierta zona de alquiler, por ejemplo, ya no puedan permitirse ese alquiler y tengan que irse en pro de que llegue gente con mayor poder adquisitivo extranjero? Se puede decir bueno, vamos a ver, el porcentaje de propiedades que están en manos de los extranjeros es baja. Sí, es baja, pero la presión al alza del poder adquisitivo de esas personas está sobredimensionada en relación al porcentaje de número de viviendas que tiene. Hay un segmento de vivienda, digamos, que antes a lo mejor podía estar por ciento cincuenta mil euros, que ahora mismo se ha disparado a trescientos cincuenta mil, cuatrocientos mil, que buena parte de la población española, por decir el ochenta por ciento, no se puede permitir ni de coña porque no tiene una financiación de esas características, pero que en el margen ha alcanzado esos precios única y exclusivamente por la población extranjera, porque no es explicable en base a criterios únicamente de la población local.

E independientemente de lo que pueda verse quizá en algunas estadísticas, eso es muy claro viendo el comportamiento de ciudades que atraen más o menos gente del extranjero. Por ejemplo, aquí en Andalucía, yo vivo en Sevilla, y no tiene absolutamente nada que ver el encarecimiento de la vivienda en Sevilla los últimos años en relación al de Málaga. ¿Motivo? Pues no lo sé. No creo que sea, aunque es verdad que se ha construido más aquí, lo cual le da la razón a esta gente. No creo que sea únicamente por eso, sino que la geografía importa en esto.

En cualquier caso, ¿qué problema digo yo que pueda tener ese desplazamiento de población local a las afueras y gente que llega, digamos, que no está arraigada en el sitio, pero puede automáticamente comprar una casa, un piso en el centro de las ciudades? Y es que hay algo que también le gusta mucho a ciertos liberales: redes de dependencia, redes de ayuda mutua, familiares, que es verdad que el Estado cada vez ha ido tendiendo a erradicar debido al estado del bienestar o bienestar del Estado, y esas redes requieren cierta cercanía, punto. Entonces, esas redes no pueden establecerse cuando las personas tienen que separarse por motivos económicos.

Ya, y quizás si externamente impusiéramos de nuevo un impuesto pigouviano a ese problema que puede tener, que puede comportar. Claro, es muy complicado medir todo lo que estoy diciendo matemáticamente, económicamente, sí, pero objetivamente genera un problema que incluso es de carácter económico. Esa gente necesita una existencia de otro tipo que a lo mejor va a requerir de la Seguridad Social, por ejemplo, porque ya no la tiene debido a que en su barrio vivía una familia, varias familias, y todas han tenido que disgregarse, y eso genera problemas de la cohesión de esa familia, de esa unidad familiar en sentido extenso.

Eso puede importar de cara a ver si es lógico o no subir de impuestos al que compra de fuera, por ejemplo, extracomunitario, como se acaba de hacer, por el hecho de que esa persona no tiene arraigo todavía en la zona y quizá debería pagar un peaje por romper aquella cohesión ya establecida. Además del impacto que tiene sobre el tejido urbano en términos de tiendas, comercios, etcétera, en ciertas zonas que se pueden convertir, reconvertir masivamente en alquileres turísticos e incrementar incluso inseguridad, incrementar externalidades negativas de todo tipo, molestia, desde luego, a los vecinos. ¿Cómo no se va a aumentar una tasa turística por externalidades negativas?

Juan Ramón Rallo siempre ahora contra el Ayuntamiento de Madrid. El Ayuntamiento de Madrid nos gustará más o menos, ha prohibido que se puedan emitir o algo así, yo lo he escuchado de él, a saber, ya es de terceras, pero licencias turísticas a pisos que no sean de bloque entero. Entonces, para alquilar a turistas tiene que ser un bloque entero, a partir de las nuevas licencias. Y él dice: «Bueno, pero vamos a ver esto». Sí, quizá esa prohibición quizás no tiene sentido, pero desde luego que si queremos evitar que esa sea la solución a la que al final se acaba llegando y que eso beneficie a los grandes propietarios, etcétera, a los que alquilen en un bloque de apartamentos habitual, además de que evidentemente el bloque de apartamentos puede aceptarlo o no aceptarlo, pero se le podría añadir un impuestazo, una tasa turística, como de hecho también critican esta gente, una tasa turística por esa externalidad negativa de un tío emborrachándose en la puerta y vomitando. Y tú te lo tienes que limpiar al turista inglés.

Y esto, son cuestiones que así volcadas son como anecdóticas. La típica crítica del comunista de Twitter, que no tiene ni idea y que yo me estoy haciendo eco de ellas, este tipo de críticas. Pero es que a veces este tipo de críticas sí que son necesarias, porque desde la torre marfilista del que solamente analiza… Es que ni siquiera es analizar, es que eso no es analizar. Decir: «Esta medida lo único que va a hacer es que las grandes corporaciones, los grandes tenedores de vivienda van a acaparar todavía más la vivienda turística y todos los demás se van a joder». Bueno, sí, sí, eso es lo que seguramente sea lo que ocurra, eso no hay que dudarlo. Pero también el motivo por el cual se hace no es únicamente ese, y esta gente realmente no tiene ni idea, que puede ser que no tenga ni idea, pero quizás hay un problema subyacente que tú desde luego no estás teniendo para nada en cuenta.

Igual que por ejemplo, en 2014, 2015, tú puedes decir: «Venga, vale, la propiedad privada es lo primero, los desahucios pues tienen sentido en una sociedad en la cual hay que defender esa propiedad privada, y el que no pague, pues mira, que se busque la vida». Pero es que si hay un problema social latente que lo que va a hacer es estallar, que podría haber estallado todavía peor que Podemos, podría ser mucho peor si sí que hubieran llegado al poder, que hubiera salido de la Unión Europea o lo que sea. O sea, pudiendo evitar un desastre mayor de esas características simplemente asumiendo ciertos compromisos con respecto a este tipo de problemas sociales. Desahucio. O sea, cómo es posible que solamente la propiedad… Vale, sí, la propiedad privada, si se rompe el consenso de que la propiedad privada hay que defenderla, podemos incurrir en problemas sistemáticos a la economía, muy malas tendencias y demás, y no se puede tener una mano tan blanda, ok, sí.

Pero en el momento en que eso afecta a la vida o no vida de esa persona en la calle, porque sí que realmente no tiene, claro, la justificación de eso pues puede ser variopinta, al menos hay que darle una solución. Si esa solución no pasa por el libre mercado, porque esta gente literalmente no tiene nada, porque entre otras cosas incurrió España en una burbuja especulativa inmobiliaria. No porque hubiera libre mercado, porque bueno, no necesariamente por eso. Pero la cosa es que con el apalancamiento del sector privado, por la falta de información que tienen, y porque las dinámicas burbujísticas y especulativas no se pueden únicamente corregir por el puro libre mercado, desgraciadamente. Simplemente le bajas un poco los tipos de interés a los españoles, porque a los alemanes se los ha querido bajar, pues porque su economía va mal, y ahora recalientas la economía española y ya.

Venga, sí, la culpa es del Banco Central Europeo y ya está. Mira, tío, la culpa no solo es del Banco Central Europeo, la culpa es de que el activo en el que tú te apalancas también tiene implicaciones vitales tan importantes como lo es dónde vas a llevar a cabo tu vida. Ese apalancamiento implica psicológicamente —y eso también lo tienen muy en cuenta los inversores— ideas como me voy a hacer muy rico por el hecho de comprar esta casa y dentro de dos años venderla e irme a otra, y entras en esa dinámica.

Eso es una cosa psicológica. El problema principal ahí no es que el Banco Central bajara los tipos de interés, que puede ser que no hubiera ocurrido de tal manera. Quizá en una desregulación sistemática sería todavía peor. Y por supuesto también esto de la regulación urbanística.

Sí, que por supuesto ha sido una mafia la forma en que los municipios han administrado todo esto desde siempre en España, pero desregular masivamente, incluso construyendo en terrenos que técnicamente no son edificables y peligrosos, pues podemos acabar como con la DANA, ¿no? Que no digo que esto sea un hombre de paja, un muñeco de paja. No digo que esto sea lo que defiendan los liberales, que se construya en cualquier sitio, sino que tiene que ser más genérico que ahora. Pero tampoco la desregulación necesariamente lo soluciona todo, especialmente cuando hay de por medio también cuestiones que afectan a dinámicas sociales más amplias, como lo son las de la vida en una casa, el derecho a un hogar, ¿no?

Una solución que se suele proponer es, para aumentar la oferta, construir de forma más vertical, de forma más densa, ¿no? Que cuando uno ve los planes de los nuevos barrios de Madrid ahora, pues tiene una densidad muy baja. Bloques de tres plantas, muchos parques, todo eso. Puede ser que tenga sentido, pero debe ser avalado realmente por perfiles científicos, técnicos, no solamente economistas, por Dios. ¿Por qué? De nuevo, problemas sociales puede generar la densificación extrema en ciertas partes de la ciudad, problemas de salud, desde luego medioambientales, en la ciudad de cara a la salud.

Y uno puede decir: bueno, pero si están dispuestos a pagarlo es porque la salud no les importa tanto, por ejemplo, ¿no? Uno construye solo torres y no deja lugar para árboles y que sea todo coches y construir vertical, ¿no? Que también se dice, bueno, también es verdad que construir en vertical, en cierto sentido, es más ecológico que construir en horizontal, porque hay menos uso de transporte. Pero también conlleva el problema de que si uno sobredensifica demasiado una determinada zona y no pone zonas verdes, pues en esa zona, aunque en cómputo general sea mejor que construir en horizontal, para la gente que allí vive tiene un ambiente poluido como la mierda, ¿no?

Uno puede decir: «Bueno, pero si están dispuestos a pagarlo, pues que se jodan, ¿no? Venga, que pagan menos y a cambio pues se jode la salud y ya está, ¿no? Que las ciudades sean una basura. Esté construido todo así, que sea todo un armazón gigante, ¿no? Y no haya ni calles, ¿no? Para que vivan la cantidad máxima de gente posible». Pero de nuevo, aquí estamos como en el caso de antes de las cebollas de Senegal. Uno puede permitir que vengan las cebollas de Senegal y que las cebollas de Senegal estén a ese precio reducido y la gente las compra aun sabiendo o no sabiendo que eso les puede perjudicar desde un punto de vista de la salud. Pero en el momento en que esto lo analicemos como un caso de externalidad negativa —oye, estas cebollas de Senegal tú no lo sabes, pero te están jodiendo la salud— o la cebolla de Senegal o estos bloques, esta configuración municipal, esta configuración urbanística no es propicia para la vida humana tal y cual la concebimos en el siglo XXI con nuestros niveles de vida.

Quizás sea preferible el coste de oportunidad de que no viva toda la gente que querría vivir en esas zonas. Además, hoy existiendo el teletrabajo, esto se puede complicar todavía más. Pero no permitir esto porque a cambio podría ser muchísimo mayor el coste que tiene a medio plazo o a largo plazo, incluso económico, por el coste de externalidades negativas en la vida de las personas, una forma tal de construir.

Esto es una crítica muy sui generis que puede ser errónea o todo lo que uno quiera, ¿no? Porque al final uno puede decir que en Nueva York, en Manhattan, puedes respirar un ambiente más saludable y vivir mucho mejor que en un pueblo perdido de la mano de Dios en el que solo hay arbolitos. En cualquier caso, hay que analizar estas cosas. Es verdad que por criterios estéticos, construir bajo en una ciudad como Madrid pues parece bastante estúpido. Y ahí no seré yo quien defienda al regulador municipal. Pero si hay motivos científicos, ambientales o de construcción, por el tipo de terreno, pues quizá no haya simplemente que decir: «No, esto hay que construir alto». Quizá haya algo más detrás de eso, ¿no?

Cierre

Evidentemente, como habéis visto, esto ha sido todo muy particular, muy mío, mi forma de concebir las cosas. Y no es para nada una discusión rigurosa ni técnica como tal, me defiendo, en el sentido de que si aquí alguien esperaba esa precisión del que está detrás de Twitter con los datos en el móvil y con uno leyendo, pues evidentemente no. No soy economista, no soy como esta gente, y sé poco, pero sé lo suficiente, creo yo, como para que al menos en ciertas cosas no me la cuelen tanto. Y otros ya que son la hostia, no voy a criticarles. Quizá haya alguna oportunidad de, si esto lo ve alguien, hacer un análisis de lo bueno y lo malo de algunos de estos canales, que yo los sigo, los sigo siguiendo, de nuevo, igual que Ernesto Castro, a pesar de todo, cuando hizo esa crítica al materialismo filosófico de Gustavo Bueno con toda la mierda que rebosaba allí. Ahí él hizo un perfil un poquito también más personal, porque los conocía y sabía, ahí en México, y sabía que aquello era una mierda y que todo lo que estaban vendiendo era una estafa. Yo evidentemente no le imprimo ese carácter, pues porque yo no tengo ni idea, no conozco a nadie, ni he conocido esos ambientes. No he ido nunca al Instituto Juan de Mariana ni nada así.

Y soy consciente además de lo difícil que es. Esta gente son gente preparada, y cuando fue el propio Ernesto Castro a debatir contra Juan Ramón Rallo se come una mierda, le hizo el patético totalmente. Y en general, si tienes a gente como Eduardo Garzón, pues bueno. Aunque el otro día escuché una cosa de Eduardo Garzón, sobre datos del consumo en Argentina, que me parecía hasta salvable, y Juan Ramón Rallo también se cae algunas cosas, pero es que siendo economista no se puede hablar así. Que yo hable así, vale, pero es que un economista, un doctor en economía, en fin. Entonces, no me puedo separar tampoco de esta gente por completo. Sigo considerando que una política económica de izquierdas es muchísimo peor, al menos las actuales, y que la socialdemocracia, tal y como es ahora en España o en Francia o en Alemania, es peor que lo que esta gente pregona, yo creo, en muchas cosas. Creo que mucho mejor es lo que pueda hacer Javier Milei que lo que pueda hacer, yo qué sé, un Lula da Silva, o ni hablemos ya de un comunista potente.

Pero habida cuenta de los cambios sociales que se vienen, que están en ciernes, y de que esta gente realmente también son bastante tramposos y no tienen en cuenta muchas cosas y asumen ciertos principios a partir de los cuales se podrían deducir muchas otras cosas, pero por practicismo metodológico cogen uno y no cogen el otro. Al final poner esas barreras es complicado, y al final se trata de que si hay algo riguroso, quizás sea el anarcocapitalismo en un marco teórico, porque cosas como el tema de la defensa, no sé, Miguel Ángel Bastos, que con su bibliografía se defienda, pero esa bibliografía yo creo que vale menos que el papel higiénico, la verdad. Y el libertarismo sí coge esos principios. ¿Y qué pasa? Pues, como muy bien le critican los anarcocapitalistas, es que a partir de esos principios llegas a absurdos, y al final lo que tienes que hacer es una selección de cosas así, más o menos intuitivas, que puedan ser metidas en el cajón del liberalismo y ya está. Que es lo que hace Juan Ramón en los libros que tiene.

Por cierto, que el libro que tiene sobre la renta básica yo no lo he leído. Solamente leí dos de Juan Ramón, cuando tenía catorce años, fue el primer libro de economía que leí, «Cinco lecciones». Pero el libro de la renta básica, que no lo he leído, lo he descargado para ver si dice algo de inteligencia artificial. Yo al menos he hecho control F, he puesto «inteligencia» y he puesto «artificial», y no sale nada relacionado con eso. Es decir, me sorprende bastante que en un ensayo que además parece bastante riguroso y potente no se hable de inteligencia artificial en relación a la renta básica, que es seguramente el tema, teniendo en cuenta que este libro fue escrito en 2016, 2017. No existía ChatGPT, pero la inteligencia artificial iba a llegar. Entonces, es verdad que yo era completamente escéptico con respecto al impacto laboral de eso por aquel entonces. Pero yo soy yo con catorce años, y otros son los economistas, a ver dónde se quedan cuando todo esto empiece a cambiar. Que a lo mejor no cambia. Pues que no cambie.

Nos vemos. Esto yo creo que ha sido ya todo, la verdad. Espero que os haya gustado el formato un poco, y a ver si alguien ve esto.

Suscripción.

Si le interesan estas entradas, puede recibir cada una en un correo individualmente. Se deja cuando se quiere, desde el propio mensaje.


¿Quieres compartirlo?