Es difícil asumir el salto radical en capacidades habido entre Claude Opus 4 y Claude Opus 5.5. Es también difícil asumir el salto esperable el próximo año.
Cualquiera —versado o no versado en las artes de la programación— que haya experimentado con varias decenas de agentes en paralelo comienza a vislumbrar qué tipo de relación con el trabajo intelectual-técnico y científico parece que tomará el relevo de lo que hasta ahora, de manera aproximadamente uniforme durante décadas, conocíamos como tal.
Para quien aún no lo haya experimentado, acaso pueda ser de conveniencia el siguiente pódcast, que, al menos en mi caso, resume bien lo general de la sensación —en ese aspecto concreto—.
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